La piel de Venus

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Obra intemporal de uno de los mayores exponentes de la cinematografía mundial.

“La piel de Venus” (“Venus à la fourrure”) es la última película de Roman Polanski, que fuera presentada en el Festival de Cannes de 2013. Pese a haber transcurrido algún tiempo desde su estreno en Francia (noviembre 2013), el hecho de llegar con cierto retraso a nuestro país no afecta en absoluto el interés que sin duda despertará entre los cinéfilos locales. Prueba de su intemporalidad es que actualmente integra nuestra cartelera teatral con Carla Peterson y Juan Minujín en los roles de Vanda y Thomas, que en la versión cinematográfica protagonizan Emmanuelle Seigner y Mathieu Amalric.

Thomas es un director teatral, personaje que de ser más joven hubiese seguramente protagonizado el propio Polanski, que considera concluida su larga jornada de casting y a punto de retirarse del escenario recibe la visita de Vanda, empapada por la lluvia. Ella atribuye su llegada tardía a las inclemencias del tiempo y al tráfico y le pide que le haga una prueba, que los subtítulos traducen como “réplica”. El se resiste al principio pues además no cree que la mujer tenga el “físico del rol”, al ser bastante mayor que el personaje.

Aclaremos que la obra que intenta representar está basada libremente en un célebre libro, escrito en 1870 por Sacher-Masoch. Y también que del nombre del escritor se deriva lógicamente el término “masoquismo”, concepto que dicha obra claramente refleja.

Thomas finalmente cede, sorprendido porque Vanda conoce el texto teatral de memoria y porque incluso trae consigo ropa que corresponde perfectamente al personaje femenino de la obra. Es notable cómo se van invirtiendo los roles de ambos personajes, pasando ella de mujer sometida a dominante y de qué manera el director de “El pianista” logra mantener el interés a lo largo de una hora y media, con apenas dos intérpretes y un único ámbito donde transcurre la acción.

No es la primera vez que Polanski apela a un verdadero “huis clos” ya que en “El cuchillo bajo el agua”, su primer largometraje eran apenas tres los personajes en un velero y donde ya aparecía el tema del poder, algo recurrente en algunas de sus obras posteriores, por ejemplo en “Perversa luna de hiel”, también con Emmanuele Seigner, su esposa desde hace casi 30 años. Justamente “Un dios salvaje”, su película inmediatamente anterior también se centraba en unos pocos personajes pero lo que puede afirmarse es que en “La piel de Venus” alcanza su máximo minimalismo, valga el juego de palabras.

A quien piense que va a ver “teatro filmado” conviene aclararle que no es así. En cambio puede resultar una gran experiencia la que vivió este cronista cuando, tiempo después de ver “La piel de Venus”, leyó el libro de Sacher-Masoch y volvió a ver por segunda vez esta película, de uno de los mayores exponentes de la cinematografía universal.

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