Manuel Romero y su Muchacha del circo

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Hace ya muchos años escribimos un artículo sobre Manuel Romero (1). Esas páginas dieron origen a lo mejor que se ha escrito acerca de este hombre y su cine, algo que hizo el iconoclasta Rodrigo Tarruella (2). A posteriori, Andrés Insaurralde estudió también la producción cinematográfica de Romero (3). Cualquiera podría pensar que se trata de un realizador de los tantos que producían en serie para América Latina y el sur de Estados Unidos. Luego llegan las discusiones sobre la adhesión al peronismo de aquel entonces, sus eventuales cambios y, por fin, su muerte, acaecida en 1954, a los 63 años.

Romero pertenecía a aquella generación que escribió sin pausa para los cientos de teatros que poblaban Buenos Aires en los años 20 del siglo pasado. Y en la mayoría de los casos, el trabajo excesivo terminaba por acortar la vida de quienes producían obras del género chico (4) sin detenerse, ya sea solos o en colaboración. Aquellos teatros comenzaban a funcionar temprano por la tarde y terminaban a la medianoche. Luego, si la obra tenía éxito, podía durar dos o tres semanas y se imprimía. Sin embargo, era necesario renovar de manera constante la cartelera porque ni el cine silente norteamericano significó gran competencia. Lo que, entre diversos factores liquidó al género chico, descendiente de la zarzuela española, fue el golpe de Estado de 1930 y la crisis circular del capitalismo.

Si hemos sido varios los que nos hemos ocupado de Romero como hombre de cine, no hay todavía ningún estudio que intente abarcar su obra teatral y sus canciones –tangos en su mayoría- de manera consistente. En realidad hay demasiada gente que se ocupa del cine en la actualidad y no tanta que lo haga del teatro, el que fue, es y será contra viento y marea. No se trata de reseñas o artículos sino de verdaderos estudios como los que existieron en otro tiempo y que, en la práctica, con las excepciones que se mencionarán, han sido abandonados a favor de la imagen en movimiento, en cualquiera de sus formatos.

EL REY DEL CABARET

Si Andrés Insaurralde contabiliza setecientas obras de Romero, los hay que hablan hasta de ochocientas. No es posible rastrearlas y son pocas las que han perdurado por distintos motivos. Lo propio ocurre con sus innumerables letras para tangos y canciones diversas. No obstante, hay dos descendientes de este hombre que viven cómodamente con lo que aporta SADAIC. De manera que desde la perspectiva musical, los restos de la familia están salvados. Aparte de sus letras más conocidas por las incontables grabaciones, Romero apuntaba también al tango cachada como, por ejemplo, “Qué querés con ese loro?”, inmortalizado por Sofía Bozán, aunque también grabado por Libertad Lamarque.

Desde muy joven comenzó a colaborar en publicaciones de la época como Fray Mocho pero descubrió que en el teatro pagaban mejor. Fue así como en 1919 y con Ivo Pelay escribió Teatro breve y conoció el éxito. Ya no abandonaría el teatro hasta comienzos de los años 30, cuando a pedido de César y Pepe Ratti escribiera su última obra. Durante doce años este hombre vivió por, para y del teatro, frecuentando hipódromos y casinos y hasta realizando una frustrada gira por Ëuropa con brillante compañía y codirección de Bayón Herrera. Fue allí donde comenzó su romance con el cine.

Excéntrico, de una exigencia que necesitaba ganarle al reloj, adicto al juego y a las drogas –habría que decir que padecía una enfermedad neurológica-, Manuel Romero fue abriéndose paso en una jungla cuyos primeros enemigos eran los posseurs, los que intentaban disfrazarse para ocultar un pasado al que consideraban vergonzoso. Naturalmente, no escapaba a los férreos códigos de su época ni tampoco quería hacerlo. No se volvería loco como Pascual Contursi ni se suicidaría como Florencio Parravicini –entre otros-. Se sabía un buen artesano capaz de ganar mucho dinero que terminaba habitualmente en la mesa de algún garito. Y eso le bastaba para seguir viviendo.

