Vivian Maier: la mirada esquiva

0
46

Tenemos que dejar sitio a los demás. Esto es una rueda, te subes y llegas al final, alguien más tiene tu misma oportunidad y ocupa tu lugar, hasta el final, una vez más, siempre igual. Nada nuevo bajo el sol.

- Publicidad -

Durante toda su vida, y estuvo muy cerca de lograr que sea para siempre, la norteamericana, Vivian Maier fue una perfecta desconocida.

Quienes la vieron transitar por las calles de Chicago o de Nueva York, sí repararon en ella, la pudieron considerar como el epitome de la intrascendencia. Nada en ella era destacable o si, como por ejemplo su altura, que pasaba por mucho la media de las mujeres de entonces, la absoluta falta de coquetería, sus modos rudos, casi salvajes, con los que pudo haber espantado a cualquiera que intentara acercarse. O pudo haber llamado la atención por la Rolleiflex, que como una penitente, llevaba siempre colgado de su cuello.

Porque ella sacaba fotos, para los pocos que la conocieron, lo habrán tomado como un hobby de solterona, de solitaria, de retraída. Una excentricidad para una mujer que carecía de cualquier atractivo.

Casi con certeza, podríamos afirmar que nadie o un número muy reducido de su inexistente círculo social han visto alguna de las más de ciento cincuenta mil fotos que tomó a lo largo de su vida. La gran mayoría de esas tomas no fueron vistas ni por la propia Vivian, porque solo alcanzó a revelar algunas pocas, la enorme mayoría de sus fotografías iban a ser descubiertas, revelas y afortunadamente conocidas por el mundo dos años después de su muerte.

Vivian Maier murió en abril del 2009 a los 83 años, sola en el cuarto del asilo Oak Park, en Chicago, donde la internaron tras haber resbalado en la nieve, y recibir un fuerte golpe en la cabeza, cuando ya vivía en la calle. Nunca sabremos si se habrá preguntado que iba a ser de los cientos y cientos de rollos que había dejado sin revelar, en sobres de papel, en cajas, en bolsos, en sótanos, garajes y altillos de las casas donde trabajo y si ella misma habrá tenido noción de lo monumentalidad de la obra que había consumado.

Para los muy pocos que la conocieron Vivian fue solo la niñera, quizás algo extraña por el modo de defender su intimidad, por su parquedad y porque nada dejaba trascender de su vida. La primera exigencia que plateaba cuándo alguien la quería contratar, era que su cuarto tendría que si o si tener llave y que su privacidad sería inviolable. Según sabremos después, tampoco era una niñera muy dedicada. Y que los paseos con los niños solo eran una excusa para salir de la casa y dedicarse a fotografiar.

Fue así como cimentó su genial obra, andando por la calle y deteniéndose a fotografías sin pudor todo aquello que considerará fotografiable, olvidando en oportunidades a sus pupilos, que tenían que estar atentos para no ser olvidaos en algún parque o alguna esquina.

Vivian Maier, lo haya sabido o no, no era niñera era una exquisita fotógrafa, ¿autodidacta? Tampoco importa mucho, cualquiera haya sido su maestro lo superó con creces.

Su obra es un profundo estudio antropológico urbano, ver sus fotografías, más allá de la perfección, el cuidado y a la vez la espontaneidad de sus encuadres, nos pone frente a un momento especial de la cultura norteamericana que abarca desde los finales de la Segunda Guerra Mundial y alcanza los principios del siglo XXI. No hubo detalles de ese tiempo que hayan escapado a la discreta mirada de Vivian Maier. Vendedores ambulantes, vidrieras, mudanzas, gente esperando, cruzando una avenida, sentada en un parque. Quizás viviendo una vida como la que careció la propia Vivian.

Como reza el lugar común: el fotógrafo es un cazador solitario y la selva de Vivian Maier fueron las calles de las ciudades que habitó. Escenas comunes o imperceptibles por su cotidianeidad en la lente de Vivian tomaron densidad de fresco, de clásico, de incunable.

Vivian Maier, confió a pies juntillas en aquello de todo es fotografiable, y no desechó cualquier escena que un ojo entrenado hubiera despreciado, pero la subjetividad de Vivian lo convirtieron en arte.
De Mery Poppins a Cartier Bresson

Vivian junto a su madre vivieron en Nueva York junto a la fotógrafa francesa Jeanne Bertrand y quizás este haya sido su primer y el único contacto con la fotografía profesional.

