Mia Madre y la posible alegoría de una nación

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Mía Madre tuvo su estreno internacional en el último festival de Cannes 2015 donde fue colmada de elogios. Si en La habitación del hijo tenía una sospecha de alegoría, en Mía Madre la confirmo. Si bien no soy partidario de la lectura alegórica por simplista y por efecto de la “Maquina Borges” (que la consideraba menor a la hora de realizar una interpretación de un texto literario) mi opción por una lectura de este tipo es política.

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Margherita Buy es una directora que en pleno rodaje vive una situación familiar difícil, su madre se está muriendo y su círculo afectivo no alcanza para contenerla en lo que parece una crisis (se pelea con su novio, su hermano se dedica exclusivamente a su madre y su hija es una adolescente típica). Además, la película que filma se ha complicado porque su protagónico (divo extraordinario de John Turturro) no logra insertarse en el papel y en la cultura de rodaje de la directora.
¿De qué trata la película? De la crisis económica que vive Europa, un empresario estadounidense fellinesco decide comprar una fábrica que se encontraba a punto de cerrarse a pesar de la lucha obrera ¿qué se tematiza?, ¿qué se filma?. Por un lado la acción social y la militancia obrera te de los obreros frente al atropello de un histérico empresario y las dificultades para representar una crisis social de una manera panfletariamente realista, allí encontramos la otra crisis en grado estético ¿cómo representar la crisis?.

La madre allí juega una especial función, profesora de latín que vive una soledad fantasmagórica, y el latín como legado histórico de una cultura que no puede ser aprendida por su hija Livia (libido) y que no logra justificar la misma Margherita.

Si en La habitación del hijo se mostraban los peligros para la persona/sociedad cuando se nos muere el futuro en Mía Madre Moretti se pregunta qué función cumple la historia de un pueblo, su legado cultural para elaborar una crisis socio espiritual como la que vive Italia/Europa.

Margherita no sólo vive su crisis personal sino la de carecer una estética para narrar su (la) crisis, una insatisfacción doble a resolver. Es la crisis del cine social de Europa que se encuentra en plena efervescencia de experimentación de lenguajes que sea potentes y movilizadores a la hora de mostrar lo que se quiere ocultar/negar.

Desde la ficción austera de Dos días una noche de los hermanos Dardenne hasta el documental crudo de Loznitsa en Maidan y la narración fantasma del portugués Pedro Costa en Cavalo Dinheiro, Europa, toda, es un laboratorio de estéticas de cómo narrar la historia y la sociedad.

En ese plano también resulta llamativo que Nanni Moretti ofreciera para representar a su alter ego a una mujer (una sobria Buy) interpretando el papel de hermano austero con una actuación minimalista, como si quisiera objetivar su propia práctica y desde allí reflexionar sobre el cine.
Es tanta la crisis de representación y su consiguiente asfixia que producen los lenguajes que la nombran, que Moretti pone en la voz del histérico personaje de Turturro una frase que lo resume todo “Quiero salir de aquí (el rodaje), quiero volver a la realidad”.
Quizás eso que llamamos realidad, que es lisa y llanamente una interpretación, nos exige para su comprensión la utilización de todos los recursos disponibles, en ese sentido la alegoría (con Dante Alighieri como uno de su cultores más brillantes) pueda ser reinventada para contar (nos) aquello que nos angustia de esta realidad que necesita evitar la destrucción del futuro y del olvido de una historia.
Pensar de dónde venimos y adónde vamos es reflexionar para reconstruir una identidad y para disminuir la incertidumbre que genera una crisis, por eso al final del film cuando a la mía madre del título le preguntan ¿en qué piensa? Ella simplemente contesta “En Mañana”.

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