Desnudos fotográficos: Robert Mappletorpe y Sally Mann

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Pero llamó Yahvé Dios al hombre diciendo: “¿Dónde estás?” Y este contestó:
“Te he oído en el jardín, y temeroso porque estaba desnudo, me escondí”

 

El siguiente trabajo tiene como principal objetivo tratar el desnudo no sólo en la fotografía sino en el arte en general, pero sin perder de vista dos casos puntuales: el de Robert Mapplethorpe y Sally Mann. Ambos fotógrafos norteamericanos han incursionado en el desnudo con maestría desde perspectivas muy diferentes, aunque encontraremos algunos puntos en común. También veremos las polémicas que generaron y cómo fueron blanco de fuertes críticas y censuras debido a su particular manera de encarar sus retratos. Y este es uno de los puntos que también tocaremos: no sólo el estilo de cada artista desde el punto de vista formal, sino cómo este género es propenso a controversias cuando los autores parecen desafiar los cánones establecidos. A pesar del extenso corpus de imágenes del que disponemos, no contamos con gran cantidad de material bibliográfico, por lo que el presente trabajo tendrá un carácter sobre todo interpretativo. Sin embargo, comenzaremos nuestro análisis apoyándonos en John Berger, quien nos ofrece un panorama más amplio del desnudo como género, sobre todo en la pintura occidental.

En Modos de Ver, John Berger explica los rasgos más característicos del desnudo en la pintura europea, en la cual la mujer siempre fue objeto de deseo del espectador-propietario de la obra, en la mayoría de los casos, varón. Esta estructura está tan establecida en nuestra cultura que constituye hasta el día de hoy la conciencia de muchas mujeres. Las mujeres, como dice Berger, “(…) supervisan su propia feminidad. Hacen con ellas mismas lo que los hombres hacen con ellas (Berger 2004: 55)”. Es decir, el espectador ideal siempre fue el hombre y la mujer estuvo destinada a halagarlo, alimentando su apetencia sin tener ella misma apetencia propia. La mujer retratada siempre es consciente de que la contempla su verdadero amante: el espectador propietario. Es decir, en los desnudos europeos encontramos las pautas y convenciones que han llevado a considerar a las mujeres como objetos, o mejor dicho, objetos visuales.

Ya que justamente los primeros desnudos de la tradición representan a Adán y Eva (quienes cobran conciencia de su desnudez por haber comido de la manzana), Berger ilustra esta idea con el pasaje del génesis que condena a la mujer:
Y Dios dijo a la mujer: “Multiplicaré los trabajos de tus preñeces. Parirás con dolor los hijos. Y buscarás con ardor a tu marido. Que te dominará”.

Sin embargo, Berger nos aclara que en otras tradiciones no europeas –el arte hindú, el arte persa-el arte africano, el arte precolombino- no conciben el desnudo de esta manera. Y si alguna obra representa un amor sexual entre dos personas, lo más probable es que se muestre a la mujer tan activa como el hombre.

Por último Berger nos propone un experimento: elegir una imagen de algún desnudo tradicional y transformar la mujer en hombre, ya sea mentalmente, ya sea dibujando sobre la ilustración. Se notará entonces la naturaleza violenta de esta transformación. No violento para la imagen en sí, sino para las ideas preconcebidas del que la contempla. No es necesario hacer ningún ejercicio mental, podemos tomar como ejemplo a Las Tres Gracias (ya sean las de Rafael, Rubens o Bouguereau), a las cuales nuestro ojo occidental está tan acostumbrado, y contraponerlas con Le Tre Grazie de Wilhelm von Gloeden, uno de los primeros fotógrafos del siglo XX que comenzó a romper la visión machista de los roles sexuales en el arte. Y es justamente de estos fotógrafos de quienes Robert Mapplethorpe tomará, mucho tiempo después, inspiración para sus fotografías homoeróticas.

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Utilizaremos lo propuesto por Berger como punto de partida para adentrarnos en la obra de Mapplethorpe, quien parece romper con todas estas convenciones. Robert Mapplethorpe nació en Nueva York en noviembre de 1946. Si bien desde mediados de los años 60 había producido obras de arte para variedad de medios de comunicación, fue en la década del 70 cuando comenzó a tomar sus primeras polaroids. Después de adquirir una Hassalblad de formato medio, Mapplethorpe se dedicó a la fotografía como único medio de expresión, concentrándose mayormente en retratos masculinos, causando controversia por sus imágenes de explícito contenido sexual. Sus retratos femeninos son escasos en comparación a la gran cantidad de desnudos masculinos. De hecho, retrató casi exclusivamente a la fisicoculturista Lis Lyon ya la cantante Patti Smith, con quien colaboró para tapas de sus discos.

Si bien Mapplethorpe odiaba ser catalogado como “artista gay”, su ascenso a la fama a fines de los años 70 se vió paralelamente acompañado por la integración y asimilación de la estética gay al panorama cultural. Se escribieron ensayos en los que se hacía referencia a “Las décadas Gay” (The Gay Decades) o a la “homosexualización de Norteamérica”. La Asociación Psiquiátrica Norteamericana adoptó una resolución en 1973 según la cual la homosexualidad dejaría de ser considerada una enfermedad psiquiátrica. Esto se encuentra en estrecha relación con las convenciones y normas del desnudo como género expuestas por Berger.

