Una ética de la mirada: Sebastiao Salgado

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La imagen de Cristo, por ejemplo. ¿Cuántos años llevan sus fieles contemplando ese hombre ensangrentado, agonizante, desnudo, a tamaño natural? Si fuera cierto que nos acostumbramos al sufrimiento, hace mucho que los católicos habrían dejado de conmoverse. No lo han hecho. Esto es lo real. A veces tenemos que someter lo que pensamos a este tipo de verificaciones decisivas. Si te sientes comprometido con determinadas imágenes, las hayas visto una o cien veces seguirás sufriendo.

Susan Sontag

 

Es obvio que una historia de la imagen en el arte comenzaría con la pintura luego con la fotografía y tomaría al cine como parte de una evolución en la que la tecnología juega un papel cada vez más preponderante.

No es de extrañar que directores como David Lynch y Win Wenders hayan sintetizado esta evolución de la imagen incursionando en las tres áreas de manera brillante.

En el Festival de Cannes del 2014, en la Sección “Un certain regard”  Win Wenders presentó un documental sobre la vida y obra del fotógrafo brasileño Sebastiao Salgado denominado “La Sal de la tierra”. El documental recorre sus últimos cinco años de trabajo, dejando en claro que ser fotógrafo para Salgado es una verdadera profesión, primero porque ha dedicado su vida para dar testimonio de lo que padece una buena parte de la humanidad y segundo porque lo hace desde una perspectiva donde lo bello nos alienta a seguir creyendo en lo humano descubriendo el paraíso posible en los ojos de los sufrientes globalizados.

Debe ser para Salgado un verdadero reconocimiento que un artista integral como Win Wenders le haya dedicado este documental que se estrena el próximo 27 de agosto en Buenos Aires.

 

El “estar ahí”  del Fotógrafo

 

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Indirectamente, Salgado tuvo su primer vinculo con el mundo del cine cuando comienza a trabajar a fines de la década del 70’ de manera freelance para la agencia “Magnum” (película famosa + calibre de super arma = profecía)  y a petición del NY Times se dispuso a realizar el seguimiento fotográfico de la gira del flamante presidente norteamericano el ex actor Ronald Reagan.

En su visita al Hotel Hilton, Ronald Reagan recibía el 30 de Marzo del año 1981, un tiro en el pulmón derecho disparado por John Hinckley de 22 años, quizás era el primer aviso que las balaceras en la vida real eran algo materialmente diferentes a los que había recibido Ronald Reagan en las distintas películas que había participado.

De los distintos fotoperiodistas que cubrían la escena, solo tres lograron plasmar en imágenes el atentado: Edmonds y Michael Evans y el joven Salgado (flecha roja en la foto), esa facilidad para estar en el momento y el lugar indicado no puede llamarse “casualidad” sino un cierto olfato, una predisposición y porque no, una construcción gracias a un cierto “don” de la ubicuidad.

 

Imágenes del (in)Mundo

 

inmundo

 

Conoció  África haciendo colaboraciones para la agencia Sygma (1974) y también Portugal, Mozambique y Angola. Ingresó el siguiente año a la agencia Gamma realizando proyectos fotográficos en Latinoamérica, África y Europa. Para 1979 ya era parte de la ya mencionada agencia Magnum con sede en París.

Finalmente, en 1994 fundó su propia agencia de Imagen Amazonas (http://www.amazonasimages.com) dedicada exclusivamente a distribuir sus fotografías de África, Asia y América retratando la pobreza y la enfermedad. Sus fotos no son un mero testimonio, sino que poseen una belleza disonante con los distintos dramas sociales y globales como su  forma de intervenir en lo social por medio de la imagen, marca distintiva de su trabajo y la fuente de alabanzas y ataques.

Las revistas especializadas estadounidenses al principio rechazaron sus fotos por el grado de perturbación que podía generar un tipo de retrato que de alguna manera estilizaba al enfermo y al pobre pero a su vez denunciaba su situación, las revistas europeas fueron algo más tolerantes y receptivas.

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La etnofotografía

La  elección de “qué” retratar y “dónde” hacerlo colocaban a Salgado en un camino cercano a la etnofotografía, como ese soporte documental del antropólogo en su visita y estudio a las distintas y distantes  comunidades. La mirada de Salgado podía aportar además de sus saberes técnicos y estéticos su conocimiento de economía y sociología.

En 1986 publicó su primer libro “Otras Américas”. Entre 1986 y 1992 realizó una de sus obras más importantes “Trabajadores”, luego vendrían “The Children” y “Migrations” en cuyo prólogo podemos leer: “Más que nunca considero que la raza humana es una. Hay diferencias de color, idioma, cultura y oportunidades, pero los sentimientos de las personas y las reacciones se parecen. Las personas huyen de guerras para librarse de la muerte, emigran para mejorar su destino, construyen vidas nuevas en tierras extranjeras, se adaptan a las dificultades excepcionalmente gravosas.”

La lista de trabajos se completa con “Génesis”, “Café”, “Polio”, “Éxodos” y “Retratos”.

Laborioso y paciente, puede tardar hasta siete años en sus series porque cree, como los antropólogos, que sus fotos son  verdaderas “intervenciones” en la comunidad que decide retratar. por eso son en blanco y negro para dotar de respeto y austeridad a las personas y a su medio.

Para Salgado el tiempo debe ser el justo, no importa lo que se tarde, lo importante es componer una narrativa coherente: “No vas y tomas una foto. Vas a construir una historia. A final de cuentas creo que los fotógrafos documentalistas somos gente a la que nos gusta contar historias.” En sus fotos busca  captar ese momento que sintetice la vida del retratado y la de su comunidad.

