“La música es un alimento para el alma”, entrevista a Darío Bonheur

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Caprichos deliciosos, con libro y dirección de Darío Bonheur, se puede disfrutar todos los jueves a las 21 en La Biblioteca Café (Marcelo T de Alvear 1155). Darío nos habla sobre este espectáculo que cuenta, además, con la maravillosa voz de Marisa Ini y la excelente interpretación de Luis Sirimarco en el piano.

Los grandes temas musicales de películas como Mi bella dama, Yentl, Cabaret, Víctor Victoria, Notting Hill, La tiendita del horror, Cantando bajo la lluvia, Chicago, entre otras, nos permiten disfrutar de la comedia musical y de una buena cena.

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¿Qué diferencias presenta Caprichos deliciosos con respecto a sus versiones anteriores?

En este nuevo ciclo un gran acierto ha sido la incorporación de Luis Sirimarco al piano, un músico excepcional que viene de tocar durante muchos años con la Antigua Jazz Band; él hizo arreglos para algunos temas donde ciertas armonías y el swing del jazz se imponen, y es un regocijo para los amantes de ese género. Es un pianista que no solo renovó el aire del espectáculo en lo que a lo musical respecta, sino que además lleva un actor adentro, innato, en donde logra un muy buen contrapunto con Marisa Ini. Por otra parte, desde su inicio, el espectáculo cuenta con invitados especiales en cada función, algunos como Donna Caroll y Omar Calicchio volvieron a estar en este ciclo y se sumaron Julia Zenko, Jorge Priano, Francisco Pesqueira, Viviana Scaliza, Alma Sirimarco, entre otros.

¿Qué te atrae a vos de la comedia musical como dramaturgo y director?

La música ha estado siempre presente en mi vida; soy egresado del Conservatorio Municipal de Música Manuel de Falla, y de alguna manera todo ese bagaje, todo ese recorrido en mi formación aparece en mi escritura. Fragmentos de un pianista violento es una obra de texto que obtuvo enormes reconocimientos (Premio ACE 2013 Mejor espectáculo de teatro alternativo y recientemente declarado de Interés Cultural por la Legislatura de CABA); ya desde el título se hace mención de un personaje atravesado por el mundo de la música. Por otra parte admiro a los buenos cantantes, me fascina escuchar y ver músicos en vivo. Hace muchos años leí una frase de Nietzsche: “La vida sin música sería sencillamente un error, un trabajo penoso, un exilio” Me quedó grabada para siempre, por lo que considero, al menos para mí, la música es un alimento para el alma, la llevo conmigo.

¿Con qué criterio seleccionaste la música?

El proyecto nace a partir de la inquietud de Marisa Ini, cantante extraordinaria y protagonista del espectáculo, quien me convocó para escribir el libro y realizar la dirección. La premisa fue hacerlo con canciones de películas, originalmente en inglés y que Eduardo Marcos tuvo la tarea de traducir y adaptar; por ese trabajo obtuvo recientemente una nominación para los Premios Hugo. Es decir que ya había un repertorio seleccionado que Marisa  tenía entre manos y a partir de allí hice el libro para el espectáculo.

En cuanto a la comedia musical, ¿vos crees que se llevan a escena las suficientes o debería ser un género más transitado por autores o directores?

Creo que se deberían generar políticas subsidiarias para otorgar la posibilidad de un mayor desarrollo del género en lo que a creaciones nacionales respecta; las grandes producciones son, en general, de espectáculos extranjeros. Los musicales son muy costosos en términos de producción, por lo que considero que con mayores partidas presupuestarias, o empresarios decididos a correr mayores riesgos en su defecto, se podría incrementar la iniciativa de creadores, además de generar más fuentes laborales para músicos y compositores, que los tenemos y con un nivel de excelencia.

¿En qué cambió tu manera de actuar o de ver la actuación después de haber incursionado en la dirección?

No sé si cambió mi modo de ver la actuación. Sí me ha llevado a reflexionar, a investigar más, acerca de la relación actor-director. Siempre es un trabajo de conjunto. Si bien los roles están bien definidos, no creo en la verticalidad a la hora de crear. El director sienta las bases de la organización y la mirada respecto de la totalidad del espectáculo, pero es el actor quien carga de sentido, quien con su cuerpo, su sensibilidad, dará el aporte necesario para construir, a partir de él y con él, el personaje. Ambos proponen y, en última instancia, ninguno de los dos tiene un conocimiento superior al otro, respecto del resultado final, a la hora de descubrir un personaje. Por eso es tan importante el proceso, no como una búsqueda azarosa, sino a partir de las unidades de acción que la obra propone.

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