La casa hiperbólica, Claudio García Fanlo

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“No soporto la simetría, me angustian los ángulos rectos y aborrezco el misterio de las paralelas”, afirma Hugo Cozzi y, en consecuencia, crea la casa hiperbólica: un lugar donde las coordenadas espacio/tiempo son relativas.

El argumento de la novela es simple: Orestes recibe como herencia la casa que le deja su amigo Hugo, un excompañero de la Facultad de Arquitectura, e inicia un camino que tiene un poco de detectivesco, otro poco de conocimiento interior y mucho de aquello a los que nos tiene acostumbrados H. P. Lovecraft. Como dice Claudio García Fanlo en el prólogo (imposible no leerlo), la novela pone de manifiesto el dispositivo Lovecraft, aunque no en Arkham o en Innsmouth, sino en un pueblito perdido en la Ruta 2, rumbo a Tandil. Precisamente, uno de los méritos del libro es hacer verosímil un universo de fenómenos sobrenaturales en un escenario casi a la vuelta de la esquina.

Otro de los aciertos de la novela es el trabajo con los narradores que duplica la alternancia entre dos tiempos y dos espacios: los capítulos en tercera persona narran la historia de Orestes que da paso a otros que cuentan la de Hugo Cozzi, en primera. Ambos relatos confluyen en la casa, pero en dos dimensiones diferentes, en dos planos paralelos en el espacio pero en tiempos distintos. De este modo, la hipérbole se establece como el recurso eje alrededor del cual se construye el texto: la dualidad se expande, se multiplica, se exagera hasta en lo visual, ya que hay, incluso, una letra diferente para los capítulos de cada uno de los dos personajes centrales. Todo es doble: dos personajes, dos narradores, dos espacios y dos tiempos en una misma casa, y dos tipos de letras.

Claudio García Fanlo no solo adapta los mitos de Cthulhu al Buenos Aires moderno, sino que los combina con la propia adaptación que de aquellos hace Jorge Luis Borges. Esta novela tiene mucho del cuento “There are more things”, en especial lo que se refiere a la mirada, a la imposibilidad de comprender la realidad cuando escapa de los parámetros con los cuales estamos acostumbrados a ver lo que nos rodea: “No se puede describir el caos. Acaso tampoco aquello que resulta aberrante a los sentidos (…) No tenía frente ni puertas a la vista. Desde cierta perspectiva parecía un cono elíptico. Le costó un rato entender que aquello que tenía delante simplemente era una casa”.

Decíamos unos párrafos más arriba que el libro tiene algo de camino interior, de búsqueda. Y es que la casa y todo lo que la rodea también termina transformándose en un encuentro de Orestes consigo mismo, una especie de vuelta de tuerca al universo lovecraftiano, el sello García Fanlo que convierte a La casa hiperbólica en un producto original, muy buen exponente del fantástico moderno.

Ficha técnica

La casa hiperbólica, Claudio García Fanlo, Oráculo ediciones, 2015, 120 págs.