“La mirada del artista es una mirada poética”, Adriana Barenstein

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Cuerpo, ciudad y basura es un proyecto de intervenciones urbanas dirigido por los artistas Adriana Barenstein, Sergio Pletikosic y Juan Pablo Amato. Entrevistamos a Adriana para profundizar acerca de los alcances de este proyecto que, además, cuenta con el apoyo de Mecenazgo Cultural.

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¿Cómo juega lo efímero, lo pasajero en la relación cuerpo/ciudad/basura?

En este año 2015, el eje de Cuerpo y Ciudad es la “basura”: lo residual, lo desechado. Pensar cómo se cruza el cuerpo con la ciudad y la basura, tal vez es poner el ojo ?y todos los sentidos? en la circulación de los objetos en el espacio urbano, al establecer recorridos de uso y desuso. El consumo compra y tira. Se trata de poner la mirada en esos circuitos, en lo efímero y pasajero que se recupera para volver a construir. Ahí están los residuos, lo que no se puede ver, lo subvaluado, los desperdicios. Hay una energía para transformar la exclusión en inclusión, lo tirado y desechado en obra artística. Siempre es un juego de fuerzas, a veces centrífugas y otras centrípetas: el centro y la periferia. El intercambio entre lo significante y lo insignificante en el cuerpo que mira, observa, tira, cae, cambia, insiste, en una ciudad atiborrada.
Cuando decimos “la transformación de algo sin valor (¿basura?) en obra artística”, pensamos quién otorga el “valor”, quién dice esto sí, esto no. Los valores dominantes construyen miradas también dominantes. Mirar para quebrar y transformar desechos en obra es una búsqueda perceptiva y sensorial. Es la mirada del artista, es el descubrimiento de una mirada poética. La potencia de lo que está afuera, lejos, puede lograr transformar en obra lo expulsado. Lo periférico puede volverse centro. Ojalá podamos cuestionar la convención de qué es basura y qué es usable. Trascender la mirada convencional, y así lo fugaz y perecedero transformarse en objeto permanente y duradero, a través de las acciones artísticas.

En el 2014, el eje fue la memoria, ¿en qué sentido la basura también puede vincularse a la memoria?

El olvido desecha. Si olvidar es omitir, relegar, postergar, abandonar, tirar, ahí hablamos de basura. Entonces queremos encontrar, recordar, revolver en lo desechado, ya que refleja o reverbera lo que fue irradiado. El artista busca en ese estallido y regresa un nuevo objeto. El capitalismo y su poder de compra arma un contexto vital, un modo de producir, de descartar; piensa un mercado y modos de transportar esas mercancías en ese contexto vital con su poder de compra y efímera existencia. Hacer memoria, recuperar los desperdicios, las huellas materiales. Esos desechos también narran. Es un montaje a descifrar en toda su inestabilidad de continuos y azarosos choques.

¿Qué diferentes significados puede adquirir la memoria en relación con el cuerpo y la ciudad?

Hay infinitos circuitos de expansión y movimiento de los cuerpos que se trasladan y aglomeran en la ciudad, donde establecen complicadas interrelaciones. Es complejo entender los motivos de la asociación humana, la diversidad de las fuerzas de unión, desde una postura individualista. Los cuerpos en relación tienen una potencia creadora, siempre la tuvieron, y hay una energía en el ensamblaje que nos pone en condiciones comunes de existencia. Esa misma energía produce zonas de exclusión, con sus fuerzas centrípetas. Es ahí donde queremos hacer foco. Hay capas de memoria superpuestas, tiempos que inevitablemente salen a la luz cuando un artista “hace” obra. Es allí donde queremos estar. Si bien no podemos abarcar la dinámica de las ciudades y todo ese conjunto de interrelaciones entre los diferentes sistemas que la conforman, sí podemos profundizar, humildemente, al generar obra con mucha conciencia de los límites de nuestra propuesta. Habitar es protegerse, enraizar en un lugar propio que se transforma en el asiento de cada uno. Ese lugar se construye y se convierte en relevante. También se cierra, se abre y desecha, de acuerdo a las necesidades y circunstancias. Todo ese movimiento construye mundo y memoria; también identidad. Ese ir “construyendo familiaridad” en una gran ciudad, siempre tan desprotegida, es fuerza creadora. El arte abre mundo. Ese es el desafío. Recuperar lo desechado, resignificarlo.

Una de las actividades programadas para el proyecto es la performance/instalación Papeles con Graciela Martínez y Sergio Pletikosic, música de JP Amato y con con la dirección de Adriana Barenstein.

Contanos un poco en qué consiste Papeles.

Una montaña de papeles de diario, deshechos, restos ensamblados, basura espuma, basura océano. Los personajes, parte del basural, son cuerpos aquietados ahí, entre los papeles. Casi todo sale de esa montaña de cosas. Van sacando de a poco desperdicios: una canción rota, una voz quebrada, alguna frase perdida, varias cosas borradas, restos de alguna melodía, palabras de los diarios viejos. Esa montaña de papeles y basura es un mundo que se contrae para desplegarse ingobernable. El basural es un río revuelto que inunda, que los inunda. Ellos, él y ella, descifran los retazos, en medio de sus cuerpos y también en la frontera, en el margen, en el borde. Buscan algún testimonio en los papeles rotos, en los retazos de objetos que revelan otra vida. Son sobrevivientes.

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