“Me gusta escribir según el cuerpo, contra el cuerpo, ante el cuerpo”, Cristina Lobaiza

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El 3 de julio se estrenó Soñar con cocodrilos de Cristina Lobaiza, quien además actúa con su hija, Mercedes Arce. Cristina es Licenciada en Psicología, poeta, dramaturga, escritora y artista visual; publicó varios libros, hizo muestras colectivas e individuales y recibió numerosos premios. En esta entrevista nos habla de la obra, de la experiencia de trabajar con su hija y de su militancia en el feminismo.

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¿Qué desafíos propone para ustedes compartir un escenario?

Nosotras compartimos un proyecto donde sobre el escenario se ligan dos recursos y dos lugares: el cuerpo de una actriz / la hija y el texto de una escritora / la madre. En ese barco nos encontramos con un primer desafío que fue dejarnos “intervenir” por el dato biográfico que compartimos (es decir, la pertenencia a un grupo familiar), para poder ir contándonos una historia, que se fue tramitando a partir del texto original de manera de poder transformarlo, en primer lugar, en dramaturgia, luego en puesta en escena y por fin en lo que estrenamos el 3 de julio, una obra de teatro.
Un segundo desafío giró en torno a la relación que se establece con la propia biografía, en donde entran en conflicto el deseo de decir algo del orden de una verdad propia que sea capaz de incluir y convocar a otros, es decir, que trascienda el plano de lo personal, por un lado; y la necesidad de guardar silencio, de velar la historia, de cuidar el pudor de una intimidad, por el otro.
Si a esto le sumamos la complejidad del vínculo madre e hija parece que ha sido una tarea muy difícil, pero no fue así. Tal vez porque nosotras venimos trabajando, digamos, tenemos un entrenamiento en nuestro vínculo, que incluye al director, que es parte de nuestra familia. Nos queremos, nos admiramos y compartimos una elección por la verdad a lo largo de momentos que han sido muy difíciles, una suerte de “honestidad autobiográfica” que nos ha hecho marca.
Y seguramente, desde un lugar menos autorreferencial, en este hacer posible esta deriva, ha sido fundamental la presencia de Javier por su talento, su formación y su trabajo como director de la obra, capaz de “alojar” estos recursos —cuerpo y escritura—, y estos lugares —madre e hija— en un pacto tan potente como riesgoso, por la particularidad del argumento vincular entre los tres, por esta historia tan dolorosa que nos convoca en esta ocasión y por la intensidad del que plantea el tema de la obra.

Lobaiza 2    (Fotos: Ph Javier Pistani)

¿Qué imágenes de la mujer construye Soñar con cocodrilos?

En Soñar con cocodrilos una sola mujer, en escena, se ofrece para construir, desplegar y contener un relato de lo plural contado en singular. Nos referimos al plural en las voces de mujeres que moran en este unipersonal, diferentes no solo entre ellas sino aún dentro de sí mismas. En este contexto, la obra presenta tres propuestas de mujeres: la que se pretende fuerte en la mascarada de clase y la impostura, y se revela fragmentada y vulnerable en el trance misterioso de su muerte; la que parte de una posición de gran debilidad y se inventa a sí misma en una dimensión de fortaleza que a veces es cierta y a veces es puro semblante; y la mujer cuyo cuerpo asume todo el peso de la trama, partida entre dos mundos, el más acá en donde habita y el más allá de su madre. Estas tres propuestas se juegan dramáticamente en dos pares vinculares emblemáticos de lo femenino y con un potencial de conflicto enorme: la madre y la hija / la patrona y la sirvienta, La Gabriela, devenida La Gaby, curiosamente, la única de todas las mujeres de la obra que tiene nombre.

¿Con que significados aparece el cuerpo?

Tal vez el tema de la obra sea el tema del cuerpo de las mujeres. En Soñar… nos encontramos con cuerpos de mujeres que se pronuncian (con diferentes argumentos) en su cualidad de cuerpos expropiados, cuerpos para otros. De vivir y de morir sin saber que el cuerpo es propio, y que una es su cuerpo, de esto se trata Soñar con cocodrilos.
Y en esa estampa se juegan, en un clima onírico, moroso, intenso, un cuerpo en retirada, el cuerpo de la madre recién muerta, un cuerpo partido al medio, el de la hija; y un cuerpo inventado para la ocasión, el de la mucama devenida pedicura y masajista, la que pega a su nombre la ocupación conquistada y la pone a ser, en adelante y para el que la quiera escuchar, todo junto y de corrido lagabypedicuríamasaje.

¿Cuáles son los temas que te obsesionan o que te persiguen en tu producción?

