Pensar el Malecón, pensando La Habana

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El lunes próximo llega a su fin la 12 Bienal de la Habana. Poco tiempo de exhibicion para un despliegue de obras y artistas que dejan poco territorio de la ciudad sin cubrir. Poca informacion. Un catálogo muy confuso, y carísimo. Servicio de prensa inexistente, la Bienal reúne proyectos interesantes con obras que pasan desapercibidas. Una de las apuestas más fuertes es esta que presentamos en esta tercera nota en Leedor a nuestro regreso. Uno de los espacios de interacción más concretos se formula en el amplio escenario urbano que ofrece el Malecón habanero, una rambla costera de 8 km que integra la ciudad y el mar del Caribe.

Intervenido con esculturas, objetos, imágenes, eventos performáticos de 50 artistas en total, la mayoría cubanos, el Malecón se viste bajo el sugerente titulo “Detrás del muro”, (“delante del mar” podríamos agregar) y cuyo recorrido merece un buen esfuerzo físico bajo el ardiente sol de la primavera cubana. Muchos de estos objetos pueden pasar desapercibidos, o se presentan como verdaderas interrupciones visuales del paisaje normal de la ciudad. La curaduría es de Juan Delgado Calzadilla.

Se despliegan:

Primavera, una monumental escultura de chapa de Rafael M. San Juan, casi 6 m de altura hueca de un lado, mostrando sus costuras y soldaduras, un gran objeto plástico de tono renacentista que mira hacia el Malecón desde una de las esquinas-plaza

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Detrás de esta escultura, la obra Goteo, de Ernesto Fernández haciendo esquina una cañería agigantada, con canillas de las que “gotean” fotos en blanco y negro de soldados revolucionarios, alternando con otras de La Habana, de la gente, del mar. Unas son de 1958 de Ernesto Fernández, otras, las de 1986 a 2015 son de Ernesto Javier Fernández.  El espectador, cuando las mire, verá un efecto de juego doble entre imágenes que cambian de posición. Una de las mejores propuestas de toda la Bienal, logrando trasvasar a través de la imagen esas historias yuxtapuestas autoefundamentandose una en otra: en Cuba la Revolución lo explica todo, es el principio y fin de la vida social, cultural, económica.

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Foto de Claudia Contreras

 

El cubo azul, de Rachel Valdés.

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Resaca, es una polémica instalación de la artista cubana Arles del Río: una playa artificial con reposeras que le dan la espalda al mar y abren a la linea de edificios sobre la avennida. el entorno. Arena, sombrillas, mesas, sillas, una propuesta entre irónica y crítica que tal vez no termina de cerrar la idea original. Un espejismo, alguien dice por ahi.

 

 

Secreter, de la colombiana Lina Lear acumula muebles pintados de blanco en un túmulo que rompe con la cotidiana funcionalidad de estas sillas, mesas, roperos, armarios. El blanco capta, por otro lado, la brillante luz del ambiente.

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Delicatessen es el nombre que tiene la olla gigantesca de hierro y tenedores (ver foto copete) del consagrado artista cubano Roberto Fabelo, en medio de la vereda del malecón plantea una unión imposible. Esta obra extiende la muestra de pinturas que tambien tienen lugar en la Bienal y donde aparece el gran tema de Fabelo: la preocupación por el sustento cotidiano y la persistencia de las utopías.

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