Hacia un cine regional dominicano

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El factor de la centralidad juega muchas veces un papel funesto en el proceso creativo, ahogando el florecimiento artístico de las periferias por la incapacidad de aquellos que reciben las luces de la atención y las adulaciones del éxito.

Esa equivocada actitud tiene sus raíces en una malentendida principalía que se corona como líder y guía de las artes, en faro del saber, en factótum de la cultura, esos enanos mentales adoradores de la burocracia.

Estamos en una era en donde el acceso a la información es la norma que democratiza el conocimiento, merced a sus largos tentáculos indiferentes a las jerarquías y las barreras, solo atento a la búsqueda de un terreno fértil, de una comunidad en donde la idea creativa sea su principal activo.

Esas facilidades tecnológicas tienen mucho que ver con el abaratamiento de los costos, la disponibilidad de los equipos, que junto a esas informaciones a la mano, crean la tormenta perfecta para producir obras cinematográficas en los centros y las periferias del país.

Ciudades dominicanas como Santiago, Puerto Plata y La Romana, etc., poseen los talentos y las condiciones para aportar películas, cortos y documentales a la industria audiovisual, como de hecho lo hacen.

Otras poblaciones más pequeñas como Bonao y Jarabacoa, en algún momento produjeron una que otra obra, pero no se han mantenido en el tiempo, y en esta industria la continuidad y la sostenibilidad, además de otros factores, determinan la viabilidad de los proyectos.

Santiago es la segunda ciudad en importancia de la República Dominicana. La segunda a donde llegó el cine en nuestro país y uno de los centros que mueven la economía quisqueyana, con gran activismo cultural, lo que no es poco decir.

Otros de los hitos históricos de esta ciudad es contar, si hacemos caso al historiador José Luis Sáez, con la primera mujer directora en la persona de María Steffani, por allá por los años 20 del siglo del pasado. Santiago también nos legó al cineasta Jean Louis Jorge, ido a destiempo, que dirigió la Serpiente de la Luna de los Piratas (1972), Primer Premio en el Festival de Cine de Toulon, Francia, y Melodrama (1976), entre otras películas de gran impacto visual.

En nuestros días Santiago cuenta con escuelas como la Academia Solez donde se forman talentos audiovisuales, los directores, actores y productores. El Joven festival de Cine IFFIC, congrega a cineastas nacionales y extranjeros, además de ser esta ciudad sub-sede del Festival Internacional de Cine de Funglode, que también apuesta por la descentralización aunque dicho festival se origina en Santo Domingo.

La Romana está situada en el este de nuestra isla, en una zona de gran conciencia social por sus antecedentes obreros que busca abrirse camino en los senderos de las artes cinematográficas con las iniciativas del cineasta Monchi Herrera, un Quijote caña en mano en busca del celuloide que tanto deseamos.

Este incansable actor, director, productor y personaje destacado de la Asociación de Cineastas de la Romana, ACINERO, organiza La Romana International Film Festival -LRFF-, un festival con raíces nacionales pero con visión internacional, que premia lo más destacado de las producciones participantes con su hermosa Caña de Oro. La Escuela de Cine La Romana garantiza la formación de los talentos y técnicos de esta ciudad.

Lo más reciente de este colectivo, además de la producción continua de cortos, es la iniciativa “La Flor del Este” para capacitar a los cineastas en la producción de documentales, con el apoyo del Ministerio de Cultura y la Iniciativa de Proyectos Culturales del mismo.

Puerto Plata es la puerta de entrada del cine a nuestra tierra cuando en 1900 el italiano Francesco Greco exhibe sus titilantes películas en el Teatro Curiel, y además tierra natal de Camilo Carrau, destacado publicista y actor en la primera película dominicana La Silla. Por lo tanto, no se justifica el languidecimiento del séptimo arte en la “Novia del Atlántico”.

El grupo Actúa Pop y el gestor cultural Francys Frica, unen fuerzas para impulsar la formación fílmica que sostenga el renacer de las imágenes en la ciudad puertoplateña sobre bases firmes y sostenibles que aporten su cuota a la economía local.

La organización del Primer Congreso de Cine en Puerto Plata es el pistoletazo de salida en el buscado despertar de la producción de cortos y de filmes por y para esta ciudad de tan distinguido pedigrí cinematográfico.

La riqueza de las narrativas fílmicas regionales asoma en los horizontes de las pantallas dominicanas y los organismos pertinentes como el Ministerio de Cultura y la Dirección General de Cine, DGCINE, están y deben seguir pendientes de las propuestas de estas voces del interior de nuestra isla.

Es asumible el costo del apoyo a esos proyectos por parte del estado dominicano y la empresa privada, pues serán ambos los beneficiarios del éxito económico y estético que pudiesen obtener si reciben los soportes correspondientes.

Si se entiende que las industrias audiovisuales nacionales aportan contenido a la cinematósfera, también es posible verlas como movilizadoras de las economías regionales. Ahí estriba la importancia de estas iniciativas.

La producción de un cine de este tipo, trae a la luz elementos de las culturas provinciales del país que no reciben los mismos niveles de atención ni se tratan con los detalles precisos en las temáticas expuestas en los filmes y cortos.

Hacer un cine regional, construir una industria local que produzca cine a partir de las necesidades económicas, culturales y sociales de nuestras provincias, es apostar por el desarrollo cinematográfico general de un país.

Publicado originalmente en Vanguardia del Pueblo 

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