“La literatura es algo que uno tiene que elegir todos los días”, Sebastián Basualdo

0
31

Los cuentos de La mujer que me llora por dentro y de Fiel ?en sintonía con su novela Cuando te vi caer, que va por la segunda edición?, son las obras de este escritor que prepara su segunda novela y dirige la revista literaria Los inútiles (de siempre).

- Publicidad -

La charla con Sebastián Basualdo va a ser teléfonica. Marco su número y me atiende, solícito. Le pido paciencia de antemano; es la primera vez que entrevisto y, como no tengo grabador, voy a usar una aplicación que bajé en mi celular. Estoy nerviosa pero Sebastián es amable y habla claro, se nota su experiencia periodística: ya estuvo en el rol de entrevistador gracias a sus colaboraciones para Página /12 y el suplemento literario de Télam.

¿Cómo supiste que querías ser escritor?

Escribo poesía desde los doce o trece años, toda imitativa, por supuesto. Y muy mala; pero recuerdo que tenía una especie de compulsión frenética a expresarme, a tal punto que una vez un amigo me invitó a su casa y le escribí un largo poema en la pared de su habitación. Mi amigo y, sobre todo su madre, casi me matan. No seré nada original si digo que mi relación con la escritura está ligada con mi necesidad de leer. Recuerdo mi primer libro, a los nueve años: Mi planta de naranja lima, de Vasconcelos. Dedicarme a la escritura fue en realidad seguir haciendo lo que había comenzado de adolescente (ojo, no me refiero a escribir paredes ajenas), siempre tuve de alguna manera esa intención. Pero empieza con la necesidad de expresarme y al mismo tiempo de evadirme de la realidad. La literatura se convierte en un destino, dijo alguna vez Abelardo Castillo, porque es algo que uno tiene que elegir todos los días.

La primera edición de tu novela Cuando te vi caer, en la que tocás el tema Malvinas, fue en 2008, cuando el gobierno de Néstor Kirchner ya había reivindicado la figura del excombatiente. ¿Qué te impulsó a escribir sobre este tema?

Es una buena observación. Me interesaba especialmente la figura del excombatiente durante la década del noventa, la mirada social y política. Para eso necesitaba enmarcar la historia en una familia donde hubiera un excombatiente. Me obsesionaba la idea del fracaso, el relato de la pérdida, enmarcado en la tradición de un Fogwill y un Gamerro. No había absolutamente ningún reconocimiento económico ni psicológico, ni mucho menos social. La mirada de la sociedad sobre el excombatiente era muy conflictiva; no se sabía dónde ubicar el fracaso, dónde ubicarlos a ellos. Tengo la vivencia directa de haberlos visto pidiendo, vendiendo en los trenes, en los colectivos. Esto cambió radicalmente a partir del kirchnerismo, que además de darles una pensión, les dio obra social, etcétera. La novela es anterior, de la década del noventa, en que se generó la problemática de dónde ubicar el fracaso, teniendo en cuenta las características de la guerra.

Los relatos de Fiel conversan con tu novela. ¿Cómo nacen estos cuentos?

Lo paradójico es que muchos de ellos son anteriores; gran parte de estos cuentos pertenecen al primer libro (La mujer que me llora por dentro) y funcionan como una especie de reescritura. Hay textos nuevos, pero dialogan, es cierto, con Cuando te vi caer. Dialogan los personajes ya desde otra perspectiva porque el tratamiento que pretendo hacer es más bien del cuento cerrado, ligado a la literatura norteamericana. Así que cuando tuve la oportunidad de volver a publicar esos cuentos los pensé puestos en diálogos con Cuando te vi caer, que es algo que me interesa y que no es nada original: la cuestión de que los personajes se vayan repitiendo, se vaya armando una especie de cosmología literaria personal. En el momento de la corrección de estos cuentos, tenía esa idea de que volvieran a aparecer el personaje del excombatiente y el personaje principal, Lautaro Nogan.

Asististe un tiempo al taller de Abelardo Castillo. ¿Qué papel creés que tiene el taller literario en la formación de un escritor?

El problema con los talleres literarios es que hay de todo: buenos, malos, mediocres y hay estafadores. Tuve la oportunidad a los 19 años de hacer taller con quien creo es el mejor escritor argentino vivo. Los talleres para mí sirven. No tiene que ser un escritor reconocido, famoso. Incluso puede ser un escritor que no publique. Alguien que dirige un buen taller literario tiene que saber muy bien adónde va un escritor (en general son jóvenes) que lleva sus primeros textos, tener el oído necesario, la lectura necesaria para guiarlos en el armado de su familia espiritual literaria. Uno conoce a otros escritores, se inserta en el mundillo literario argentino que es muy chiquito. Y empieza a afinar un oído que para mí es importante: poder escucharse, poder trabajar el texto sabiendo que siempre va a estar necesitado de corrección. Pero no creo que convenga hacer un taller mucho tiempo. Me acuerdo de la experiencia que contó Abelardo en el primer número de la revista Los Inútiles, sobre gente que iba a una o dos clases de su taller sólo para ver cómo funcionaba y después se ponía el propio.

Hoy abundan las editoriales llamadas independientes pero también cada vez se escribe más. ¿Cómo hace un escritor que está empezando para insertarse en el mundo editorial?