Sin duda la relación entre escritura y cuerpo es un tema que me hace pregunta y que está presente en todo mi trabajo en literatura, plástica y teatro; una inclinación personal que me ha permitido advertir que se escribe con el cuerpo, y además, percibir una inclinación personal: a mí me gusta escribir según el cuerpo, contra el cuerpo, ante el cuerpo. En esta línea he advertido que la articulación escritura-cuerpo funciona a menudo al modo de una mirilla desde donde fabrico tanto las estructuras como los esquemas de producción de mi obra. Del otro lado de esa mirilla, no como una intención o un interés previo, sino como algo que sucede, me encuentro desplegando temáticas que se refieren a las mujeres: modos y modales que toma el sufrimiento, formas de amar y de querer, vínculos con el poder, maneras de esperar, de obtener, de resistir que son compartidas por las mujeres.
Yo diría que, dentro de esos mundos, mi mayor afición a la hora de escribir esté en la exploración de la intimidad, de la subjetividad, de la domesticidad. Y en los últimos años ?pienso yo que esto ya se me irá pasando, eso espero?, he vuelto una y otra vez a escribir la muerte de mi madre, una muerte que yo respeto profundamente, y dentro de ella ?digo?, dentro de esa muerte, exploro la dimensión de naufragio, pero a la vez la dimensión de condición, de precio que se paga, de decisión tomada.

¿Qué te llevó a escribir Soñar con cocodrilos?

Soñar con cocodrilos es la adaptación para el teatro que hicieron Mercedes Arce y Javier Pistani, sobre un texto mío, inédito, que se llama Estamos bien. Ese texto es una prosa poética que en su forma original, en el año 2010, fue muy breve y potente. En la lectura de esa primera versión Mercedes resultó muy impactada y empezó a trabajarlo en sus espacios de entrenamiento actoral. Un par de años después, ella y Javier me pidieron que lo expanda porque les quedaba medio justo de espalda para lo que querían hacer, de manera que retorné a esa pieza para escribir y calibrar la versión final que me salió muy deseosa, muy emancipada. Así fue como Mercedes y Javier tomaron el texto original, lo tocaron aquí y allá, y lo pusieron a actuar. Eso significó conducirlo en un desplazamiento desde el plano de la hoja a la vertical, para ingresarlo en una máquina que fabrica sentidos, energía y tiempo. Esa máquina es el cuerpo. A poco de caminarlo y ya mostrando su trabajo a una pareja de amigos que tuvieron, uno de ellos, un joven director, actor y dramaturgo muy creativo y talentoso, sugirió el título de la obra, y nos encantó.
Más o menos para esa época me invitaron a un ensayo en su estudio y luego de eso, recién vi la obra en el preestreno, en diciembre del 2014. En esa ocasión advertí que Mercedes es luminiscente en escena. Yo no lo sabía, pero a ella parece aplicar la sentencia de Aristóteles que afirma en De Coloribus: “…algunas cosas no arden por su naturaleza, ni tienen fuego de ningún tipo, aún así parecen producir luz”. Se ve que el texto funciona en esta experiencia como luz incidente proveniente de una región espectral cuyos límites y alcances no alcanzo yo a ver, y el cuerpo de Mercedes la transforma en luz emitida. Ahora bien, me he preguntado mucho tiempo cómo es posible que ella siga emitiendo luz tanto tiempo después de haber el texto impactado en ella, y encontré una única respuesta posible: Mercedes es fosforescente. Ya lo verán.
Respecto de Javier, nuestro multipremiado y prolífico director, con esta puesta se inscribe en la larga y muy sólida tradición de cineastas que dirigen teatro. Como todo cineasta, Javier es un creador de mundos, un fabricante de detalles, un cultor de la sutileza y en ese espíritu empapó cuerpos y texto. Javier trabaja su arte, siempre, como si tuviera mucho tiempo y dinero, al modo de los buenos cineastas. Creo que en esa línea Javier es el responsable de haber creado esa caja negra para un mundo en siete pliegues que resulta mucho más parecido a la verdad que el mundo real, origami en donde los objetos vuelan en silencio, deseosos de ese otro sueño que se proyecta y nos introduce con silla y todo, y encima con el celular apagado en una nueva cartografía del deseo, amontonados en el hueco de un bolsillo del tiempo, qué otra cosa. Estoy convencida de que es Javier quien convierte la historia, el cuerpo, el texto, en lo que me parece que es, al final, el viaje: una premonición, un parpadeo.

¿Cómo se define una feminista hoy?