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Dice Patricia Morrisroe en su biografía de Mapplethorpe: “Los derechos de los gays y los movimientos feministas contribuyeron a liberalizar el desnudo masculino; por fin, las mujeres podían contemplar fotografías de hombres desnudos en revistas como Playgirl, difuminando con ello las fronteras entre el sexo que contempla y el sexo contemplado (Morrisroe 1995: 223)”. Es decir, durante años el desnudo masculino se había visto reprimido hasta el punto de que cuando se hablaba de “desnudo”, se hacía referencia al desnudo femenino. En estos años se llevaron a cabo exposiciones en las cuales se incluían fotografías realizadas tanto por hombres como por mujeres, lo cual desató importantes debates acerca de las nociones sexistas según las cuales los hombres tenían que proyectar una imagen de poder y las mujeres otra de pasividad.

Sin embargo, a pesar de esta mayor apertura norteamericana en cuanto a la sexualidad explícita en el arte, no fue fácil para Mapplethorpe hacerse su camino en diferentes galerías que todavía se horrorizaban ante sus fotografías sadomasoquistas, mientras que él argumentaba que sólo le interesaba fotografiar los deseos privados de las personas.

Entre otras cosas, Mapplethorpe era un apasionado por las anatomías acentuadas y exageradas. Patti Smith cuenta en su biografía que, ya en sus años como dibujante, el joven presentaba gran admiración por la obra de Miguel Ángel, más puntualmente por sus Esclavos (a quienes más tarde fotografió). No sólo llegó a retratarlos sino que sus fotografías de desnudos fueron expuestas en la Galleria dell´ Accademia en Florencia junto con el David y otras esculturas de Giambologna, en una interesante propuesta curatorial que hizo dialogar las fotografías del neoyorkino con las obras renacentistas que fueron su inspiración. Según Kelly Edey, un historiador del arte cercano al artista “Cuando los antiguos pintaban o esculpían la imagen de un dios, a menudo se servían de partes aisladas de distintos modelos: una mano o una pierna o un rostro. Robert, en su calidad de fotógrafo, no podía hacer tal cosa, por lo que se veía obligado a encontrarlo todo reunido en una sola unidad personal. Perseguía el ideal platónico (Morrisroe 1996: 241)”. Finalmente Mapplethorpe encontró los atributos físicos que tanto buscaba en hombres de raza negra, lo cual también le valió varias críticas que afirmaban que explotaba y cosificaba a sus modelos negros, a las cuales el fotógrafo respondía “Tiene que ser racista. Yo soy blanco y ellos negros. De algún modo tiene que haber una diferencia, pero no tiene por qué ser negativa”. Es decir, si bien la amplitud del público para asimilar ciertas obras (en este caso desnudos) va cambiando, pareciera que en cierto punto el artista siempre debe “dar explicaciones”.

Pasemos ahora al caso de Sally Mann, fotógrafa estadounidense nacida en 1951 en Virginia. Sally Mann presentó sus primeros trabajos a fines de la década del 80. Al igual que Mapplethorpe (salvando las distancias) Sally Mann también fue acusada de pornógrafa por los grupos cristianos conservadores de su país. Pero en este caso la acusación se torna algo más grave, ya que la artista dedicó gran parte de su producción a retratar a sus tres hijos Jessie, Emmet y Virginia, desnudos. En la mayoría de las fotografías sus tres hijos (de entre 6 y 11 años de edad) son retratados en actividades típicas de la vida diaria, juegos, escondidas, pesca en el lago, etc. Sin embargo, algunas de sus fotografías se tornan más sugestivas y podríamos hasta dudar de su espontaneidad. Desde niños lastimados a causa de algún accidente, una de sus hijas “fumando” un cigarrillo de chocolate, Jessie recostada desnuda en un sillón en claro homenaje a la Olimpia de Manet, o Virginia recostada sobre el regazo desnudo de un adulto. Sally Mann parece extraer una especie de adultez en los niños que retrata. Y en cuanto a las críticas, pareciera a veces llamativo lo poco que los artistas dicen (o quieren decir) de su propia obra. En este caso, la fotógrafa nos dice que ellos (sus hijos) simplemente se paseaban desnudos por la casa en verano, cuando hacía demasiado calor, al igual que los otros niños.

En conclusión, no estamos poniendo en discusión aquí si los artistas son o no “pervertidos” (creo que no lo son). Pero sí es interesante cómo el artista pareciera no ser ingenuo a la mirada de los espectadores, a las posibles críticas, a la recepción de la obra, incluso cuando se excusan diciendo que sólo retratan los deseos de la gente. Lo cierto es que el desnudo, aunque parezca una obviedad, remite a un terreno en el que muchos no aceptan ciertas transgresiones y de ahí las fuertes acusaciones hacia artistas que simplemente nos muestran lo que siempre está ahí, dentro de todos, por mucho que se lo quiera negar.

Para finalizar, cito la frase con la que concluye Dirty Pictures (2000), una película de Frank Pierson que relata justamente las terribles dificultades (legales) que debe atravesar el curador de una exhibición de fotografías de Robert Mapplethorpe:
“Todos tenemos un tío loco, tías muy raras e hijas ninfómanas. La vida real no es normal. La idea de que vivimos en un mundo perfecto, que nada arruga la superficie, que todo es muy hermoso, y llegan esos terribles artistas a enseñarnos cosas horribles, es una ficción. El mundo no es así. La vida real es tempestuosa, difícil, llena de aberraciones y repleta de disturbios. Es el lugar común donde vivimos experiencias personales. Y quien lo niegue, está mintiendo. Así que me parece increíble que lo que sucede en nuestras vidas privadas, queramos negarlo. Es algo que fingimos que no sucede. Y cuando los artistas intentan reflejar eso, los culpamos.”

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