La Liria Soviética

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Liria y su literatura recargada, siempre llegando, en esta nueva entrega de La Niña Soviética que nos acerca Borde Perdido Editora, un bello emprendimiento cordobés, que por calidad y corazón, hay que apoyar.

Voz engañosa la de la literatura, verdad de perogrullo. La Niña Soviética, Mujer, rememora en tiempo presente, como si aún no dejara de suceder porque está construyéndose, finalmente autora, firmando el pacto ficcional para hacernos cómplices a la vez que jura que es la pura verdad…

Tres armaduras de clave tiene esta pequeña partitura desde la cual quizás se pueda desorganizar la escucha de esa lectura del recuerdo. Apunto aquí, en esta pantalla:

1- La relación con el diario íntimo. La Niña Soviética fue primero un blog, que como todo el mundo sabe es un espacio digital (ya a esta altura de las redes sociales, casi casi vintage) donde volcar escrituras sumamente personales pero vocacionalmente públicas e ilimitadas en su alcance, que están fechadas de manera precisa (la fecha es justamente el principal criterio editorial para estos dispositivos), y a la vez abiertos a todo tipo de comentarios que suman los lectores. Pero en la versión papel también hay poemas, pequeñas inscripciones de las otras caras del yo (la cara del amor, seguramente, ya lo puso en imágenes y sonidos, otra grande que acunó nuestra infancia: “el amor tiene cara de mujer”).  Entonces, esta clave tampoco encasilla, como dice la propia Liria: “La voz define al género…”, y hablando de eso estamos.

2- El proceso de territorialización que implica. Géneros, territorios, literaturas menores dentro de mayores, esta es una escritura que registra un modo de poner el cuerpo, de recorrer, derivar, cruzar calles, encarnar subjetividades en un mapa propio y efímero que se reconfigura con cada nueva palabra, se sobre imprime a cualquier mapa real. De Urquiza a Floresta, primer exilio de la adolescencia a la adultez, rito de pasaje de adentros afueras, desordenando y contradiciendo cronologías y topos, alterando cualquier intento por Historizarse. Pero también están los otros territorios, los que no queremos recordar a veces, pero vuelven puntuales, en esa Floresta volteada hacia atrás por el horror de haber contado con dos campos de concentración, El Olimpo, Orletti, a falta de uno, o de ninguno, mejor.

3- Las prácticas cotidianas. En la presentación del libro del pasado 16 de julio en el Centro Universitario de Idiomas, la autora habló del Angel de la Historia benjaminiano, como modelo inspirador, matriz de origen teórico que ilumina sus propias visiones.  Como maestra total que Evangelista ha logrado ser, tiene muy claro que lo único vivo, punto de partida, es lo micropolítico, las anécdotas pequeñas y anodinas que agencian ramalazos que pueden llevarnos críticamente hacia algún lado. Melodramatizar la experiencia, como modo de personalizar lo político porque no hay otro modo de hacerlo propio, con esa sensualidad tan mental que tiene nuestra escritora.

“Soviética”, un gentilicio que ya no existe más que como categoría política-histórica-geográfica del pasado, sólo en el pasado, que subsiste porque se vuelve afectiva. “Soviética” pertenece a un Estado que no existe más, como la Niñez, que se añora y se recrea en el goce del paraíso perdido y soñado. Que era lo que queríamos demostrar.

 

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