Cerca de los 30 años se mudó a Chicago donde iniciaría su “hobby” y donde comenzó a trabajar de niñera, su medio de vida durante cuarenta años.

La carencia de familia o amigos hacen imposible la posibilidad de una biografía detallada, solo sabremos que trabajó para muchas familias, y que no era a la hora de relacionarse con los niños justamente una Mery Poppins. Osca y esquiva hasta con los niños que debía cuidar, solo le ponía pasión a sus constantes paseos fotográficos.
Aunque llevaba a revelar sus rollos, pocos fueron los que alcanzó a copiar, su obsesión por el anonimato hizo que en las órdenes de revelado usara diferentes nombres, parecía que Vivian preparó su vida para ser absolutamente olvidada.

Y fue por casualidad que su gigantesco talento fuera exhumado del olvido eterno.

En 2007 en búsquedas de viejas fotografías para un libro sobre Chicago el fotógrafo John Maloof, compró 30.000 negativos en un remate por una insignificancia. Sin prestarles mucha atención los archivó y fue bastante tiempo después que los observó con detalle y pudo darse cuenta que esta frente a uno de los descubrimientos artísticos más importante de las últimas décadas y quizás del siglo.

Maloof se obsesionó por la obra de aquella fotógrafa desconocida y trató de reconstruir su vida, lo que hizo solo a grandes trazos, pero lo suficientemente profundos para poder encontrar una personalidad compleja y más llena de misterios que de certezas.

Maloof, con la ayuda de los pocos datos que le dieron en la casa de remate salió a la búsqueda de todo lo que se pudiera conseguir de y sobre Vivian. Para la suerte de la Cultura Universal pudo dar con otro lote de 150.000 negativos, rollos de películas y cámaras antiguas, entre ellas la Rolleiflex, que se ve en tantos de sus autorretratos callejeros.

Maloof en sus s pudo llegar a la familia Gensburgs para quién Vivian había trabajado durante 17 años. Y donde habían quedado muchas de sus películas, solo de color se encontraron más de 600 rollos, además de cartas y otras pertenecías, que ayudaron a descubrir la extraña personalidad de Vivian.

Gracias a su perseverancia Maloof consiguió ir armado la vida de Vivian y seguir dando con más negativos y otras pertenecías para poder descubrir su pasión por los libros de arte y un extraño archivo de recortes de diarios, con un factor común, todos eran sobre asesinatos e historias truculentas. Incluso Vivian siguió el asesinato de una mujer y su pequeño hijo, a tal punto que rodó una pequeña película en Súper 8 sobre el asesinato. Este no sería tampoco su único film se cree que hay casi una docenas de estas películas.

Lo que nos ha dejado además de su gigantesco corpus fotográfico son más misterios que certezas, Maloof dio con grabaciones de charlas que Vivian mantenía con desconocidos, docenas de sombreros, gastados y desparejos pares de zapatos, muchos de ellos de niños, vestidos, abrigos, extremadamente usados que por alguna razón no quería abandonar. Además: facturas, recibos, billetes de tren, entradas de cine, tubos de rollo de película donde guardaba dientes de los niños, monedas, botones o escudos de solapas con consignas políticas; cartas cuidadosamente guardadas en sus sobres de origen y otras que jamás abrió. Y más cajas y los bolsos llenos de los truculentos recortes y periódicos enteros, siempre que tuvieran titulares de crímenes, violaciones, raptos, extraños asesinatos y todo tipo de accidentes.

Actualmente, Maloof es el curador casi oficial de la obra de Vivian, están apareciendo algunos parientes que reclaman derechos, y ha llevado muestra de esos trabajos a diferentes ciudades del mundo, aunque él continúa todavía revelando mucho del material descubierto.

Maloof junto a Charlie Siskel, realizó el documental Finding Vivian Maier que compitió por los Oscar en 2013.

Nunca sabremos cabalmente, cuáles fueron las razones por las que Vivian Maier nunca intentó hacer trascender su obra o si habrá soñado con la absoluta consagración que hoy tiene. Más allá de su monumental trabajo nos deja muchísimos interrogantes y muy pocas respuestas para poder acercarnos más y comprender mejor a mirada esquiva de Vivian Maier.

No hay comentarios