La casa de los Borges en Adrogué

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“Sólo que me queda el goce de estar triste, / esa vana costumbre que me inclina / al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina”. Así termina Jorge Luis Borges su poema “1964”, y esa esquina de la que habla no es más que la de Plaza Brown 301, en Adrogué. La casa que perteneció a la familia es el único lugar en el mundo en el que haya vivido el autor abierto al público.

Cuando llego a la casa, lo primero que me llama la atención desde afuera es su austeridad. Fernando González Oubiña –coordinador de Patrimonio cultural, del Museo y Archivo histórico y de Casa Borges– me recibe con mucha calidez y empezamos un recorrido que, en rigor de verdad, es un adentrarse en la vida y en la obra de Borges. Lo despojado de la casona –no es un museo de objetos que hayan pertenecido al autor? invita a profundizar en su historia y a sentir el espíritu borgeano en cada rincón: “En cualquier parte del mundo en que me encuentre, cuando siento el olor de los eucaliptos, estoy en Adrogué. Adrogué era eso: un largo laberinto tranquilo de calles arboladas, de verjas y de quintas; un laberinto de vastas noches quietas. De algún modo yo siempre estuve aquí, siempre estoy aquí. Los lugares se llevan, los lugares están en uno. Sigo entre los eucaliptos y en el laberinto, el lugar en que uno puede perderse”.

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El chalet cuenta con ciento cincuenta metros cuadrados cubiertos y cien de parque. La idea es recorrerlo a partir de las menciones o de las alusiones que de Adrogué podemos encontrar en los textos de Borges. En un cruce constante de biografía y obra, recordamos cuentos como “El sur” o “El hombre de la esquina rosada”, poemas como el mencionado “1964”, o nos enteramos de la relación entre la ciudad, los laberintos y los espejos. Al escritor y a su madre les encantaba salir a caminar por las diagonales y perderse por las calles de los alrededores en un recorrido laberíntico en el que nunca sabían dónde terminarían. Además, antes de ir a Plaza Brown, los dos se habían alojado en el hotel La Delicia (que el autor prefería llamar Las Delicias, en plural). De ese lugar, Borges recordaba un gran salón de espejos: “Sin duda me miré en aquellos espejos infinitos. Muchos argumentos, muchas escenas, muchos poemas que he imaginado, nacieron en Adrogué o se sitúan en ella. Siempre que hablo de jardines, siempre que hablo de árboles, estoy en Adrogué; he pensado en esta ciudad, no es necesario que la nombre”.

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Escuchar a Fernando o a Teresa López –también coordinadora, licenciada en Letras y bibliotecóloga– es un placer no solo por lo que ellos saben, sino por la pasión que ponen al contarlo: los amigos; las mujeres de Borges y las declaraciones de amor platónico del autor; la ceguera; la relación con la madre; la figura de Norah, su hermana; la revista Prisma, el ultraísmo, todo eso es solo una parte de una historia que todavía habita ese espacio y que, de una u otra manera, se termina conectando siempre con Adrogué.Casa 6

 

La casa, además, se ve enriquecida por la intervención de destacados artistas plásticos como Jorge Aranda, Fernanda González Latrecchiana, Lilí Esses, Gloria Cruz, Magdalena Bravo y Elisa Menéndez. Por mencionar algunas de esas obras artísticas, los árboles de la vereda y del patio están recubiertos de textiles que se relacionan con la ceguera de Borges y los colores, y conducen a un mural en la entrada donde se refleja la preferencia del autor por los tigres; hay también en el patio una escultura del escritor, un mural que recrea el lomo de sus libros y la transcripción de uno de los que él consideraba uno de sus mejores poemas, “Everness”; en el mismo patio hay una intervención sonora que recrea un laberinto acústico para trabajar desde otro plano uno de los grandes motivos borgeanos.

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Adrogué tiene mucho de Borges y él, sin dudas, vivió allí muchos de los mejores momentos de su vida: “El antiguo estupor de la elegía / me abruma cuando pienso en esa casa / y no comprendo cómo el tiempo pasa, / yo, que soy tiempo y sangre y agonía”.

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Casa Borges

Plaza Brown 301
Visitas: lunes a viernes de 10 a 16
sábados y domingos de 16 a 21

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