El Farmer

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Un viejo, casi decrépito, Juan Manuel de Rosas toma mate junto al brasero en su “farm”, tal vez porque no hay una traducción para “estancia” al inglés y tampoco él vive ahora en una… Sin embargo, en escena no se ven campos, no se ven animales, a mí se me antoja casi el mascarón de proa, una punta de tierra, una lonja, leí hoy en una crítica en La Nación, “lonja” es un término muy apropiado para hablar de nuestra pampa…

Pero estamos en Inglaterra, más precisamente en Swanthling, muy cerca de Southampton. Tal vez la mayor licencia poética que se toman los adaptadores con respecto a la novela de Andrés Rivera es el tiempo: en el texto se indica claramente, se fecha el 27 de diciembre de 1871… Y en la versión teatral, es el último día de la vida de Rosas, también se explicita, es el 14 de marzo de 1877. Y quizás, además de licencia, haya también justicia poética en traer este soliloquio al que asistimos al momento final de su vida.

 

Me asombra al leer la novela cuán poco han dejado de lado del texto, es como si estuviera viendo la obra de anoche otra vez, las palabras de Rivera son poderosas, poéticas, y además machacan, vuelven como ha de volver el recuerdo en la memoria que se tropieza a cada rato con las mismas piedras. La decisión que toman los adaptadores es desdoblar a ese anciano del texto en dos personajes: el actual y el otrora “gobernador-propietario de la provincia más extensa y rica de América”. No dialogan, o sí, no podría asegurarlo, el narrador en primera persona de la novela está escindido pero al mismo tiempo es uno. Pompeyo Audivert arma un Rosas viejo con una composición que incluye manos, piernas, voz… Rodrigo de la Serna es Rosas joven, Manuelita, la madre, Encarnación, “patrona de estancia”, los peones ingleses, y todas las metamorfosis ocurren ante nuestros ojos, con algún movimiento de su cuerpo y de su capa.

La sala Casacuberta se me figura (estoy en primera fila) el espacio dramático ideal para ver esta obra, escuchar la música incidental del cello que acompaña todo el tiempo y se funde, se confunde. Pienso (no puedo evitarlo, mi compromiso es con la promoción de la lectura) qué excelente oportunidad para llevar a chicos de secundaria a escuchar otra historia sobre el vencido en Caseros, para que conozcan a un autor como Rivera y eventualmente puedan querer leer “La revolución es un sueño eterno” o “Ese manco Paz”. O poner en relación este texto con “La princesa federal” de María Rosa Lojo.

Todos textos que se abisman sobre nuestra historia no tan pasada, no tan lejana. La entrega de los actores es total. A la salida tenemos la oportunidad de felicitarlos a ambos, tienen una humildad y una sencillez notables y están felices con su trabajo. Casi tanto como nosotros como espectadores.

Recomiendo calurosamente esta versión sobre El Farmer, y si ustedes no leyeron el libro aún, podrán hacerlo antes o después, no tiene importancia, como bien saben los matemáticos, el orden de los factores no altera (ni un ápice) el producto.

EL FARMER, Andrés Rivera
Sala Casacuberta, Complejo Teatral de Buenos Aires. Avenida Corrientes 1530, CABA.
Adaptación: Pompeyo Audivert, Rodrigo de la Serna
Dirección: Pompeyo Audivert, Rodrigo de la Serna y Andrés Mangone
Funciones de miércoles a domingos, 20 hs
Silvina Rodríguez es la directora de Tierra de Libros; podés seguir su proyecto desde facebook: https://www.facebook.com/tierra.delibros

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