Tekoporã: un museo adentro de otro.

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El arte indígena y popular del Paraguay llega al Museo Nacional de Bellas Artes, instalando desde la institución Museo una discusión-pregunta que debería estar, creo yo, zanjada: ¿cuáles son los límites del arte? Más de 200 piezas pertenecientes a la espléndida colección del Museo del Barro en Asunción, Paraguay, despliegan sus materialidades y experiencias respondiendo a aquel cuestionamiento inicial: no puede dejar de reconocerse la diversidad cultural. La palabra que se elige para llamar a esta exposición abre toda una dimensión en torno al “buen vivir colectivo o/y el vivir con belleza” TEKOPORÁ . Un ethos de los pueblos. Victoria simbólica de los “sectores subalternos”, de los históricamente excluidos y victoria cultural de sus prácticas, para volver a pensar una de las guerras más desvastadoras de fin del siglo XIX de las que este año se cumplen 160 años: la de la Triple Alianza Brasil, Argentina, Uruguay vrs Paraguay.

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“Nada más ajeno a un Museo de Bellas Artes que la presencia de obras cuyo propio estatuto de “arte” es discutible y cuyo sentido de la belleza es por entero diferente al que moviliza la sensibilidad occidental y, muy especialmente, la vinculada con el canon académico.” dice Ticio Escobar en el texto curatorial. La idea es atravesar el Museo para llegar al “otro Museo”, el de Barro, nombre sintomático si puede haberlo: el barro se deshace (si se quiere). “Una posición de solidaridad con los derechos culturales alternativos y una apuesta a la suerte de culturas sitiadas, aunque abiertas obstinadamente a la expectativa de porvenires más favorables.”, sigue diciendo Ticio.

Hace 5 años habíamos hecho en Leedor una nota sobre este Museo, el Museo del barro, modelo para el arte de Latinoamérica, cuyo acervo se compone de más de 4000 piezas que datan desde el siglo XVII hasta la actualidad. La muestra Tekoporã  en el MNBA capta el espíritu de ese recorrido temporal: entre las obras producidas en los ultimo años, lo contemporáneo, y las piezas del siglo XVIII no institucionales. Ambas se fundamentan entre sí, se entrelazan de manera de romper con las cronologías impuestas: el arte contemporáneo plantea la ruptura de la concepción de la autonomía del arte.

No hay autonomía en Tekoporã . La museografía y el montaje responden a eso. Hay entrelazado, expansión de formas y colores, situaciones recorribles, visibles e históricas, organizadas en torno a materiales y sus usos: “un atuendo ritual ishir, aunque repita de manera casi idéntica patrones precolombinos, será contemporáneo mientras continúe socialmente vigente, mientras mantenga alerta el esplendor de sus formas y siga despertando ecos y desafiando la mirada.” vuelve a decir Ticio Escobar.

El amplio espacio de la sala del Museo Nacional de Bellas Artes nos propone un recorrido casi circular: empezar por las producciones en cerámica para terminar en la primera transculturación, la de la santería popular cuyo puntapié inicial fue la de las producciones seriadas de las misiones jesuíticas y franciscanas de origen barroco y que produjo  sus consecuentes hibridaciones. Entre ambas puntas, y promediando el recorrido, hay un pasillo oscuro que nos mete en un espacio de naturaleza a través de gigantografías de la selva y sonidos de pájaros cuyas plumas son utilizadas primero para confrontar el arte canónico occidental y reafirmar la pertenencia étnica del indio. El esplendor llega a su máximo momento seguramente en el arte plumario: toda una vitrina expone coronas, gargantillas, ajuares.

 

plumas

 

Luego, el pasaje que reconstruye el mundo natural y volvemos a salir a zona de rituales: la que el pueblo chiriguano hace anualmente para propiciar buenas cosecha, una danza guaraní que incorpora máscaras y  sones andinos mezclados (últimamente) con música popular paraguaya. Las máscaras de raíz de timbó representan a los enemigos de los guaraní: los bandeirantes, saqueadores de pueblos, y a los indígenas guaycurú, raptores de mujeres.

 

ritual

 

mascara

 

 

cristosmuseodelbarro

 

 

 

Cristo de la Divina Sangre, de Zenón Pérez Esquivel (1992)
Cristo de la Divina Sangre, de Zenón Pérez Esquivel (1990)

 

Algunos nombres de artistas desbaratan ciertas producciones resguardadas en el anonimato del concepto de taller: el primero es Ignacio Núñez Soler y su óleo de casi dos metros de largo que reúne rostros de revolucionarios, reinas de belleza, artistas, sacerdotes y maestros, anónimos o pensadores europeos, luego la mirada naif de las tallas policromadas de Cándido Rodríguez, o Zenón Páez Esquivel.

Prácticas culturales, religiosas, rituales que ponen un llamado de atención sobre la instancia regional cuando la globalización pareciera devorarlo todo.

Por todo esto esta es una muestra que no se puede dejar pasar.

 

 

piedad
La Piedad

 

 

 

sansebastian
San Sebastián

 

 

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San Son y Devoto de San Blas

 

 

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TEKOPORÃ, ARTE INDÍGENA Y POPULAR DEL PARAGUAY
Colección Museo del Barro
Finaliza el 13 de SEPTIEMBRE 2015

HorariosDe martes a viernes de 11.30 a 19.30 Sábados y domingos de 9.30 a 20.30

Visitas guiadasDesde martes 21 de julio a domingo 20 de septiembre, de martes a domingo, 16.00

Sala 40 “Pabellón de exposiciones temporarias” (planta baja)