El Gatopardo, otra vez en la Sala Lugones

0
14

Vuelve El gatopardo, de Luchino Visconti
Exclusivo en la Sala Leopoldo Lugones, versión restaurada

A raíz del éxito de público de las proyecciones originales, que culminaron entradas agotadas, el Complejo Teatral de Buenos Aires y la Fundación Cinemateca Argentina vuelven a presentar en la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín (Avda. Corrientes 1530) la versión restaurada de El gatopardo, la obra maestra de 1963 de Luchino Visconti. Serán seis únicas funciones, los días viernes 18, sábado 19 y domingo 20 de septiembre, a las 14.30 y 19.30 horas.

Ganadora de la Palma de Oro en el Festival de Cannes de 1963, la adaptación de la novela de Giuseppe Tomasi di Lampedusa se transformaría en uno de los grandes clásicos del cine italiano de los años 60, un relato al mismo tiempo épico e íntimo que describe las transformaciones de la sociedad italiana a partir de la decadencia de su aristocracia en pleno período del Risorgimento. Restaurada con el auspicio de Martin Scorsese y su Film Foundation a partir del negativo original en formato Technirama, El gatopardo vuelve a presentarse con su paleta original de colores y su duración original de 183 minutos.

El gatopardo (Il gatopardo)
Seis únicas funciones

Viernes 18, sábado 19 y domingo 20 de septiembre
a las 14.30 y 19.30 horas

“El Tiempo es el protagonista de El gatopardo: la escala cósmica del tiempo, de los siglos y las épocas, sobre las cuales el príncipe cavila; el tiempo siciliano, en el cual los días y noches se estiran hasta el infinito; y el tiempo aristocrático, en el que nada es apurado y todo ocurre tal cual debería ocurrir, como si siempre hubiera ocurrido. Los paisajes, los extraordinarios escenarios con sus objetos y diseños cuidadosamente seleccionados, los vestuarios, las ceremonias y los rituales, todo puesto al servicio de hacer más profundo nuestro sentido del tiempo y de los cambios a gran escala. El film concluye con una secuencia de un baile de una hora de duración durante la cual el espectador puede sentir, a través de los ojos del príncipe, todo un estilo de vida, que Visconti conocía muy bien. (…) Podría seguir hablando sobre El gatopardo durante horas y horas. Es una película que, en lo personal, se ha convertido en algo más y más importante con el correr de los años”. (Martin Scorsese).

“Es increíble comprobar cómo en este medio siglo que ha pasado, desde que obtuvo la Palma de Oro del Festival de Cannes, la versión de Luchino Visconti de la novela de Giuseppe Tomasi di Lampedusa no ha perdido nada de su dimensión política ni de su belleza formal. Protagonizada por Burt Lancaster (en el que probablemente sea su mejor actuación) como el Príncipe di Salina, un señor feudal siciliano hacia 1860, cuando se produce la revolución popular garibaldina, la enorme película de Visconti sigue siendo un análisis tan lúcido como impiadoso de la manera en que la aristocracia terrateniente permitió el ascenso al poder de las emergentes clases medias para asegurarse sus privilegios. ‘Algo tiene que cambiar para que nada cambie’, reflexiona el feroz Salina, una frase que, primero a través de la novela de Lampedusa y luego en el film de Visconti, acuñó para siempre el término ‘gatopardismo’. La boda de su noble sobrino Tancredi (Alain Delon) con la plebeya Angelica (Claudia Cardinale en su plenitud) será la maquiavélica consumación de esta estrategia política. ‘Somos un pueblo hecho de compromisos’, susurra Salina en uno de los grandes momentos íntimos, confesionales, de una película épica y política como ya nadie hace ni podría hacer, que fue posible gracias al talento de Visconti, pero también al tesón del padrone de la productora Titanus, Goffredo Lombardo, ‘l’ultimo gattopardo’, que llegó a poner en riesgo la salud económica de la empresa familiar con tal de concretar el que sigue siendo el capolavoro de la compañía” (Luciano Monteagudo en Página/12).

“…Visconti llega a la misma conclusión que Lampedusa: ‘En aquella época habrían ocurrido muchas cosas, pero todo habría sido una comedia; una comedia ruidosa y romántica con algunas pequeñas manchas de sangre sobre el ropaje bufonesco’. Las pequeñas manchas de sangre cobran proporciones dramáticas al final del film: el fusilamiento al amanecer –después del gran baile— de los soldados que habían desertado del ejército real para seguir a Garibaldi. ‘Ahora podemos estar tranquilos’, comenta Calogero Sedara, el nuevo rico que acabará por ser diputado en el Parlamento. ‘Si queremos que todo quede como está, es necesario que todo cambie´: es el leitmotiv de Lampedusa y del film. La revolución traicionada, Garibaldi herido en Aspromonte y fuera de combate. Al canto fúnebre de la nobleza borbónica –que aun en la coyuntura social conserva sus privilegios (las secuencias bellísimas, estupendas, del baile)–, se opone una imagen de la crisis del Risorgimento: precisamente los fusilamientos ordenados contra quienes querían llevar hasta el fondo el movimiento de una libertad efectiva, que fuera rescate y progreso social, justicia, eliminación de la miseria.
El Risorgimento fue una conquista real y no popular, reafirma Visconti siguiendo a historiadores como Smith y a novelistas como Pirandello y Verga, De Roberto y el propio Lampedusa. Pero sin la perspectiva histórica de Livia (1954) que, con fuerza polémica y civil, ponía de relieve no sólo los límites sino además los valores del movimiento: la nueva conciencia que, en el pasaje de los ‘gatopardos’ a los ‘chacales’ o, mejor, en el siniestro entendimiento entre ambos, venía cobrando cuerpo en una parte de los italianos. Aquí, en cambio, Visconti ve en el Risorgimento un fenómeno inútil y por completo negativo, una completa bancarrota…” (Guido Aristarco, en su libro Novela y antinovela, el cine italiano después del neorrealismo).

FICHA TÉCNICA Y ARTÍSTICA

Dirección: Luchino Visconti
Guión: Suso Cecchi D’Amico, Pasquale Festa Campanile, Enrico Medioli, Massimo Franciosa y Luchino Visconti.
Basada en la novela de Giuseppe Tomasi di Lampedusa.
Dirección de fotografía: Giuseppe Rotunno.
Montaje: Mario Serandrei.
Música: Nino Rota.
Dirección de arte: Mario Garbuglia.
Vestuario: Piero Tosi.

Intérpretes:
Burt Lancaster … Don Fabrizio Corber, Príncipe de Salina
Claudia Cardinale … Angelica Sedàra
Alain Delon … Tancredi Falconeri
Paolo Stoppa … Don Calogero Sedàra
Rina Morelli … Maria Stella Corbera, Princesa de Salina
Romolo Valli … Padre Pirrone
Mario Girotti … Conde Cavriaghi
Pierre Clémenti … Francesco Paolo Corbera
Lucilla Morlacchi … Concetta Corbera
Leslie French … Cavaliere Chevelley
Serge Reggiani … Don Ciccio Tumeo

Origen: Italia/Francia
Duración: 183 minutos.