Matrimonios y relaciones sentimentales en la pantalla grande

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La complejidad de las relaciones entre dos personas es proporcional a la cantidad y la calidad de la información que se comparte con la pareja, porque a menor cantidad de datos sobre el otro, aumentan las posibilidades de los desencuentros y las crisis que suelen acumularse en sus interiores para hacer erupción un día u otro de manera catastrófica, como si fuéramos volcanes.

Lo que puede considerarse desde uno de los integrantes del binomio como un problema menor, puede no serlo si consultamos al otro, por lo tanto, es un lugar común en los conflictos matrimoniales no darle la importancia que tienen esos pequeños desajustes para la salud emocional de la relación.

Otro error común es cargarle el dado a quien cometió el error, machacando el mismo punto una y otra vez, aunque no venga a cuento. Un matrimonio no es un juego de basquetbol donde los participantes acumulan faltas hasta llegar a un límite en que son sacados del partido.

La cantidad y la calidad de los aportes de cada cónyuge no son medibles con métodos científicos, y mucho menos al ojo por ciento. Es pues necesario despojarse de falsos sentidos de heroísmo para no caer en las reclamaciones a las que muy poéticamente alude Víctor Manuel en su famosa canción Quien Puso Más: “¿Quien puso más que incline la balanza / quién puso más amor, ternura y comprensión?”

El cine ha tratado este tema una enorme cantidad de veces con el acierto y el concurso de grandes directores como Richard Brooks en La Gata Sobre el Tejado Caliente -Cat on a Hot Tin Roof (1958), Mike Nichols en El Graduado -The Graduate- (1967), y Alexander Payne en Entre Copas -Sideways (2004).

En La Gata Sobre el Tejado Caliente – Cat on a Hot Tin Roof – Richard Brooks adaptó de una obra de teatro de Tennesse Williams, aquella historia donde Maggie (Elizabeth Taylor) y Brick (Paul Newman) se desenvuelven en un matrimonio que parece más una feroz batalla dentro de una guerra que no tiene fin. Brick y Maggie se enzarzan en un rosario de recriminaciones mutuas pues han llegado a la etapa donde solo se busca hacerse el mayor daño posible el uno al otro porque el cariño que una vez existió ha hecho metástasis y queda la parte dolorosa de unos sentimientos que a la distancia parecen un espejismo.

Paul Newman y Liz Taylor erigen con sus soberbias actuaciones un monumento al desamor, y ya no sabemos si la culpa es la negativa de Brick a tener hijos con Maggie, su alcoholismo, o si en verdad se han dado cuenta de que sus cordiales relaciones en un matrimonio por conveniencia no lo son todo y han decidido terminarlo como debe finalizar toda relación con bases endebles, disparándose a matar.

El ríspido lenguaje, la desnudez de la hipocresía matrimonial, el aire de confrontación traspasó las barreras de la dura censura de la época y convirtió a La Gata Sobre el Tejado Caliente en un clásico, por la calidad de su factura y la perennidad del tema.

En El Graduado, basado en la novela de Charles Webb, el renombrado director Mike Nichols aborda la relación entre la Señora Robinson, una mujer casada y el recién graduado Benjamín seducido con malicia por las artes amatorias de esta voluptuosa hija de Venus.

Dustin Hoffman (Benjamín) y Ann Bancroft (la Señora Robinson) se enzarzan en una relación sexual escandalosa, no solo para esa época sino para hoy, tomando en cuenta que Benjamín se interesa más tarde por Elaine, hija de la Señora Robinson, un triángulo a la mayor gloria del gran libertino Marqués de Sade.

Lo que tenemos aquí es la relación entre un recién llegado a las relaciones sexuales (Benjamín) y una mujer casada e insatisfecha, tanto como para cruzar los limites estrechos de una sociedad mojigata y seducir al vástago de una pareja amiga que termina interesado en su hija, lo que no es poco.

La Señora Robinson es una mujer de mediana edad que salió embarazada sin planearlo y se involucró en un matrimonio sin amor, una pesada loza para cualquiera, porque casarse implica echarse unas pesadas responsabilidades encima que son aliviadas por el amor de la pareja, y si esto último no existe, asistimos a la travesía de dos caminantes solitarios por unos parajes yermos.

Sideways -Entre Copas -, la aclamada película de Alexander Payne que adapta la novela de Rex Pickett, nos habla del viaje de dos cuarentones a un pueblo en la zona vinícola de California. Ellos son Miles (Paul Giamatti) y Jack Cole (Thomas Haden Church). Este último va a contraer matrimonio y está buscando los últimos placeres carnales antes de casarse.

Sideways es en parte una road-movie, la historia de un depredador sexual (Jack), un sabroso itinerario vinícola, y el complejo retrato de Miles, un divorciado con traumas, novelista y gran catador de vinos, quien a su mediana edad, carga con grandes complejos y frustraciones.

Miles (Paul Giamatti) aún no supera el divorcio con su esposa ni el fracaso de la publicación de su novela, y para completar, recibe la doble noticia del embarazo de su ex quien se volverá a casar, un coctel con una graduación muy alta para este aficionado a los vinos.

El deprimido escritor logra entablar un atisbo de relación con Maya (Virginia Madsen), una camarera que le devuelve una cierta ilusión a este pesimista impenitente que ha tardado una eternidad para superar el fin de su relación matrimonial.

Sideways analiza y retrata con una media sonrisa ese tránsito largo y difícil para superar el término de una relación afectiva unida por vínculos matrimoniales, el corte de ese cordón umbilical que une a dos seres, y que como toda obra humana debe terminar de alguna manera.

El matrimonio en nuestra época es una institución que soporta los embates de la modernización en las relaciones, el cambio del clima laboral y la visión de la pareja, no como garante de la reproducción o la estabilidad social, sino más bien en los senderos del respeto de las afectividades particulares.

Los cambios en los paradigmas existenciales envuelven a la narrativa cinematográfica en una redefinición de los roles. El matrimonio en las películas actuales es el reflejo de esas transformaciones que deconstruyen las estructuras de lo que una vez fue y enmarcan nuestro estado de cosas.

El cine ha sido un vehículo audiovisual de lujo para mostrar la trayectoria histórica de los cambios en las relaciones sentimentales y el concepto del matrimonio, las cuales nunca han sido tan pacíficas ni estables como nos han hecho creer. Muchos de los filmes que tratan el tema nos lo demuestran.

 

Publicado en La Vanguardia del Pueblo