Corazón delator

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Cortázar afirmaba que el cuento moderno, ese que nació con Poe, “se propone como una máquina infalible destinada a cumplir  su misión narrativa con la máxima economía de medios.”  “El corazón delator”, quizás el cuento más famoso del extraordinario escritor norteamericano, no escapa a esa lógica de funcionamiento: resulta un relato de construcción perfecta cuyos engranajes, colocados estratégicamente, tienden a reforzar el efecto final.

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Es una apuesta fuerte intentar que algo de ese mecanismo siga funcionando en una puesta en escena. Hubo varios intentos, seguramente habrá otros. Pero en este caso hablaremos de Corazón delator, la versión para tres actores, dúo de cuerdas y guitarra eléctrica, que dirige Facundo Rubiño. Quienes conozcan sus trabajos anteriores no se sorprenderán al ver la notable destreza con la que consiguió hacer una lectura actual (y actualizada) de un clásico, en la que se destaca el ritmo y musicalidad frenética que tiene el texto, combinados con cierta espectacularización del crimen, tan propia de nuestra época y de nuestros medios de comunicación.

Y sí, Corazón delator no es el cuento de Poe pero mantiene su pulso exacto, su tensión y su atmósfera. Esa es su gran virtud. Como lo es también la capacidad para captar ciertos elementos primordiales de la narración original y ponerlos a funcionar en escena de otra manera, desde otra perspectiva. Damos apenas unos ejemplos: el narrador del cuento interpela a un posible lector, le pide que tome posición sobre su falta (o no) de cordura. La obra, en tanto espectadores, nos mete adentro de la trama, Nos obliga a mirar y a mirarnos (los espejos son perturbadores). Se elimina la cuarta pared para jugar con el público, desde la conmoción o desde la broma. Por otra parte, el cuento desliza la figura del vecino como facilitador del desenlace pero no tiene entidad como personaje. La obra le da cuerpo y voz. La primera persona que cuenta su propia historia se desdobla y da lugar también a otras voces. Hay algo de testimonio en el personaje del vecino y esa es otra marca del anclaje en lo periodístico o comunicacional. Los actores pueden hacer varios personajes e incluso cambiar de roles (iluminar, manejar la consola, pasar de cantante a actor) y ese desplazamiento es pura ganancia.

Con pocos elementos (esa máxima economía de medios de la que hablaba Cortázar), un excelente uso del espacio, de las puertas, una certera iluminación, la música y los efectos sonoros tan exactos y una notable actuación del elenco (Cómo no destacar la lucidez y el arrojo de Enrique Dumont), Corazón delator logra ahondar en la atmósfera cruenta de una obsesión.

Era Cortázar también el que decía que el cuento parte de una noción de límite que es, en primera instancia, un límite físico, conformado por las pocas páginas que el texto puede durar. La versión de Rubiño tuvo un coto temporal (todas las obras que participan en Teatro Bombón no pueden durar más de treinta minutos) pero esa limitación, lejos de afectarla, la llenó de matices y potenció a raudales el pulso de ese corazón que no deja de latir.

No se la pierdan.

 

[youtube]https://www.youtube.com/watch?v=5iuWgRizTf0[/youtube]

 

Ficha técnica

ACTÚAN: Enrique Dumont, Cehache Respira y Facundo Rubiño
MÚSICOS: Lionel Mórtola, Antonia Bustamante, Ramiro Cortez.
DISEÑO ESPACIAL Y DE ILUMINACIÓN: Facundo Rubiño
MÚSICA ORIGINAL: Jorge Soldera
FOTOGRÁFA DE TEATRO BOMBÓN: Laura Castro
FOTOGRAFO DE COMPAÑÍA: Nacho Lunadei
FOTOGRAFÍA EN FUNCIONES: Paz Zaina
DISEÑO GRÁFICO DE FESTIVAL: Nico Deshusse
DISEÑO GRÁFICO DE COMPAÑÍA: Wallas Ayala
ASISTENCIA DE DIRECCIÓN: Juan Cruz Barrás, Guido Granatti
DISEÑO COREOGRÁFICO: Ramiro Cortez
DIRECCIÓN MUSICAL: Jorge Soldera
VERSIÓN Y DIRECCIÓN: Facundo Rubiño

FUNCIONES: domingos a las 17 y 18 Hs hasta el 12 de Julio en La Casona Iluminada, Av. Corrientes 1970, en el marco del FESTIVAL TEATRO BOMBÓN.