El frasco vacío, Marcelo Balquinta

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El teatro es el lugar en el que una acción es llevada a su realización por unos cuerpos en movimiento frente a otros cuerpos vivientes que deben ser movilizados. Eso dice Jacques Rancière en El espectador emancipado. Eso hacen en El frasco vacío, una obra del grupo Lenguas secas, dirigida por Marcelo Balquinta, que es una apuesta fuerte al cuerpo, a la capacidad de narrar con él y a partir de él.

El cuerpo está puesto en juego no sólo en las excelentes actuaciones sino también con la evidente dedicación al vestuario, maquillaje y peinado como elementos dramáticos de la misma jerarquía que el texto; sumados a una composición corporal en la que nada se pierde de vista: la voz, el modo de pararse y caminar, de mirar, el modo de decir. Se trata de personajes íntegros con la excelencia del teatro. El personaje es todo, parecen decir, como lo diría Flannery O’Connor acerca del cuento, y a partir de ahí se construye todo lo demás.

Probablemente el mayor logro de la obra sea ese: personajes llenos de matices que nunca caen del mismo lado, que no construyen siquiera con sí mismos lugares comunes, sino por el contrario, no paran de crear acciones novedosas que sin embargo calzan a la perfección con el verosímil que los compone. El efecto: una puesta en escena que cautiva al público, que necesita seguir mirando como quien pasa páginas de un cuento con la voracidad de averiguar lo que va a suceder.

Lucy, magistralmente interpretada por Mariana Melinc, es una suerte de hada preocupada por el bienestar de los niños, capaz de excederse en sus modos con tal de lograr la tranquilidad infantil. Tan buena como sádica y perversa, acaso como aquellos aspectos infantiles de los que hablaba Freud y que en su época le costaron el rechazo de ciertos sectores conservadores que pensaban la niñez como un periodo inmaculado y sin mayores enigmas. Lucy camina por el peligroso borde del poder ilimitado, estructura la obra y abre el campo para la el hilo narrativo que permite al espectador armar un sentido que hace llevadera una puesta en escena que por momentos rompe la cuarta pared y se permite guiños escénicos ligados al teatro de Beckett. Esto la hace una obra apta, interesante y atractiva tanto para público habituado al teatro como para aquellos que necesitan el ancla de lo tradicional. Para éste último grupo es una buena puerta de entrada a otras alternativas de teatro.

Mariana Melinc viene de destacadas interpretaciones en Más respeto que soy tu madre, con Antonio Gasalla y La duda, con Gabriela Toscano y Fabián Vena, obra que le valió el Premio Estrella de Mar 2008 como mejor actriz de reparto.

El hilo narrativo de El frasco vacío se basa en una pareja opacada por el surco del tiempo, llena de distancia, inseguridades, insatisfacción y tristeza por el porvenir. La magia sería la oportunidad de la salvación. Detrás de ese planteo, la obra no para de generar posibles lecturas. Es una mirada sobre la complejidad humana y sobre su correlato en las fantasías. Es también la revelación de las consecuencias de la historia infantil, un modo de poner en acto que los adultos son producto de todo lo que los ha precedido como tales. Es una reflexión sobre la pareja como escenario del desgaste de vivir, la acumulación de años como somnífero que va acaparando la energía. Es la ilusión de la desfachatez como un lugar deseado. La esperanza como desgracia. Un planteo filosófico acerca de la vida, del modo en el que se estructura, la existencia de las cosas y las energías que las mueven.

El frasco vacío es una obra con ritmo, humor inteligente y tragedia en dosis justas, que se destaca como pocas, en todos sus rubros. Gran desempeño actoral de todo el elenco, que interpreta el texto de Marcelo Balquinta. Un texto que fue fruto de dramaturgia colectiva en largos meses de trabajo que se notan en el escenario. Se destaca también el trabajo de maquillaje, vestuario y peinado que acompaña a cada personaje con la capacidad de potenciar la interpretación. Música e iluminación son también elementos fuertes de la puesta en escena, como así también la escenografía, con recursos que aumentan la cuota de humor que tiene la obra. El efecto del espejo es un ejemplo de esto.

Es una propuesta distinta a la oferta en cartel por sus personajes cargados de matices, por la inteligente mezcla entre la realidad y la ficción intrínseca al acto dramático y por el despliegue escénico. El frasco vacío produce ese placer de presenciar un hecho artístico y también entretiene y hace reír y luego tiene el don de reverberar en el espectador con la potencia de sus contenidos más profundos.

Ficha técnico artística

Texto y dirección: Marcelo Balquinta
Actúan: Marcelo Balquinta, Mariana Bulgheroni, Javier E. Errecarte, Mariana Melinc
Maquillaje: Liborio Iuculano
Diseño de escenografía: Manuel Escudero
Diseño de luces: Mariano Gonzalez
Música original: Pablo Navarrete
Diseño gráfico: Jésica Sansón
Asistente de producción: Mariel Rodriguez
Producción: Miguel Hernán Morales
Realización: Los Escuderos
Web: https://www.facebook.com/elfrascovacio

Teatro Paraje Artesón · Palestina 919 timbre 2
Capital Federal – Buenos Aires – Argentina
Reservas: 15-6570-4090 / 15-3288-1008
Entrada: $ 100,00 – Viernes – 22:30 – Hasta el 28/08/2015
Web: http://www.parajearteson.com.ar

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