De muchas maneras, porque hay allí un plural, hay feministas y hay feminismos. Y hay rasgos compartidos. Pienso en una feminista hoy, en Buenos Aires como en una (mujer) cualquiera que tiene más o menos estas características, lo sepa o no lo sepa:
• Una feminista hoy es una mujer que viene de una tradición, de una historia, de una transversal inestable que lleva ya más de dos siglos.
• Una feminista hoy es una hija no deseada de la Ilustración, heredera de Mary Wollstonecraft y de Olimpia de Gouges y de muchas mujeres en todos los ámbitos de la cultura y en todo el mundo; que desde entonces han dejado vida y pellejos para lograr lo que hoy nos parece tan natural y nos encanta: que nos permitan votar, tener propiedades, autoridad sobre nuestros hijos e hijas, en fin, que nos consideren humanas, cosa que ocurrió (aunque parezca mentira) recién en el año 1993, en la Conferencia Mundial de los Derechos Humanos en Viena.
• Una feminista hoy es una mujer que advirtió que lo privado es político, además de haber notado, junto con Simone De Beauvior, quien radicalizó en este punto a Mary Wollstonecraft, que mujer no se nace sino que se hace.
• Una feminista hoy es una mujer que tiene dificultades para decir que es feminista en cualquier ámbito que no sea feminista y que debe aclarar, enseguida de decirlo, que el feminismo no es lo contrario del machismo, que la igualdad a la que nos referimos es ante la ley, que no es que “eso era antes”, que cuando hablamos de género no nos referimos al voile, al algodón o al raso, que sí, “efectivamente, yo no soy ninguna santa, que yo también tengo lo mío y te pido mil disculpas” y cantidad de cosas igualmente indecorosas, en un empeño que tiene como único propósito imprimir cierto orden a discusiones erráticas.
• Una feminista hoy es una mujer a la cual no te vayas a creer que le encanta correr con lobos, lo que pasa es que a veces no nos queda otra; que no es que lo que pasa es que ha sufrido mucho en la vida y quedó resentida; o que lo que pasa es que es lesbiana y no le gustan los hombres.
• Una feminista hoy es una mujer que viene surfeando la Tercera Ola como puede, con toda elegancia o a los tumbos, cuyo principal desafío tal vez sea lograr que se considere delito y se sancione en consecuencia el ejercicio de la violencia contra las mujeres, que está socialmente legitimado, en una sociedad que entrena a las víctimas para no huir del atacante y a los vecinos para seguir cenando mientras escuchan gritar a una niña embarazada en la casa de al lado en una noche cualquiera cosas sin importancia, como por ejemplo: “No me mates”.
• Una feminista hoy es una mujer que se siente excedida por lo que pasa, porque cada minuto se nos vulnera de a miles y cada treinta horas nos matan una, en un estado que ni siquiera declara la emergencia nacional en violencia contra las mujeres, ni aplica la ley de protección integral ya sancionada, en un mundo que algunas veces no es mejor, y la mayoría de las veces es mucho peor.
• Una feminista hoy es una mujer que no es necesariamente una romántica pero cree en el amor como un poder al servicio de la verdad y de la alegría, y trabaja por ello.
• Una feminista hoy no es necesariamente una ilusa pero quiere construir un mundo mejor, más humano y más justo; y lo intenta.
• Una feminista hoy es una mujer que no es necesariamente una idealista pero está convencida que la esperanza freyreriana es condición necesaria pero no suficiente para dar el embate transformador del mundo.
• Una feminista hoy es una mujer que sabe que la situación es dificilísima, sobre todo en relación con nuestros cuerpos, pero sabe también que hemos pasado por mucho y que seguiremos lidiando con ella, y que seguir lidiando, además de ir a la marcha, es construir conciencia de que somos personas, poseedoras y a la vez deudoras de una genealogía y de un futuro; y que sabe que ese saber eso nos empodera.

Vos sos poeta, dramaturga, escritora y artista visual, ¿qué diferentes miradas te ofrecen estas actividades a la hora de crear?

Yo no puedo evitar, de acuerdo con mi formación de grado académico —que es la psicología— pensar que creatividad es una palabra técnica; y que yo no estoy muy segura de saber qué quiere decir eso.
En la segunda mitad del siglo pasado dos académicas argentinas, María Esther García Arzeno y María Luisa Siquier de Ocampo la definían como “unir o relacionar elementos dispersos en un elemento nuevo y distinto”, señalando su carácter deliberado, al servicio del yo y con fines comunicativos. Así definida, me parece que la creatividad poco tiene que ver con el arte. Por eso me gusta más ir por otro lado y hablar de producción para referirme a mi trabajo. Esta producción está ligada a una experiencia, la experiencia estética, a una categoría conceptual, que es la de lo sublime, en donde estética y ética hallan juntura, y a un lugar, que es el del arte. Y el arte está siempre referido a la dimensión poética. Por eso el arte es el lugar en donde el lenguaje (cualquiera sea) materializa innumerables mundos que están a disposición del mundo. Desde esta experiencia personal ?soy renuente a cualquier afición clasificatoria?, cambiar de soporte, virar de la escritura a la plástica y de la plástica al teatro me parece algo tan carente de importancia como inofensivo.
La primera ocurrencia siempre es una voz poética, en mi caso, una voz que insiste y reclama. De manera que todo consiste en dejarme interrumpir por ella sin perder ni los buenos modos ni la cordura. Luego, esa voz se resuelve como quiere. Se convierte en un texto poético, en una narración, en un objeto, en una instalación, en una performance. O en un sueño compartido, como nos está sucediendo ahora. Juntxs.

Funciones: Viernes 20.45
Entrada General: $100
Teatro El Túnel: Bonpland 2050 | Palermo | CABA – Tel. 4771- 3338
Reservas a soniarconcocodrilos@gmail.com