La Wagner, entrevista a Pablo Rotemberg

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Todos los sábados a las 21 en el Espacio Callejón (Humahuaca 3759), se puede ver La Wagner de Pablo Rotemberg: cuatro mujeres, como cuatro valquirias, se montan sobre la música de Richard Wagner para denunciar estereotipos y prejuicios asociados con la femineidad, la violencia, la sexualidad, el erotismo y la pornografía.

Conversamos con Pablo acerca de la obra y su relación con la violencia, entre otros temas.

Contanos cómo es el cruce entre violencia y la elección de la música de Richard Wagner.

En general, asisto al primer ensayo de una obra nueva sin saber demasiado. Lo único seguro es el elenco, el horario arreglado para ese día, la música que tengo archivada en la computadora y algunas ideas. Y desde este casi vacío, empezamos a ensayar. Para el primer ensayo de La Wagner las ideas eran dos: cuerpo desnudo, espacio vacío. No recuerdo exactamente cuáles fueron las primeras consignas de trabajo, pero sí recuerdo el momento en que me topé en mi lista de música con la obertura de Parsifal. Empieza a sonar y las bailarinas caminan con la solemnidad propia de la danza. Listo. En ese momento, supe que la obra se estructuraría en torno a la música de Richard Wagner. Se armó así la fórmula completa: cuerpo desnudo + Wagner + espacio vacío.

Me permito esta breve introducción porque creo que puede ayudarme a aclarar la especificidad de la pregunta. El cruce entre esta música y los cuerpos en estado de violencia fue algo que comenzó a desarrollarse desde el azar de ese primer ensayo. La violencia venía siendo una línea de trabajo recurrente en mis anteriores trabajos (Todos o ninguno, La casa del diablo, Las vírgenes, La idea fija). Pero no había pensado en la música de Wagner como una posibilidad. Ni siquiera era un compositor con el que estuviese muy familiarizado. También era muy poco lo que sabía sobre sus ideas “filosóficas”, su antisemitismo y el uso que de su música y su figura hizo el nazismo. Cuando empecé a profundizar sobre estos temas, cuando apareció la perturbadora fricción entre la obra y la vida del artista, cuando tuve la visión (y comprendí la lógica) de unos cuerpos consagrados a la violencia al son de esta música única, hechizante y maravillosa, el camino para seguir y el objetivo para concretar quedaron claramente señalados.

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¿Pensaste esta obra en función de la actualidad del tema de la violencia de género?

No. Como comenté en la pregunta anterior, el cuerpo “en estado de violencia”es algo que me interesa desde hace bastante tiempo. Durante el proceso de ensayos, y, sobre todo, una vez que la obra se estrenó, pude empezar a verla con una distancia y a reflexionar sobre su sentido y sus posibles significados. Entonces me di cuenta de que había, en efecto, una relación con el tema de la violencia de género. Pero lo que me pareció más interesante es que la obra no sólo “hablaba” sobre este tema, sino que también denunciaba, a mi juicio, estereotipos asociados con esta problemática. Aclaro que en La Wagner no hay hombres, solo cuatro mujeres. En una de las escenas, una de las protagonistas es violada por las otras tres. El abuso del cuerpo de la mujer es llevado a cabo por mujeres haciendo lo que hacen los hombres. En otro momento, otra de las intérpretes baila ?con ironía y aparente goce? un número como de burlesque (un tipo de espectáculo hipermachista) que roza lo pornográfico. La Wagner pone en escena más bien preguntas que afirmaciones, sugerencias confusas, ambigüedades, posibilidades que quizás permitan ampliar nuestra perspectiva sobre la cuestión de la violencia de género.

Ahora que pasó el estreno, ¿cuál es tu evaluación inmediata de la obra como director, pero también un poco a partir de lo que pudiste recoger de los primeros espectadores?

Mi impresión es que la obra cumple con su cometido: la mayoría de los espectadores acepta someterse (un poco a la manera del espectador wagneriano, y, claro está, salvando la inconmensurable distancia) a una especie de ritual. En este caso, el rito que ejecutan los cuerpos en escena consta de diversos “actos” (como si fuera una ópera), y cada uno tiene su tema particular: violencia sobre el cuerpo propio y el cuerpo del otro, explotación y dominación sexual, exhibicionismo, resistencia física, sometimiento del cuerpo a las exigencias de lo coreográfico, sometimiento y rebelión del cuerpo a las actividades que impone y presupone la ideología dominante en relación al género y los roles sexuales. En el final de la obra, cuando la realización del rito se ha concretado, lo que se manifiesta es el vacío, la ausencia de sentido y la triste brutalidad de todo lo humano.

A la hora de trabajar, ¿cómo conjugás la dirección, la coreografía y la música?

La música constituye un elemento central en mis trabajos. En torno a la música se va construyendo la obra, es una fuente de inspiración y estructura fundamental para mí. Respecto de la coreografía y la dirección, creo que la dirección implica la concepción del todo, la visión de conjunto, mientras que lo coreográfico se refiere a lo particular del trabajo sobre el movimiento. En este punto, debo aclarar que el material coreográfico de La Wagner fue creado y desarrollado en colaboración con sus cuatro extraordinarias intérpretes: Ayelén Clavin, Carla Di Grazia, Josefina Gorostiza y Carla Rímola.

Después de siete temporadas con La idea fija, ¿sentís la presión de generar otro espectáculo que tenga esa permanencia en escena?

Sí. Y si bien la vanidad no es un factor para descartar en este deseo, también es cierto que las obras que pertenecen al circuito independiente en general hacen solo una función por semana (como mucho dos), y, por lo tanto, no es raro que todos deseemos que se puedan mantener largo tiempo en cartel para que puedan verlas la mayor cantidad de espectadores. Por otra parte, como entiendo que lo que pasa con las obras, su éxito, su fracaso, etc., depende de factores que no podemos dominar aunque lo intentemos con todo tipo de estrategias, creo que lo más saludable es confiar en la calidad de la obra y entregarse a contemplar el desenvolvimiento de las cosas.

¿Hay temas que te definan como director o que se hayan transformado en un leitmotiv de tus obras?

Sí. La violencia, la resistencia física, la sexualidad, la repetición mecánica de acciones absurdas, el éxtasis de la quietud, de la suspensión aparente de la vida del cuerpo, y la pregunta: ¿cuáles son los límites del cuerpo escénico?