La imagen perdida: la pala y la ideología

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La historia de algunos países nos son a veces tan ajenas y tan inaccesibles que hace falta mucho documental para entenderlas. En el caso más optimista, claro. Porque tampoco es por cantidad de imágenes que se accede a la verdad de la historia, sino más bien a través de la comprensión concreta de los hechos y los procesos, y los testimonios, que son sólo voces.

Se debe decir que no hay nada estrenado en Argentina de Rithy Panh este realizador camboyano, nacido en 1964 que estudia en Paris desde 1980, cuando llega desde su región natal trayendo una historia de deportación, terror y muerte. Sí se puede encontrar en Youtube, su ópera prima Site II, y alguna que otra película como Rice people de 1994 o la más reciente La machine de mort Khmer Rouge. Un leve paneo por algunos de estos documentales puede dar idea de la temática recurrente y una obsesión narrativa: la de la historia de sometimiento político y pobreza de su propio pueblo: el camboyano.

Este miércoles se inaugura nueva sala en Buenos Aires, la de la Filmoteca UMET del Centro Cultural Caras y Caretas y la película de apertura es la ultima Rithy Panh, se trata de La imagen perdida, estrenada en “Un certain regard” en Cannes y nominada al Oscar extranjero en el 2014.

Con registro diferente a sus trabajos anteriores, La imagen perdida es puramente autobiográfica, contada desde la mirada de un hombre de 50 años que a los 11 vivía en la ciudad de Nom Pen cuando fue sacudida en abril de 1975 por una revolución que arrasó con todo signo de burguesía y de individualismo, impuso el trabajo constante en los campos de arroz, postuló el fin de las diferencias sociales, el de la propiedad individual y arrasó con la idea de conocimiento intelectual: la práctica es lo único que tiene valor. Nada de ideas personales postula el regimen. Cuando los humanos sean libres, ¿seguirán siendo humanos?. ¿No es Kampuchea un laboratorio extraordinario de ideología? Vale aclarar que toda referencia a la ideologia para Rithy Panh refiere al comunismo, el socialismo, los brazos de Lenin, Stalin, Mao y el khmer rouge.

Esta retórica, plagada de frases entre didácticas y sentenciosas, manipula tres recursos fundamentales en su alegato anticomunista algo anacrónico: la imagen de archivo (inéditas la mayoría) de un blanco y negro rotundo; las escenas representadas por muñecos de arcilla que remiten al barro como único elemento de juego para los niños en los campos de trabajo; y por último la voz en over, excesivamente monótona, que sostiene toda la narración llevándola a lugares demasiado lúgubres y graves. El contraste entre el documental y la policromía de los muñecos se compensa en esa voz que en sólo en una ocasión se suspende: cuando retorna a un tiempo infantil en los estudios de cine.

La imagen de un niño a partir del recuerdo de un hombre, la imagen de un fragmento de película perdida o arrebatada, la imagen de la infancia como lugar perdido, la imagen tomada por un camarógrafo que lo lleva a ser asesinado por el gobierno del khmer rouge. Mezcla de Marx y Rousseau, comunismo integral más la vuelta al espíritu de los pueblos originarios: purificación y reeducación. El resultado: el de la construcciòn de una sociedad perfecta hecha a “pala e ideologìa” de la que el film de Pahn nos da una idea, sólo una de lo que sufrió un hombre en medio del torbellino de la historia.

Estreno: 5 de agosto – 20hs
Funciones: todos los miércoles de agosto a las 20hs
Filmoteca Metropolitana
Centro Cultural Caras y Caretas 2037
Sarmiento 2037, CABA

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