 

¿La belleza anestesia?

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A la par de los reconocimientos, también aparecieron los ataques como los realizados por el crítico Jean-François Chevrier del diario francés LE MONDE, quién descalificó el trabajo de Salgado acusándolo de hacer «voyeurismo sentimental» y de aprovecharse del sufrimiento de los demás para hacer arte. Esta acusación de hacer fotos a costa de la miseria de los otros se le ha reiterado a numerosos fotógrafos que se presentan como humanistas.

En septiembre de 1991, Ingrid Sischy escribe en su artículo en The New Yorker: “Proveer de un tratamiento estético a la tragedia es el modo más rápido para anestesiar los sentimientos de aquellos que lo están presenciando, Salgado está demasiado ocupado con los aspectos de composición de sus imágenes -y con la búsqueda de la «gracia» y «belleza» en la forma retorcida de sus angustiados sujetos. Y este embellecimiento de la tragedia resulta en imágenes que finalmente refuerzan nuestra pasividad hacia la experiencia de lo que revelan. La belleza es una llamada a la contemplación, y no a la acción.”, como si el fotógrafo pusiera en primer plano el gesto artístico y trasladar a la tragedia a un plano secundario, latente pero menor.

También Susan Sontag le realiza la siguiente crítica en una entrevista de presentación y promoción de su libro “Ante el dolor de los demás” (Alfaguara, 2003) “Una foto puede ser terrible y bella. Otra cuestión: si puede ser verdadera y bella. Este es el principal reproche a las fotografías de Sebastião Salgado. Porque la gente, cuando ve una de esas fotos, tan sumamente bellas, sospecha. Con Salgado hay otro tipo de problemas. Él nunca da nombres. La ausencia de nombres limita la veracidad de su trabajo. Ahora bien: con independencia de Salgado y sus métodos, no creo yo que la belleza y la veracidad sean incompatibles. Pero es verdad que la gente identifica la belleza con el fotograma y el fotograma, inevitablemente, con la ficción.”

 

Para una Estética de la denuncia

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Aquellos que hoy rechazan las fotografías de Salgado carecen de toda alternativa salvo el morbo y alguna que otra propuesta progresista / autoflageladora. Por otra lado se juzga a  Salgado por una foto o secuencia de fotos y no existe una crítica a la Obra Total esa que muestra el reverso de la fiesta financiera planetaria, esa que construye un mapa del sufrimiento, la desolación y el abandono en que sobreviven porciones inmensas de la población mundial, obligadas a emigrar y cruzar fronteras en busca de mejores perspectivas o para huir de la persecución política o racial.

La fotógrafa Michelle Bogre une todas las destrezas de Salgado y marca su influencia: “Lo ame u odie, ya sea que piense que es uno de los fotógrafos exploradores y grandiosos del  siglo XX, no existe un fotógrafo activista que no haya recibido la influencia de Salgado y su mezcla única de pasión y política, su insistencia de que las personas no pueden ser reducidas a tópicos y su manera de combinar el ojo del artista con la mente del economista y el alma del reportero.”

El propio Salgado aduce que: “Los fotógrafos son comúnmente acusados de querer protagonizar, colocarse en evidencia, pero son testigos; muchas veces, los únicos testigos en el local. Esos dramas, queramos o no, son el espejo de la sociedad, y los fotógrafos llevan ese espejo a todos lados.”

Y agrega: “He trabajado con varias organizaciones benéficas durante años. Cuando hice mi primer reportaje en Nigeria, por ejemplo, trabajaba con la organización francesa Comité Catolique contre la Faim et pour le Développement. También he trabajado mucho con Christian Aid en el Reino Unido. Pasé dieciocho meses en África con Médicos Sin Fronteras y se convirtió en mi vida. Llegamos al acuerdo con Magnum de que un porcentaje de las ventas de cada foto iría a la organización. Soy también embajador de buena voluntad de UNICEF y he trabajado mucho con ellos. Hace poco he hecho un libro con UNICEF y con la Organización Mundial de la Salud sobre el esfuerzo para erradicar la polio.

Sigue  “La más interesante función de este tipo de fotografía es exactamente esta: mostrar y provocar el debate y ver cómo podemos seguir adelante con nuestras vidas. El fotógrafo debe participar en este debate. No creo que hagas esto porque eres bueno o malo, o porque tengas una misión. No lo haces por ninguna de estas cosas. Lo haces porque es tu manera de vivir. Y al hacerlo te importas tú mismo, te importan tus hijos, tu esposa, las cosas que más amas en tu vida. ¿Cómo puede el fotógrafo documental ayudar a consolidar la supervivencia de toda esta gente y asegurar la supervivencia para las próximas generaciones? Los fotógrafos documentales tienen una porción de responsabilidad –deben provocar una dialéctica. No vas a un sitio para crear buenas imágenes o cosas hermosas. No se trata de eso. Tú tienes tu propia manera de mostrarlas y el fotógrafo debe aplicar su propio modo de mirar.”

Hoy sería ingenuo pensar que la fotografía y en general el arte están para cambiar al mundo, pero en su esencia necesitan confrontar con la imagen de “mundo feliz” que se empeña en vendernos el marketing visual de la usura internacional, por eso los Salgados con su paciente obstinación son fundamentales para seguir mostrando ese otro mundo que nos reclama la construcción de  nuevas solidaridades a escala planetaria.

Tal vez aquello que llamamos belleza no sea solo el resultado de meras destrezas técnicas, es una forma de encontrar esperanza entre tanta miseria y calamidad.

En las fotos de Salgado hay algo de aquel paraíso perdido que sin las resonancias bíblicas nos hablan de cómo debería ser la Tierra.

 

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