“No hay nada con más empuje que el trabajo en equipo”, María Luisa Estiz

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Entrevistamos a María Luisa Estiz y a Matías Potenza, quienes dirigen la obra Licántropos que se puede ver en el Espacio Polonia (Fitz Roy 1477) todos los viernes a las 23.

¿Por qué no nos cuentan cómo se gestó esta obra?

María Luisa: Surge de la angustia que me generó la disolución de un grupo de amigos de pertenencia que tuve desde mis veinti cortos hasta los treinta y dos. Éramos muy unidos, fanáticos de nosotros mismos y cerrados, en cierta manera, a la posibilidad de integrar a nuevas personas. Nos veíamos como mínimo una vez por semana, nos responsabilizábamos por generar cenas espectaculares, juegos, fiestas de disfraces, karaokes, regalos pensados especialmente para los cumpleañeros. Nos queríamos tanto que muchos comenzamos a vivir en el mismo barrio y hasta formamos un club de amigos con prendedor, carnet y todo. Como los años y las circunstancias de la vida nos fueron cambiando, cada cual comenzó a tomar su rumbo. Los que estábamos de novios hacía más de una década, nos separamos, y los que casi nunca habían tenido una relación estable, se pusieron en pareja. Todo este duelo me llevó a cuestionar las dinámicas de los grupos sectarios, las inclusiones y las exclusiones, y los distintos roles que, como subtramas, se van generando: amores prohibidos, envidias de antaño, liderazgos, etc. Todas temáticas que sentí interesantes para volcar en un texto dramático y llevarlas a un plano ficcional.

¿Entonces, es la primera vez que trabajan juntos?

Matías: Sí. Nos presentaron unos amigos en común y nos conocimos prácticamente trabajando; antes que eso no nos conocíamos. De alguna manera, fue algo riesgoso para ambos. Maru ya venía trabajando en los ensayos, necesitaban un asistente y, al tiempo, me dio la oportunidad de codirigir. Te cuento esto porque en la concepción Maru tenía su germen de obra pero creo que ese germen al pasar por la cocina de los ensayos mutó y hoy es Licántropos. Es decir que para mí es la mezcla justa entre la idea original y los ensayos.

María Luisa: Sí, tal cual como cuenta Matías. El músico de la obra nos presentó porque yo estaba en la búsqueda de un asistente de dirección. Con el tiempo, noté que su concepción de la búsqueda expresiva coincidía en criterios con la mía y que, al actuar yo también en la obra, estaba necesitando una mirada desde afuera. Matías, además, es profesor de teatro y psicodramatista. Su incorporación a la dirección fue una de las cosas más naturales del proceso.

¿Cómo es la experiencia de codirigir? ¿Cómo se distribuyen los roles?

María Luisa: Debo decir que, humanamente, fue una de las mejores experiencias de mi vida. No creo que todo el mundo tenga la suerte de ser parte de un vínculo con tanto feedback y generosidad como el que yo recibí de Matías. Siempre le digo: “Te quiero mucho, gracias por haberte cruzado en mi camino”. Él me mira sorprendido, pero siento que aprendimos tanto del otro y que eso nos hizo crecer y abrirnos, que, antes de estrenar la obra, yo ya me sentía realizada por el logro de esta sociedad. Nos juntamos a hablar muy seguido en cada instancia del proceso. Desglosamos cada parte que constituye la obra, la analizamos, la reelaboramos. Tuvimos un compromiso con el proyecto y no con la preponderancia de nuestras ideas individuales. En cuanto a los roles, Matías tiene como más don de gente y yo soy más impulsiva. Entonces, cuando hay que definir rápidamente, me mando yo, y cuando hay que atenuar las tensiones, él le pone su toque mágico. Pero ambos hacemos todo: desde los trámites hasta pulir la puesta.

Matías: Uh, cuánto aprendí de codirigir. Esta obra, en ese sentido, marcó un crecimiento en lo personal exponencialmente. La escucha jugó un papel fundamental, por lo menos por mi parte, el respeto, la tolerancia, la verdad, y con toda sinceridad, ahora puedo decir que se puede no opinar igual, ver distinto, componer diferente y trabajar de la misma manera. Lo que sí hay que tener es una mínima empatía, y eso también es trabajar. Puedo decir que se codirigió y se dejó laburar al otro en todo momento, y eso es difícil. Otra cosa que aprendí es que trabajar en equipo es lo mejor que te puede pasar. Creo que cuanto más algo te aleje de tus imágenes, de tu mundo sentimental o sensorial y se multiplique, mejor te hace como creador, y en equipo eso pasa mucho y esta bueno.

¿Por qué eligieron como protagonistas personajes dentro de la franja de los 30 años?

Matías: Creo que los treinta es el punto límite y lugar más lejano hasta donde se puede estirar la adolescencia. ¿Viste cuando te pensabas de grande? Bueno, los treinta eran como que ya está…, todo lo que puede pasar va a pasar por ahí, y cuando llegás te das cuenta de muchas cosas. También, ahora hablando de mí, creo que es el momento en donde podés decidir cambiar la historia o que siga todo como viene sucediendo.

María Luisa: Claro, a los treinta todavía te sentís un poco joven aún, pero quizá necesitando perfilarte en cuestiones ideológicas si aún no lo hiciste, definirte como profesional, elegir un camino. Al mismo tiempo, veo a los treinta como una franja ciertamente cruel frente a la mirada social: si no te casaste y tuviste hijos la gente te nota como demorando tu ser individual, o si aún no tuviste éxito profesional, podés sentirte fuera de un circuito. Muchas de estas cosas son las que se cuestionan los personajes de la obra.

¿Cómo se les aparece el título Licantropos?

María Luisa: El Licántropo es el hombre que se puede transformar en lobo cuando quiere (a diferencia del hombre lobo). Intentamos trabajar y bajar al cuerpo la metáfora de lo primitivo versus lo racional y socialmente correcto. Este grupo de amigos suele jugar a un juego de rol llamado El lobo; de ahí se desencadenó la idea de la exploración de los impulsos más primarios solapados por el ser correcto y social.

¿Están conformes con la repercusión de la obra?

Matías: Sí muchísimo; nos sorprendió mucho el humor y cómo, en lugares que no pensamos que iba a suceder, el público iluminaba con su risa. Si bien trabajamos algo de lo patético en los personajes, no pensamos que la ecuación iba a dar humor.

María Luisa: Un día Matías me manda un whatsapp diciendo: “Che Maru, creo que ya es hora de admitir que hicimos una obra que, a la mayoría de la gente, le gusta mucho”. Me hizo reír a carcajadas. Nunca nos esperamos tan lindas devoluciones. Que la gente nos diga “pasé un momento genial, superdivertido y además me fui pensando en aquel grupo de amigos que tuve” nos hace sentir que hay una misión cumplida. El teatro es entretenimiento y, si bien somos muy detallistas y creemos que tenemos que seguir trabajando en mejorar, todos los viernes nos volvemos a nuestras casas con esa satisfacción sumada a la alegría de trabajar con un elenco maravilloso. Como dijo Matías antes: todo esto es gracias al trabajo en grupo. No hay nada con más empuje y transformación que el trabajo en equipo.

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