La Mujer de los Perros

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Una mujer (Verónica Llinás) vive con varios perros en un rancho construido en un descampado a unos kilómetros de la ciudad. Si bien tiene contacto con pocos seres humanos (una amiga que la invita a comer una noche, un gaucho que luego de tener relaciones le cuenta cómo es la pesca, una médica que le dice que su salud no está bien) no emite palabra, como si ya no le interesara ningún vínculo humano. No tiene espejos, no le importa su imagen, sutil ironía sobre el medio y el mundo en que vivimos. En la película no hay una apología sobre el linyerismo, solo muestra, es una cámara antropológica, no interviene. Una persona que elige perder su humanidad y toda su energía estuviera en sobrevivir día a día. Estación a estación.

El dinero no le interesa para hacer transacciones, vive en una economía del trueque (¿se acuerdan de las crisis del 2001?) sabe cómo sobrevivir, sin pedir ayuda ni dar lástima, si la naturaleza no le da lo que necesita, lo toma sin prejuicios morales (roba cuando necesita) ni prejuicios sexuales (coge cuando necesita).

Hay una soledad no-humana en la protagonista, por propia decisión a descendido a una escala de lo vivo que limita con los depredadores,  su mirada es la mirada de alguien que solo vive el instante, sus perros parecerían tienen más sentimientos que ella .

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Verónica Llinás es una actriz extraordinaria, con una rica y dilatada trayectoria en cine (muchos de ellas notables como “Historias Extraordinarias”, “De eso no se habla”, “La Peste”, “Cien veces no debo”,  “Pubis angelical” y últimamente en  “La Patota” y en “La emboscada”) en Teatro y en  TV,  la ex “Gambas al ajillo”  compone a una persona que ha renunciado a su humanidad, su mirada tiene dos momentos, una cuando la cámara toma su cara en primer plano sin reflejar sentimientos, y otra cuando observa el conurbano y sus “ferias” allí es solidaria con la mirada de las directoras, allí vemos un conurbano diferente. En una de las últimas escenas se observa lo que podríamos llamar “la Feria del Barro” donde los hombres corren alrededor de un gran baldío con sus autos, sus triciclos, sus motos y se embarran como si fuera un rito cultural que  afirma una forma de divertimento muy lejos de las consagradas y prestigiosas de la cultura “Alta” y “Civilizada”.

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El trato y el manejo de los perros de la dupla Citarella / Llinás es también notable, se los filma sin presiones, dejando que los mismos perros indiquen los mejores momentos para filmarlos porque se trabaja con la paciencia del documentalista, del que no tienen el apuro y la necesidad de estrenar,  así la interaccione humana – perro  se observa con una naturalidad que realmente asombra.

Al comparar esta película con otra similar como Sin techo ni ley (Sans toit ni loi, Francia, 1985) de la brillante belga  Agnès Varda que relata la historia de una vagabunda (notable Sandrine Bonnaire) cuya única preocupación es no echar raíces y vivir libre, podemos observar el cambio de época,  en La mujer de los perros no hay valores por los cuales vivir, lo único que importa es movilizarse por lo mínimo indispensable: comida y agua. Las diferencias de la Europa de los 80 y el conurbano argentino del segundo decenio del siglo XXI también merecen un comentario, ya que en una todavía reinaba los beneficios sociales del Estado de Bienestar y en el otro los sectores populares nos muestran sus formas de divertirse y de consumir en la era de un estado social.

En cuanto a la estética La mujer de los perros podría ser una pintura de Berni de la serie “Juanito Laguna” ya que su entorno está construido con los deshechos de la sociedad de consumo pero aquí no hay denuncia, como si fuera una observación de campo de cualquier disciplina social, es un caleidoscopio donde solo encontramos el gris y sus escalas como color.

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El film, número dos de Laura Citarella, (la anterior fue Ostende) y primero de la consagrada actriz Verónica Llinás junto la productora Pampero (responsables de las notables El Escarabajo de Oro, Castro, Historias Extraordinarias) es sin duda uno de los experimentos más extremos que se haya propuesto el cine argentino. Una película que abre un debate sobre el vinculo entre la ficción y el documental, entre la denuncia y la observación, entre la mirada paternal, moralista y  culposa sobre la cultura de los sectores populares y la observación atenta y fascinada por un mundo que no conocemos.

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