Un trabajo

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En los tiempos que corren, es (casi) moneda corriente la utilización de dispositivos tecnológicos en las artes escénicas. En su temática o en su construcción escénica, el teatro suele hacer uso (o algunas veces abuso) de ciertas formas de mediatización que reconocemos más propias del cine o la TV. Lo cierto es que esa inserción no siempre resulta  beneficiosa ni funcional ni armónica porque tiene mucho de postura o de gesto inútil. Nada de eso ocurre con Un trabajo que pone en funcionamiento una serie de dispositivos tecnológicos en pos de acentuar lo que se hilvana o se intuye o se insinúa a nivel dramatúrgico.

En el comienzo. En realidad, antes del comienzo, cuando ingresamos a la sala, vemos  un despliegue tecnológico  (cámaras, cables, pantalla, etc.) que, a priori, nos parece que se va a tragar todo, que va a apabullar de tal modo al espectador que nada de lo que ocurra con el cuerpo, con el aquí y ahora del cuerpo, va a traspasar esos mecanismos. Pero cuando la actriz empieza a hablar y a interactuar con ese otro que no vemos pero escuchamos, entendemos que ahí (en ese aquí y ahora) se está jugando algo de otra índole, que su presencia va a ser insoslayable y que cada gesto (contenido siempre por un plano medio, y en la pantalla, por un plano corto e incluso por un primerísimo primer plano) que haga o reprima se va a llevar toda la atención. Entre mirar su imagen multiplicada en la pantalla o mirarla a ella, elegimos lo último porque su cuerpo nos convoca y esa elección potencia lo “puramente” teatral.

Sabemos que para que el teatro acontezca es necesaria la coincidencia espacio temporal entre actores y espectadores. La obra pone en tensión ese presupuesto. Hay público (la sala llena), hay una actriz en escena y (como ya dijimos) su imagen multiplicada en la pantalla, hay otras imágenes que se cuelan y hay un actor que es sólo voz (¿Es sólo voz?). No está pero sabemos que está cerca, muy cerca porque vimos todo dispuesto en el hall del teatro pero elegimos entrar en el juego: en un precario set televisivo una mujer graba breves reflexiones sobre un tema determinado. En los descansos entabla una conversación, que irá subiendo de tono y tendrá una tensión creciente, con el hombre del control (en todos los sentidos posibles de la palabra, ¿Quién tiene el control? ¿Quién lo ejerce?).

Podríamos decir que eso es lo que ocurre en Un trabajo pero sería engañoso porque, en realidad, no se puede decir nada de lo que ocurre. Es tan abrumadora y tan despiadada que no puede dejarte sino lleno de preguntas (¿Qué cosa mejor podemos pedirle al teatro?). Tiene una hondura tal que le permite desplegar (sí, porque está llena de pliegues) una serie de temas que van desde el acoso laboral y las condiciones laborales en el sistema capitalista hasta la incomunicación, de las cuestiones de género al deseo.

Nombramos varias veces el cuerpo y de eso se trata: cuerpos presentes y ausentes, cuerpos intervenidos, cuerpos violentados, cuerpos deseados. Dijimos varias veces que sabemos pero no sabemos nada: Un trabajo te deja con esa única certeza.

 

Ficha técnica

Intérpretes, dramaturgia y dirección: Elisa Carricajo, Lisandro Rodríguez, Asistente de dirección: Manoel Hayne, Asistente técnico: Lucas Ciro Bustamante, Diseño gráfico: Lisandro Rodríguez, Diseño de espacio y dispositivo audiovisual: Matías Sendón. Coproducido por Elefante Club de Teatro. Funciones: lunes a las 21 hs, Elefante Club de Teatro, Guardia Vieja 4257, CABA.

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