Nino Migliori, ese fugaz momento.

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Había que ser muy rápido para atrapar a ese fugaz momento que los griegos llamaban kairos.

Nino Migliori.

 

Durante los años cincuenta surgen en la fotografía italiana, de forma casi paralela al neorrealismo cinematográfico, un movimiento que ha recibido ese mismo nombre.

El neorrealismo fotográfico plasmó los efectos sociales de la Segunda Guerra, denunciando la realidad extrema de pobreza y la desocupación.

Fue entonces que un importante grupo de destacados fotógrafos convergen hacia esa nueva búsqueda plástica, entre ellos maestros como Ugo Mulas, Enrico Pasquali, Enzo Sellerio, Federico Pastellani, Franco Pinna, Mario de Biasi, Pietro Donzelli, pero quizá sea Nino Migliori (Bolonia 1926) quien logre rescatar con más certeza la representación de lo cotidiano cargado del drama de la incertidumbre del porvenir de manera más contundente.

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La manera en la que Nino Migliori plasma lo popular, deja implícito su gran humanismo, escapando de los registros sensibles, buscando no sólo la veracidad de sus imágenes sino también la dignidad de las emociones de esos “modelos” que no posan, sino que palpitan las emociones de los tiempos que corrían, como él mismo dice esperando “ese fugaz momento”, donde todo parece converger.

Para muchos, Migliori está considerado como un gurú de la fotografía. Sus trabajos, de una vitalidad que excede a la apertura de su objetivo, parecieran convocar más a una ceremonia o a un rito, que a una  experiencia artística, porque esa religiosidad la obtiene de los hombres y mujeres que lucen su pobreza, la precariedad con la alegría de los sobrevivientes, de los que han vivido el horror y tienen las fuerzas suficientes para contarlo y buscar la manera de sobreponerse.

Las fugaces tertulias de amigos y camaradas en un café, de vecinas lavando en una fuente, o sentadas en una escalinata, hasta los propios niños que parecen tener consciencia de ser sobrevivientes. Todos son seres entorno a la búsqueda de una nueva realidad, seres que presumen saber que la tormenta ha pasado y que es cierto, están allí y están vivos.

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Migliori, como parte de esa realidad no se permite fraguarla y la busca. Al encontrarla se aferra a ella y la muestra tal cuál es, sin atisbos de preciosismos vacíos, de sentimentalismos. Sin especulaciones técnicas, teóricas o muchos peor “artísticas”.

Él es parte de esa realidad, el propio Nino también es un sobreviviente y como los “otros” deberá descifrar el complejo entramado, que un fenómeno tan colosal como la guerra le has dejado.

Migliori, busca descifrarlo, buscando a sus compañeros de naufragio, por eso, para encontrarlos, emprenderá diferentes viajes por Italia de donde traerá sus experiencias en ensayos fotográficos titulados justamente: L’incontro con le genti del sud, del nord, dell’Emilia e del Delta.  Migliori transitará sendas de montañas, callejuelas medievales, caminos, ferias, mercados, y calles y más calles, por donde anda la gente que él desesperadamente ha ido a buscar, ha ido a encontrar para saber que siguen estando allí, que la guerra no los ha vencido del todo. Que la guerra no se ha llevado sus sonrisas, sus ritos, ni sus fiestas.

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Evocaciones, homenajes a los tiempos que pasaron, pero también una bienvenida a los que llegarán. Migliori va lentamente relacionándose con esas gentes, va generando lazos de confianza mutua, que permitirá que su cámara sea solo un instrumento más de comunicación, una manera más de guardar la memoria.

En muchas de sus obras el fotógrafo utiliza los carteles de publicidades que hablan de otras realidades y los pone a jugar con esas que va capturando en cada disparo. Los carteles desgajados, con otros mundos, discuten y conversan con superficies, agrietadas, lastimadas, ajadas. Bellos rostros de modelos, con rotundas mujeres del pueblo, que cada día están allí buscando la milagrosa manera de seguir sobreviviendo.


No solo de neorrealismo vive el hombre

Nino Migliori, admirador de Leonardo y Duchamp, ha experimentado diferentes modos para lograr ampliar su ancha paleta de sus búsquedas. Prácticamente desde los comienzo de su carrera transitó también ensayos plásticos.

Los muros se convirtieron para él en otras realidades metamorfoseadas, Migliori trafica esas imágenes fantasmales, erosionadas por el tiempo, por la lluvia, por la guerra, capturadas no solo en colores y sombras, sino también en texturas y rugosidades, él encuentra en esos muros lo que imagina, lo que sueña y convierte esas abstracciones en formas tan contundentes, como cualquiera otra de sus fotografías. Ese trabajo ha quedado plasmado en el libro Muri. Tempo Gesto Segno.

Migliori ha ejercitado diferentes tratamientos del negativo, papel, película tiempo de exposición y copiado en búsquedas de otras realidades.

Con ello ha elaborado diferentes maneras de intervención como el pirograbador, para alterar textura, colores de las películas que ha dejado en la serie de Pirogrammi.

Buscará también con Cellogrammi, de 1954 nuevas alternativas de formar imagines agregando hojas de celofán arrugado como negativos o las gotas de líquidos coloreados en sus Idrogrammi de 1956.

Nada ha dejado de lado a la hora de sus experimentaciones ha utiliza técnicas de solarización para sus  Exploraciones espaciales (1956).  Entre otras muchas de sus visiones, ya más como artista plástico que fotógrafo.

Desde su taller de Bolonia Nino Migliori, a los ochenta y nueve años todavía continúa su búsqueda del fugaz momento.

Las obras de Nino Migliori se encuentran en importantes colecciones públicas y privadas, incluyendo la Galería de Arte Moderno  Roma; Museo de Arte Moderno del MNAC, Barcelona; MOMA, Nueva York; Museo de Bellas Artes, Houston; Biblioteca Nacional-Museo de Bellas Artes, París; y el SFMOMA, San Francisco (California), entre otros.