El peligro está en los vivos: Representaciones y omisiones en el cine argentinos 1976/1983

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El 10 de junio de 1993 se estrenó en el Normandie, con la asistencia de un grupo de notables la película de Lita Stantic Un muro de silencio. Lo sorprendente fue que cuando se pronuncian las palabras finales: “Todos sabían”, algunos de los notables no dejaron de hacerse escuchar: al parecer, ellos no sabían nada, nada de lo ocurrido entre 1976 y 1982. Por suerte, la otra película valiosa, Juan, como si nada hubiera sucedido (Carlos Echeverría-1987) se dio en la Lugones en un ciclo organizado por la revista Film. Durante el alfonsinismo el negocio de los desaparecidos constituyó un filón para el paupérrimo cine nacional. Por supuesto, faltaban más voces jóvenes..

Al libro de Fernando Varea El cine argentino durante la dictadura militar 1976/1983, se le añade ahora el texto de José Luis Visconti El peligro está en los vivos – Representaciones y omisiones en el cine argentino 1976/1983, que editara Tren En Movimiento, de Temperley. Visconti es un poeta y ensayista nacido en 1968 y que reside en La Plata. Es imprescindible que los cuarentones –y los que siguen en orden etario descendente- revisen un período que sigue demostrando, para bien o para mal, su perdurabilidad. Porque Argentina ya no fue la misma luego de aquel golpe de Estado.

EL CANSANCIO Y LAS VÍSPERAS

Si bien existe cierta conciencia con respecto al genocidio –y repetimos cierta conciencia- los de la franja veinte-treinta y cinco años, parecieran molestarse frente a la insistencia en un pasado que de ninguna manera es conveniente diluir en el posmodernismo. Para la mayoría de ellos –no todos- el pasado se fue, ya no existe.

El desapasionado libro de Visconti vivisecciona cuidadosamente lo que se ofrecía de manera nada inocente en materia de entretenimiento cinematográfico. Logra un recorrido por el tabú del sexo para quienes habitaban y habitan en el palacio dios-patria-hogar y se detiene en un capítulo que provocará controversias como es el del Mundial 78 –“los argentinos somos derechos y humanos”-.

Cansancio es la palabra justa para señalar lo siguiente: ningún golpe de Estado pudo darse en la Argentina del siglo XX sin la complicidad de buena parte de la población civil. Un paseo por el índice onomástico del libro de Visconti demuestra que, dentro del negocio del cine existían aliados de quienes sembraban el terrorismo de Estado.

POLÉMICA Y TROPEZONES

El problema radica no en el análisis que el autor realiza de películas revisteriles, las tits and ass, sino en las de mayores pretensiones. Nos parece correcta su teoría del encierro en el epicentro de la cual puede encontrarse La isla de Alejandro Doria –entre otras-. Lo que no llegamos a entender es el paralelismo entre Qué es el otoño de David José Kohon y La invitación de Manuel Antín. A Kohon lo obligaron a poner como fecha 1974, pero los guionistas Rodolfo Mórtola, Gustavo Bosser y el propio Antín tuvieron otra idea.

Veamos: la película se basa en la novela homónima de Beatriz Guido. En texto extradiegético la novelista había escrito:

“Un día tibio y gris de fin de otoño, el 20 de junio de 1973, regresa al
país Juan Perón. La recepción de sus partidarios se transforma en
masacre y, seguramente, pasará a la historia argentina como “la
“masacre de Ezeiza”.

Los guionistas de LA INVITACIÓN –una película producida por Graciela Alfano-, eligen el siguiente cartel extradiegético:

“El 20 de junio de 1973 se produjo en Ezeiza por la acción de minorías
armadas, un hecho de sangre que, como otros ocurridos en la última
década, ha sido testimonio trágico del empleo de la violencia en la lucha
por el poder”

Nadie obligó a estos guionistas, y en cambio sí ocurrió con la película de Kohon, a ampliar el espectro de la violencia con fines acomodaticios, ya que estábamos a fines de la dictadura, en 1982. Y la acción de la película producida por Alfano se ubica allá en los años 70, justo antes de la matanza de Ezeiza. Nos parece difícil encontrar en este producto de Antín algo que lo aproxime ni remotamente a Kohon.

Otro de los problemas surge con la versión que Enrique Carreras filmó de Los chicos crecen, la sempiterna obra de Darthés y Damel. Visconti cree que los N.N. mencionados con respecto al nombre de los chicos guardan alguna relación con el momento atravesado por el país. En verdad, cuando se estrenó la obra, en mayo de 1937 en el teatro París, el parlamento ya existía como también ocurre en la versión que Christensen hizo para Lumiton en 1942. Carreras había filmado esta remake en 1974 pero la aleatoria censura la había prohibido y, curiosamente, pudo estrenarse luego del golpe de Estado.

RELÁMPAGOS

Lo que El peligro está en los vivos.-título tomado de dos películas en apariencia inocuas- vuelve a ratificar el peligro que corría la juventud no adocenada y su universo simbólico. En la cuarta parte del libro, Los vivos muertos, Juventud y sexo en el imaginario de la dictadura, Visconti sostiene que “el discurso político de los militares procesistas intentaba ser contemporizador mientras arrasaba con todo atisbo de resistencia juvenil”.

De ahí la moralina que se desprende de los cantantes del momento, ubicables ahora en el canal Volver y que no son nada inocentes. En realidad, en el mundo de la imagen en movimiento lo que menos existe es inocencia. Es particularmente agudo el análisis de Juan que reía (Galettini-1976). A partir de esta película y de la soledad de un héroe extraviado por el robo del auto –llega a violar a su mujer-, se establece la ajenidad como
pauta social: el otro no me importa ni me interesa lo que le sucede. Este sálvese quien pueda, esta ausencia de solidaridad que prosigue hasta nuestros días, es otra de las marcas de aquella etapa que comenzó en los años 70.

Lo que realmente emociona en el caso de Visconti no es solamente que haya utilizado toda la bibliografía disponible, sino que, en ocasiones, ceda generosamente la palabra al rosarino Varea, por ejemplo, o al porteño Wolf. Se trata de una honestidad intelectual que merece destacarse. Es evidente que lucha, a su modo, contra el status quo que alguna vez intentaron imponer. Y, en ocasiones, lo consiguieron.

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