La Princesa de Francia: entrevista a Matías Piñeiro

0
9

BM- ¿Cómo surgió este proyecto de transformación de las comedias de Shakespeare en cine contemporáneo?

MP– Surgió al leer de manera sistemática la obra entera de Shakespeare y por la sorpresa que me produjeron las comedias y sus roles femeninos. Las sentí cercanas, lúcidas y muy fuertes. No sabía de la existencia de este ejercito femenino que por lo general viven a la sombra de los grandes hombres de las tragedias y dramas históricos. Al mismo tiempo encontré que estos personajes femeninos tenían elementos que resonaban en las actrices con las que suelo trabajar, y sumando al desafío que propone el elaborar algo para el cine con semejante densidad textual me fue imposible no empezar a trabajar en ello.

BM- ¿Cómo es esto de trabajar hace 8 años con la mismos colaboradores y con los mismos actores?

MP– Hay una confianza y una conexión que el tiempo refuerza y potencia. Siento que todavía tenemos mucho por hacernos descubrir los unos de los otros, y eso me lleva a querer seguir filmando con ellos. ¿Qué es sino un rodaje sino una excusa para encontrarnos y que dicho encuentro quede un documento, una ficción, una película?

BM-¿Crees que el mundo representado en “La Princesa de Francia” se corresponde con los modelos de mujeres principalmente, y de los hombres en la actualidad? claro está.

MP– Creo que todo es una composición, nada es reflejo exacto de algo, sino más bien una nueva propuesta de cómo podría ser. Estos personajes son así por así funcionan mejor para el movimiento de la película, están determinados por la película y sus necesidades. No están puestos ahí a priori como demostración de un estado generacional. Confío que el mundo es más mixto y huidizo.

BM- “Rosalinda” está inspirada en As You Like it, “Viola” en Twelfth Night y “La princesa de Francia” en Love’s Labour’s Lost, por qué lo hiciste en ese orden?

MP– En principio, por gusto. Mi obra favorita en un momento fue As you like it, y luego fui pasando y descubriendo un gusto igual de intenso por aquellas otras en ese orden. Luego también por cuestiones de composición, una obra determina cual viene después. De los cuasi monólogos de Rosalinda en As you like it, me interesó trabajar los dialogos cortitos y picados de Twelfth Night, y luego me interesó multiplicar las voces con los cuatro enamorados de Love’s Labour’s Lost. Siempre se trata un juego de repeticiones y variaciones.

BM- Ese increíble plano secuencia -filmado desde lo alto de un edificio con que comienza el film- en un partido de fútbol mixto, y con la música de Schumann, porque se te ocurrió, es decir a que apuntó?

MP– Siempre pienso desde elementos concretos, por eso tomo a Shakespeare como punto de partida, para empezar a hacerle preguntas a esos textos y lograr así armar mi propia ficción. Esta escena de inicio se debe a mi película anterior. Ese sería en este caso el elemento concreto. Considero que una película ayuda a la siguiente a hacerse y así como VIOLA es una película de duetos femeninos, en primeros planos, sin música pre-existente y con mucho dialogo, me pareció que bien valía probar otras composiciones, ponerse a dirigir escenas con elementos que nunca antes había probado. De esta manera, surgió la idea del plano general, de la multitud, la del deporte, el fútbol y la música. Todo por amor a la variación. Se trata de ponerse en lugares nuevos y menos cómodos para aprender formas nuevas.

BM- Los temas de las comedias de Shakespeare ponen en marcha al lenguaje, y a una clase de humor que comunica a veces anacrónicamente. ¿Como se relaciona esto con tu estrategia de trabajar con dos registros lingüísticos al mismo tiempo, es decir el coloquial, que pertenece a la actualidad de Buenos Aires, casi diría, y el juego con los parlamentos teatrales?

MP– Creo que se trata de un equilibrio, de situarse en un lugar móvil que oscile entre lo coloquial y lo compuesto. La formula podría ser que lo coloquial no sea tan coloquial y que el texto teatral no abuse con prejuicios de pureza y estancamiento. Que se contaminen el uno al otro, en una alquimia propia de ese momento en que hacemos la escena. Me interesa la sintaxis del texto isabelino, y como eso afecta nuestra escucha e interviene llamando la atención de vuelta al texto. El problema sería que a lo dicho no se le prestara atención que pase como arena entre los dedos. Se trata de apropiarse por medio de la traducción de la energía que contiene el texto.

