La naturaleza humana y el glamour fílmico

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El mundo interior de los seres humanos está lleno de sombras y de luces, un contraste del que no se libran los artistas pues esta es la materia prima para la creación de sus obras, las cuales cobran vida impregnadas de esa chispa primigenia, de ese espíritu desprendido de su creador.

La abigarrada multitud de sentimientos exigidos a estos voceros de las artes no los eximen de las contradicciones, taras y despropósitos que los seres humanos padecen en su vida cotidiana y a lo largo de toda su existencia.

Crear es luchar contra sí mismo, es un proceso agotador que puede multiplicar los demonios interiores del más templado de los artistas obligados a vivir, no una vida, sino a simular una enorme cantidad de existencias, entrando y saliendo de ellas para disfrute de las audiencias.

Esos cambios de sentimientos van creando capas, adicionando a la identidad pequeños elementos de esas otras identidades que van sumándose hasta transformar a cierta gente del arte en émulos de Frankenstein, es decir en un ser compuesto por partes de otros.

Las figuras cinematográficas son confundidas, como he dicho muchas veces, con seres cuasi perfectos, en dioses olímpicos o ángeles celestiales de inmaculada blancura, y nada más alejado de la realidad, son muñecos sometidos a la dictadura de la imagen, de las luces y de la simulación.

Alfred Hitchcock, maestro del misterio, creador genial de sobresaltos que ponen la carne de gallina, es un ejemplo perfecto para ilustrar al público en lo falso de una representación que no se corresponde con la realidad.

Que este gordito bonachón, de pícara sonrisa y modales amables fuera un acosador de actrices, capaz de las bromas más crueles y con unos métodos de trabajo muy cercanos a la tortura, sigue pareciéndole irreal a mucha gente incapaz de dejar de creerle a la propaganda beatificadora de figuras del celuloide.

Que estas actitudes fueran fruto de sus traumas sexuales o infantiles, de poco consuelo le pudo servir sus víctimas y si no documéntese de la historia de Tippi Hendren y este director, que casi la puso al borde del colapso nervioso en la filmación de Los Pájaros (The Birds).

Los fans se niegan a asumir estos hechos, y más de uno lo niega con vehemencia refugiándose en el banal argumento de que son chismes dedicados a destruir la carrera de este genio del cine. Hasta ese punto llega el proceso de canonización fílmica.

El biógrafo más famoso del mago del suspenso, Donald Spoto, narra con pelos y señales los abusos cometidos, el acoso y la toxicidad de las actuaciones de Hitchcock en su libro El Lado Oscuro del Genio, un documentado recuento de las tropelías de este sátiro.

El actor Mel Gibson, estrella de Mad Max, Lethal Weapon, Braveheart, La Pasión de Cristo y muchas otras películas más, posee una ideología conservadora que lo ha metido en problemas más de una vez, pues peligrosamente la mezcla con otras debilidades humanas.

El hecho de que haga donaciones millonarios para obras de caridad no borra la intolerancia de sus opiniones sobre los homosexuales y los judíos, demostrando que bajo la falsa caridad de ciertos personajes se esconde una estrategia de lavado de imagen o un bálsamo monetario para aliviar sus remordimientos.

Gibson ha sido detenido varias veces por abusar del alcohol y en 1990 fue condenado a tres años de libertad condicional. El achaca a esa adicción sus declaraciones contra judíos, y en cierto momento confesó que bebía por desesperación e incluso que había contemplado suicidarse, y porque ni siquiera las estrellas se libran de los problemas existenciales.

La sorprendente noticia de las acusaciones que han hecho un grupo de mujeres, de que el actor Bill Cosby las drogó y abusó sexualmente de ellas, ha sido devastadora para uno de los iconos del cine y la TV más productivos y con una limpia trayectoria hasta este momento.

Cosby admitió en el 2005 que había tratado de usar sedantes con una mujer en 1976 antes de abusar de ella, este caso se resolvió por una cantidad de dinero que el actor pagó a la acusadora. Estas informaciones están contenidas en un expediente que reposa en el juzgado donde se conoció este feo asunto.

 

Ya suman más de 46 las mujeres que lo acusan de haberlas drogado para sostener sexo sin su consentimiento, cosa que niega el actor, pero el daño mediático a la carrera de este cómico es brutal, pues son demasiado reales las acusaciones como para que no sean ciertas.

La caída de este ídolo de multitudes es más brutal por interpretar personajes de una corrección política fuera de toda tacha, The Cosby Show era una referencia para el status quo conservador que mimaba a esta antigua figura paternal.

 

 

 

En el público reina una equivocada percepción sobre los cineastas y las estrellas acerca de su pureza, del cultivo de los más altos valores de civilismo, y por ende, su colocación en pedestales, e ignora los más elementales parámetros del espíritu humano, impredecible y sujeto a los vaivenes de la cotidianidad.

Esas hermosas fotografías, videos u otras imágenes de gente de cine, deben ser entendidos como una representación, como parte del show. Jamás asumir que estamos frente a un santo y no frente a un artista, pues detrás de esos representantes de los más altos valores en un guión, puede esconderse un asesino, un mal padre, un acosador o un vicioso consumidor de drogas.

Los humanos tenemos un lado oscuro y en el caso de los hacedores de cine, se esconde bajo el brillo de los reflectores y las luces. Los cineastas son dioses al borde de los caminos humanos, unas vías recorridas por las virtudes y los defectos de todo un entramado social.

 

Publicado en La Vanguardia del Pueblo

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