Asterisco 2015: Jenni Olson

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El Festival Asterisco nos ofreció, entre otras cosas, un compendio de la obra de la videoensayista Jenni Olson, (nacida el 06 de octubre 1962) con 6 films de distinta duración con distintos temas cruzados y muy bien conjugados: la ciudad de San Francisco, su pasado, la militancia queer y los deseos de una voz en off transformada en un fantasma que cubre la narración apareciendo y desapareciendo como los mismos enigmas que encubre la realidad sociocultural de un lugar llamado Cine o San Francisco que para el Hitchcock de Olson es lo mismo.
homo promo
Homo Promo (1993) es un montaje sobre los tráiler de películas de Hollywood que tematizaban la problemática gay y lesbiana, la mayoría estrenadas entre 1968 y 1972. Desde clásicos hasta comedias livianas la forma de aproximarse resulta muy interesante en esta recopilación de 27 trailers, entre ellas las excelentes Perdidos en la noche (1969) o La caída de los dioses (1969) de Luchino Visconti. Olson ya anunciaba en este trabajo el análisis cultural sobre la problemática queer usando al cine como artefacto privilegiado.

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Golde gate
The Joy of Life (2005) se centra en distintas y distantes imágenes del Golden Gate y su altísima tasa de suicidios y varias preguntas a realizarse, ¿La “gate” del nombre es una puerta a otra dimensión? ¿Si se hicieran cambios para evitar toda muerte se evitarían los suicidios? ¿No son las megaconstrucciones como el Golden Gate, Empire State o Twin Towers manifestaciones de ciertas autoprofecías ocultas de todo Imperio?

Meep Meep (2001) y Blue diary (1997) con duración de 6 y 1 minuto son el contrapunto de ese yo deseante y la ciudad, historias de amores sin destino, esquivo y el relato como único y evanescente testimonio.

575 Castro St (2008), es genial por lo simple y emotivo. Sobre el mismo decorado armado para la película de Gus Van Sant “Milk”, Olson pone la última grabación del mismo Harvey Milk , el resultado es estremecedor, la voz, el cine y la historia concentrados en 7 minutos con una última palabra “Hope”…nada más que agregar.

 

jenni olson El camino real

The Royal Road (2015) es la última película de Olson, y su más logrado proyecto. Presentada en el último BAFICI, San Francisco es su objeto, la carretera o camino real es su vía de relato y su yo lirico es como si fuera la misma falla de San Andrés, que como un sismo deseante todo lo trastoca. El relato piensa la relación del film Vértigo de Alfred Hitchcok con la historia colonial y mexicana de California.
Ese camino real simboliza toda una decisión de poner al descubierto la Historia Social y la historia personal, es un camino “real” por la realidad y también “Real” por la jerarquía de objetos que pone al descubierto.

madelaine
Madelaine, el personaje de Kim Novak en Vértigo, cree ser la reencarnación de Carlotta Valdez, una hermosa mujer española, resucitar y encarnar lo muerto es una línea de interpretación que Olson lleva al plano sociocultural, la autora cree entender que la coordenada de despojo norteamericano al pueblo mexicano producto de la guerra está relacionado con la inscripción patriarcal y homofóbica. Como en una película de George Romero, lo muerto vuelve para vengarse.

El Camino Real es un ensayo poético en tensión entre lo personal y lo social, entre lo Real y lo real, entre la nostalgia y la actualidad enmarcados en escenas urbanas que parecen detenidas en el tiempo, en un color sepia que acrecienta el aura de la melancolía de aquella belleza de lo histórico inexplorado.

El Camino Real es una obra mayor con líneas de trabajo que conjugan la reivindicación gay, la des ocultación de un pasado ominoso, de una matriz que al negarse vuelve como las mascotas de alguna novela de Sthepen King luego de ser enterradas en algún cementerio indio.

Es apasionante estas líneas de pensamiento que conjugan Topos e Historia, pensemos en las dos temporadas de True Detective una en los pantanos de Lousianna el Sur esclavista y la segunda en el ficticio condado de Vinci de San Francisco el Oeste Español, lo sagrado que cubre lo monstruoso para empoderar lo oculto. Y cuanto más negamos el pasado, eso vuelve en la ficción de varias formas, o como un sanguinario asesino serial, como “pájaros” asesinos (recuerden el Bodega Bay de la película de Hitchcock que está en San Francisco), el ambiente oficia así como una partícular psicosfera.
Lo político viene a suturar esa falla, viene a buscar lo históricamente negado, la ciudad entonces ya no es un escenario apocalíptico con una puerta, que aunque de oro, solo es sirve de tránsito a un valle de sombras.
Las calles se visten de cantos y color, todo nace en un pequeño comercio de fotos en la calle castro, donde Milk en su derrotero por los derechos civiles hizo sin duda estremecer al mundo, con el mismo espíritu con el que el periodista John Reed hablaba de aquella Revolución Rusa.
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