UNA FIGURA CÓMICA PROFUNDAMENTE AMBIVALENTE” (5)

El 15 de junio de 1928 la compañía de Enrique Muiño estrena en el Buenos Aires GRAN CIRCO RIVOLTA (Colección de fieras). El elenco femenino está encabezado por Manolita Poli (6) y son varios los nombres conocidos. La joven Carmen Valdez, luego figura del radioteatro como Carmen Valdés, será la muchacha del circo. Dividida en cinco cuadros, la obra en un acto tiene la particularidad de poner sobre el tapete una ambigüedad que ya han estudiado David Viñas (7), Beatriz Seibel (8) y otros (9). Es que el grotesco, precisamente tiene esa ambivalencia de la que hablaba Bajtin al ocuparse de Rabelais

Los estudiosos del grotesco argentino coinciden en la poderosa italianidad que manifiesta, aunque se diferencie notablemente del peninsular. Aquí todo es miseria. No es solamente un circo que ha dejado de existir sino también el envilecimiento de las relaciones entre los componentes del espectáculo. Se odian pero se necesitan para perpetuar ese encono, esa frustración, o como dice uno de ellos: “A mí lo que me duele es la vida”. A un león que ha debido acostumbrarse a comer repollo por falta de fondos, se contrapone el drama del signore Rivolta, casado con una ramera, epíteto que se le otorga al personaje de Raquel.

Carecería de sentido narrar el argumento de este grotesco. Sólo cabe decir que Romero nunca fue tan lejos en su necesidad de aclarar los tantos acerca del mundo del espectáculo. Porque este hombre conocía todo aquello que el público no ve o no quiere ver. Si, por ejemplo, tanto Francisco Canaro como Luis César Amadori intentaban adornar el mundo del cine y del teatro, Romero les juega una mala pasada: hacen falta dinero, fama y juventud porque de lo contrario no se es nadie.

La canción, la única de la obra, “La muchacha del circo”, fue inmortalizada por Agustín Magaldi (10) en aquel mismo año de 1928 para la RCA Víctor.

Por supuesto, nada iba a salvar de la burla y del escarnio a este exceso. Es sencillo: todo exceso merece y debe ser parodiado. Es una manera de recordarlo, de que la memoria colectiva lo guarde en su archivo. Lo que ocurrió en 1937 con la versión cinematográfica de GRAN CIRCO RIVOLTA es otra historia. Se llamó LA MUCHACHA DEL CIRCO y fue rodada para los estudios de Francisco Canaro en la calle Uruguay (11) En este aspecto, no puede decirse que Manuel Romero se haya lucido sino, por el contrario, que cedió a su megalomanía. O bien, que necesitaba más dinero para seguir tirándolo en los garitos.

Tampoco caben sino hipótesis acerca de las razones por las que este hombre se apartó circunstancialmente de LUMITON para rodar esta película.

NOTAS

1) Posadas, Abel: Manuel Romero. Cine popular o cine populista en revista Crear en la cultura nacional, N 9, Buenos Aires, junio-julio 1982
2) Tarruella, Rodrigo:Manuel Romero. Entierro y quema en el día de la primavera, en Wolf, Sergio (comp.) Cine argentino: La otra historia, Letra Buena, Buenos Aires, 1992. El artículo de Tarruella se reprodujo luego en Jugar (la luz es otra cosa), Buenos Aires, Edición del Bafici, 2009
3) Insaurralde, Andrés: Manuel Romero – Los directores del cine argentino, Buenos Aires, CEDAL, 1994
4) Llama la atención que la mayoría de estos autores hayan muerto jóvenes
5) Mihail Bajtin: La cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento. El contexto de Francois Rabelais. Madrid, Alianza Editorial, 2003
6) Manolita Poli (1899-1966) fue la encargada de introducir el tango canción en el género chico el 28 de abril de 1918, fecha del estreno de Los dientes del perro de José González Castillo y Alberto Weisbach. A posteriori, la actriz integraría el elenco estable de Radio El Mundo hasta su disolución en 1962.
7) Viñas, David: Grotesco, inmigración y fracaso, Buenos Aires, Siglo XX, 1997
8) Seibel, Beatriz: Historia del teatro argentino. Desde los rituales hasta 1930, Buenos Aires, Corregidor, 2002
9) Marco, Susana y otros: Teoría del género chico, Buenos Aires, Eudeba, 1975.
10) Agustín Magaldi (1898-1938), la voz sentimental de Buenos Aires, tuvo tantos detractores como fanáticos.
11) De entre las películas que se rodaron en los estudios Río de La Plata de Francisco Canaro y en las que el circo es el eje central, cabría citar EL QUE RECIBE LAS BOFETADAS (Boris Hardy-1947).

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