Es muy difícil publicar, hay muchos que escriben. Los primeros libros no suelen ser buenos, aunque hay gente que escribe primeros libros buenísimos y también les cuesta; los editores no toman los manuscritos porque están tapados de obras. Una manera es ganando un premio, como el del Fondo Nacional de las Artes. Otra posibilidad es publicando en revistas, acercándose a gente que arma lecturas, como el grupo Alejandría; ir haciéndose más o menos conocido en el circuito y tratar de que alguien te dé una mano para llegar a una editorial: Bajo la luna, Entropía, Eterna cadencia, editoriales que están sosteniendo la literatura argentina en lo que significa la calidad literaria.

¿Cuál es tu rutina de escritura?

Tengo que hacer todo lo que hay bajo el sol para sobrevivir, así que no tengo una rutina. Escribo cuando puedo, cuando tengo un ratito entre todas las actividades que hago. A la noche, a la mañana, en un bar, cuando llego; no tengo ya ese espacio que tenía a los veintipico en que me podía dedicar mucho más. El momento es cuando tengo un espacio; ahí lo habito, trato de desenchufarme y escribir. Ahora estoy con una novela nueva, así que voy trabajando a los saltos.

¿De qué trata esta nueva novela?

La novela se llama Todos los niños mienten y va a salir por Galerna este año. No está terminada aunque le dije al editor que ya casi estaba. Se trata de tres chicos que se enamoran del personaje femenino ficticio, y eso les genera un problema en la amistad. En realidad hablo de la amistad entre tres chicos a partir del enamoramiento de una chica que no existe.

¿Qué autores son fundamentales para vos y con cuáles te sentís cercano en cuanto a estilo o temáticas?

Con la literatura norteamericana sobre todo. Si tengo que pensar en un cuentista, pensaría en Sallinger, en Carver, en Cheever, en Chejov. Si pienso en novelistas pienso en Lawrence Durrell (El cuarteto de Alejandría), Henry Miller, Malcom Lowry, Thomas Mann, Proust… Son muchos y van variando las familias espirituales. Al principio uno queda maravillado con cierta técnica literaria o trabajo de la prosa. A Borges no lo nombro porque me parece más que evidente, no se puede no estar enamorado de la prosa de Borges.

¿Qué otras cosas hacés para vivir además de escribir?

Trabajo en Página/12 y en el suplemento literario de Télam. Ahora estoy en el Ministerio de Cultura en la parte de prensa, doy clases en un colegio secundario y en la facultad. Estoy haciendo todo lo que no tendría que hacer para seguir escribiendo.

Se dice que los jóvenes no leen, o que no leen obras de calidad.

Los grandes tampoco leen. Se compran muchos libros pero se lee poco. Todo el mundo escribe pero nadie lee. Veo en mis alumnos los síntomas de esa no lectura que tiene que ver con su problemática con la escritura: los errores ortográficos, su relación con lo textual, con la compresión. Lo que veo en mis alumnos, sobre todo universitarios, es que piensan que con una lectura ya pueden empezar a subrayar, y la comprensión de un texto implica, por lo menos, tres o cuatro lecturas antes de empezar a subrayar. La velocidad de Twitter, de ciertos soportes digitales, se trasladó para corromper un hábito de lectura y de modo de pensar la lectura académica y literaria.

Sebastián Basualdo dirige la revista Los Inútiles (de siempre) que sale en forma cuatrimestral, y trabaja en este proyecto con Nicolás Mazía Hendl y Luis Mey, entre varios otros. En la web de la revista citan a Isidoro Blainstein para explicar el espíritu de la publicación: “¿Para qué sirve un poeta? Según el lugar desde donde se formule la pregunta, para nada. Como dijo Oscar Wilde, todo arte es inútil. Todo poeta es inútil y para algunos familiares de poetas todo poeta es un inútil. Pero, o porque, si se formula la pregunta desde otro lugar, el poeta trastrueca la familia y los familiares, vuelve útil lo inútil y cuando el viento sopla por los ojos da vuelta la red, la seda de los párpados”.

Está por salir el cuarto número de la revista Los Inútiles. Tiene una particularidad que es que te acercás al escritor desde un lugar más íntimo…

Sí, la idea es entrevistar escritores que de alguna manera tengan relación con este autor elegido, ya sea amigos, lectores, parejas, y generar entrevistas que muestren aspectos del escritor que no aparecen en la obra, o que no aparecen de forma evidente. Ir más al hombre que a la obra. Hasta ahora nos está yendo de maravillas, porque lo hicimos con Abelardo Castillo, Alejandra Pizarnik, Luis Gusmán y estamos viendo si el próximo número se lo dedicamos a María Elena Walsh.

¿Cómo deciden a qué autor dedicar cada número?

Es completamente azaroso, de acuerdo a nuestros gustos literarios. Discutimos, tardamos mucho en elegir. Con el único que nos pusimos de acuerdo enseguida fue con Abelardo Castillo, después con el resto fue más difícil, pero como pensamos seguir un tiempo más esperamos poder agotar a todos los inútiles literarios.

¿Cómo se sustenta una revista en papel en una época donde hay tantas publicaciones online?

No tenemos publicidad; en el último número sí hubo un apoyo de Edhasa para los libros de Luis Gusmán, pero se sustenta con la propia venta en las librerías y en la página web.

No hay comentarios