Ant-Man: el hombre hormiga

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eIdeal como liviano entretenimiento en vacaciones de invierno

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Con tantas películas de superhéroes en los últimos tiempos, para aquellos no adictos a este género “Ant-Man: el hombre hormiga” debería ser a priori un producto desdeñable y por ende no “consumible”.

Y sin embargo, y pese a sus limitaciones, ésta podría ser una oportunidad para pasar un momento entretenido, por ejemplo, para quienes pasen sus vacaciones de invierno en casa…sin viaje programado.

El comienzo de “Ant-Man” nos muestra al científico Hank Pym, un Michael Douglas muy rejuvenecido representando a un hombre de unos 45 años (tiene setenta) indignado pues su joven segundo le ha arrebatado la propiedad de su ex empresa. Darren Cross/Yellowjacket, tal su nombre es interpretado por Corey Stoll (Hemingway en “Medianoche en Paris”).

Todo gira alrededor de la fórmula de la partícula PYM, descubierta por el investigador, cuya mayor virtud es poder transformar a un ser normal en alguien diminuto del tamaño de una hormiga, de allí el título.

Para aquéllos que tengan una inclinación científica vale la advertencia de que la explicación del éxito de la fórmula respondería a que logra reducir la distancia entre átomos. Y obviamente esta explicación es absolutamente ridícula, pero como estamos viendo un film fantástico puede ser tolerada o por lo menos pasada por alto.

La acción avanza unos 25 años y ahora Pym/Douglas (en buena actuación) ya es un hombre mayor cuya hija Hope (Evangeline Lilly) trabaja con Cross, para irritación de su padre.

Es el momento de introducir a Scott Lang, a quien vemos abandonar la cárcel de San Quentin, al haber cumplido tres años en prisión por un crimen menor, que no sería un “robo” sino “hurto”, como se ocupa de enfatizar repetidamente.

Scott, un Paul Rudd en muy acertada labor, reencuentra a su colega de correrías (Michael Peña, en otra medida interpretación) quien intenta que vuelva a la ilegalidad, pero se niega a hacerlo. Su mayor preocupación es recuperar el cariño de su pequeña hija Cassie (la deliciosa Abby Ryder Forston),cuya madre y ex esposa está ahora en pareja, nada menos, que con un policía (Bobby Cannavale).

Claro que su condición de ex convicto jugará en contra de Scott quien al final será convencido por Pym para convertirse en el “hombre hormiga”, lo que le permitiría a su nuevo jefe vengarse de Yellowjacket y a él acercarse a su hija.

De allí en más, habiendo apenas transcurrido un cuarto de film, se desata la acción cuando nuestro héroe se calza el traje de “ant-man” y mediante un sistema de botones logra repetidamente reducir su tamaño y volver a la normalidad, enfrentando a un secuaz de Cross de similares atributos.

Nunca mejor empleados los efectos especiales ya que la vida de un ser diminuto obviamente no está exenta de peligros, como cuando cae en una bañera y alguien abre la canilla. Y como ese efecto habrá muchos más incluyendo la “amistad” que traba con las hormigas, incluyendo una voladora a la que bautiza “Ant-Thony”.

El realizador Peyton Reed (“Abajo el amor”, “Viviendo con mi ex”, “Sí, señor”) sale a flote, como Scott de la citada bañera, en su primera película con el sello Marvel, cuyo notable creador Stan Lee (93 años!) tiene su habitual cameo como un barman, aunque también se lo vio en “Avengers: la era de Ultrón” y en obras anteriores.

Una advertencia final y ya clásica: no se vaya apenas empiezan los títulos si quiere enterarse de cómo podría seguir la serie “ant-man”.