Esperando a Godot, Samuel Beckett, en El Tinglado

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Esperando a Godot (1952), de Samuel Beckett, es uno de los textos más representativos del Teatro del absurdo. La soledad, la angustia existencial, el vacío de la propia vida, la amistad son algunos de los temas que recorren la historia de Vladimir y Estragon, dos vagabundos.

Con la dirección de Rubén Pires y con una nueva traducción hecha especialmente para esta puesta, la obra lleva al extremo la ansiedad y la incertidumbre frente a la espera. Durante 90 minutos, asistimos una y otra vez a la repetición de situaciones y de diálogos. Si hay que esperar, es necesario llenar el tiempo de alguna manera: por medio de rituales, hablando de lo que sea con palabras muchas veces carentes de sentido o apostando a lo lúdico como otra de las tantas formas de acortar la duración de los días.

La vida de Vladimir y Estragon es absolutamente monótona, lo que acentúa el nihilismo que subyace detrás de la espera. ¿Quién es Godot? De él solo sabemos que vendrá al día siguiente, como nos avisa un enviado suyo. Es entonces la indefinición de este personaje lo que permite que como espectadores le otorguemos diferentes significados según nuestros propios deseos, porque además, los dos vagabundos somos todos nosotros, seres que habitamos en un mundo irracional del que poco sabemos y que pocas certezas nos ofrece.

La obra explora, además, el tema de poder y de la necesidad que se genera entre el que manda y el que obedece, tanto que los roles se invierten a menudo y no sabemos quién es quién. Pozzo y su esclavo Lucky son los representantes de esta interdependencia y muestran –como también ocurre con los dos protagonistas? que la soledad debe llenarse a toda costa, porque es peor no contar con nadie para enfrentar la angustia de vivir.

Esperando a Godot 4

El lenguaje y las situaciones nos remiten constantemente al absurdo: las repeticiones, el humor, la ironía, los pasos de baile, lo corporal y el propio vacío de la palabra. Dice Rubén Pires que “en esta pieza Beckett comienza a producir su teatro a partir de la erosión del lenguaje y búsqueda de la desecación del mismo. Su poética es una poética de la sustracción”, y en este sentido, no hay escapatoria: nada, ni siquiera la palabra, puede trascender, todo termina demostrando la inutilidad del decir y del hacer.

La puesta, despojada como la que proponía el propio autor, es muy simbólica. Los pocos elementos en escena, en especial el árbol, son polisémicos. “Llegamos a la conclusión de que estamos ante un autor que desconfía de lo que las palabras tienen por decir como denotadoras de la realidad y nos propone otras vías para develar lo que está detrás de ellas”, agrega Pires. Cuanto menos se muestra, más se habilita a la interpretación personal, a la propia búsqueda personal.

Las actuaciones de Gerardo Baamonde, Carlos Lipsic, Eduardo Lamoglia, Héctor Díaz y Sebastián Mouriño son excelentes. Todos les ponen el cuerpo a sus personajes porque más allá de los textos la obra requiere un esfuerzo físico extra, un compromiso que va más allá de la palabra.

Beckett nunca defrauda y esta versión en El Tinglado, sin dudas, es un gran trabajo de dirección, de puesta y de adaptación.

Ficha técnica

Autor: SAMUEL BECKETT
Traducción y Adaptación: RUBÉN PIRES Y HUGO HALBRICH
Actores: GERARDO BAAMONDE, CARLOS LIPSIC, EDUARDO LAMOGLIA,
HECTOR DÍAZ, SEBASTIAN MOURIÑO.
Vestuario: MECHA URÍA
Escenografía: URÍA-MOURIÑO-LIPSIC
Asistencia de Dirección: DAII ÁLVAREZ-SEBASTIAN MOURIÑO
Prensa: SIMKIN FRANCO
Duración: 90 minutos

FUNCIONES: Miércoles a las 20.30
TEATRO EL TINGLADO: Mario Bravo 948
DURACIÓN 90 MINUTOS
ENTRADAS: $150 Estudiantes y Jubilados: $100

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