BM- Sabemos que hasta 1964 no hubo actrices en Inglaterra, por lo que se hacía necesario que un hombre hiciese su personificación. Los puritanos no querían mujeres en escena. Y contra esto iba Shakespeare.

Las mujeres son los referentes de los cambios que operan en el mundo. Pero a su vez -en las comedias- ellas son el motor de la vacilación de los hombres. Que relación tiene esto con tu deseo reiterado de volver a hablar de la complejidad de los roles femeninos?

MP– Las comedias presentan roles femeninos que me resultan más interesantes porque hacen un punto en la inteligencia de esas mujeres y no únicamente en sus zonas sentimentales o pasionales. No son locas, no son suicidas, son mujeres con voluntad propia, en algunos casos con dos o tres vueltas, pero autoras de sus propios destinos felices. Mostrar y desarrollar esa cualidad potencia mis ganas de hacer estas películas.

En las películas, las mujeres juegan los roles masculinos y los hombres, los femeninos. La propuesta no es muy original y por eso tampoco la subrayo mucho, pero juega en contra de esas leyes de la era isabelina y funciona sobre todo como forma de desnaturalizar el texto, de intervenirlo para hacerlo ver cómo texto y no como reflejo de la vida misma.

BM- ¿No pensás que el trabajo con el lenguaje coloquial no disminuye la densidad de sentido a la hora de la traducción, que de por sí es siempre una traición?

MP– Es justamente esa traición la que me estimula. Love’s Labour’s Lost justamente habla de eso, sobre la formas de la traición y la salvación que en su abrazo puede llevar consigo. Me interesa la idea de profanación y no la de pureza y sometimiento bajo ideas algo conservadoras de respeto y fidelidad. La traducción es una liberación y un desafío. La obra está ahí para hacerla circular por mi propuesta y por las mil propuestas más que salgan. Esa es su fuerza, su efecto potenciador y caleidoscópico. Me importa el ritmo, el fluir de un sonido, la ambigüedad de la palabra y el conectar mundos que a priori no parecieran corresponderse. Esos son los estandartes que encuentro en Shakespeare y con los que me interesa avanzar.

BM- ¿Sos consciente de que sólo con 33 años sos un referente de peso dentro de la cinematografía argentina. ¿Cómo percibís tu obra en relación a tus pares?

MP- Creo que la Argentina se encuentra en un lugar privilegiado gracias a la existencia de múltiples propuestas cinematográficas. Hay películas enormes, grandes, medianas, pequeñas y hasta invisibles. Más allá de problemas en una u otra instancia, se produce esa variedad y eso es bueno. Yo hago películas pequeñas, de cámara. Intento filmar a un ritmo que sea el del deseo de mi equipo y el mío. En el contexto del cine nacional, siento que tengo una parcela pequeña de tierra en la que logro cultivar en feliz trabajo junto a mi equipo la obra que mejor puedo hacer, tratando de hacer de los límites, nuevas formulaciones.

BM- ¿La mejor escena?

MP- Me gusta la escena en el club con Romina Paula y su personaje Natalia, la ex novia un poco insistente que se repite tres veces, rompiendo un poco la lógica realista de la película. Me interesan eso giros, la ambigüedad y extrañeza que produce. Se encuentra en el momento anterior al final de película, en ese momento de una estructura donde todo se puede ir al demonio y perder interés pero creo que la energía de esa escena otorga algo nuevo que lleva a buen puerto al cuento.

BM- ¿Qué representa el Bafici para vos?

MP– En principio, me educó como espectador y me potenció como cinéfilo. Luego el BAFICI fue el primer lugar que me dio la posibilidad de mostrar lo que hacemos con mi equipo. Es importante saber que existe ese canal, que el trabajo realizado logra tener una circulación, que permite que la película luego salga de la ciudad de Buenos Aires hacia el interior del país y el mundo. También me ha ayudado a terminar películas en su sección de Work in Progress, por lo que el BAFICI, junto a la universidad del cine y a mi equipo de trabajo son los pilares de mi producción.

No hay comentarios