“Un buen director tiene que apasionarse por crear un mundo”, Nicolás Pérez Costa

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Desde julio, se puede disfrutar de Burlesque al Cubo, dirigida por Nicolás Pérez Costa y con las actuaciones del propio Nicolás más Gabriela Bevacqua, Julieta Cayetina, Payuca Del Pueblo, Lowrdez y Nacho Medina, junto a un cuerpo de trece bailarines.

Con la estética del music hall y del café concert, con imponentes cuadros coreográficos y con canciones de los grandes musicales, el público disfruta de un espectáculo original. Nicolás Pérez Costa nos cuenta un poco más de Burlesque al Cubo y del trabajo detrás de la puesta de la obra.

Viendo el elenco y el cuerpo de baile, el de ustedes es un proyecto muy jugado para el circuito off, ¿no es cierto?

Lo es. Siempre intentamos, redoblar nuestras apuestas. Burlesque al Cubo se propuso como un espectáculo ecléctico, lleno de humor, gran despliegue coreográfico, técnico y de vestuario. Creo que el off es una circunstancia. Por supuesto, no pueden compararse las inversiones, pero se pueden hacer cosas a veces pomposas (que nada tiene que ver con la calidad) que atraigan a un determinado tipo de público.

En la obra, los dueños de un teatro en quiebra, hacen su último intento por salvarlo, convocando a sus antiguas amantes, ahora grandes estrellas, para montar un espectáculo que aseguran será un éxito; luego de reproches idas y vueltas, ellas aceptan.

¿Por qué retomás la estética del burlesque, del music hall y del café concert?

Porque he escuchado, he visto poco en vivo…, pero me parece que fue un espacio cálido para el espectador, donde uno puede tomar o comer algo, mientras disfruta de números musicales y pasos de comedia de gran contundencia. Buscamos que el espectador tenga nuevas sensaciones todo el tiempo que se renueven cada minuto.

¿Cómo insertás esos géneros en una obra para la actualidad?

Con gran cuidado y respeto, con actores maravillosos que entienden de los pasos de comedia, de tiempos, buscando nexos fuertes y contundentes, este music hall se mecha con lo que sucede detrás de escena entre los actores que lo están haciendo. Suceden cosas disparatadas. El vestuario de Cristian Martínez también jugó un papel muy importante, ha hecho una propuesta diferente moderna, un equilibrio entre una y otra época.

¿Cómo recibió el público una obra de estas características?

Por suerte muy bien. No paramos de reírnos y sorprendernos con lo que sucede. El certamen de talentos sumergido en el espectáculo, le da un marco interactivo, donde el público decide quién es el que continúa en el certamen. Es muy interesante cuando se rompe repentinamente la cuarta pared y el espectador pasa a ser un protagonista más.

Cuatro equipos competirán por noche, un jurado invitado salvará a uno y el público con un sistema de votación salvará a otro. Así, bajo este sistema de votaciones, en intervalos de ocho semanas, habrá un ganador.

¿Cuánto hay de parodia en tu espectáculo?

Todo es una gran parodia, de todo nos reímos: de nosotros mismos, de nuestras carreras, del teatro y sus dificultades, del amor, de los vínculos entre personas. Toma un toque muy paródico todo el espectáculo, asegura la risa.

BURLESQUE AL CUBO 4

Sos el autor, el director, actuás y sos el coreógrafo, ¿cómo coordinás estas tareas?

Hace un par de años que aprendí a convivir con todo eso… Me considero un teatrista y cuando la idea parte de mi cabeza, siento de algún modo que necesito pintar todo el cuadro. Actuar es una pasión y una manera de luchar contra esa sensación extraña que tenemos los directores cuando el barco pasa a manos de los actores. Coordinarlas no es sencillo, tengo un gran equipo de trabajo que lleva adelante las distintas áreas de un modo genial.

¿Considerás que un buen director tiene que haber pasado antes por otras actividades como la de actor o la de dramaturgo?

No, necesariamente. Un buen director, creo, tiene que saber ver más allá de lo que se está mostrando, tiene que ver el potencial en lo que las cosas podrían llegar a ser más allá de lo que son. Tiene que apasionarse por crear un mundo y unir el del actor con el del autor, no sé si hace falta pasar por otro oficio, hace falta una gran vocación.

¿Es más fácil dirigir la obra propia? ¿Por qué?

Son trabajos diferentes. Al dirigir la obra propia, uno no tiene dudas de estar intimando con la idea original del autor (uno mismo). En cambio, las obras de otros autores obligan a uno a buscar pistas en el texto que den a conocer la verdad de lo que el autor quiere transmitir; es apasionante. Las dos opciones me resultan maravillosamente complicadas.

Teatro El cubo
Zelaya 3053 – 4963-2568

Jueves 20.30
Localidades
$190 (Vip con plato incluido)
$150
$120

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