La boca seca de Marcelo Carnero

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Dos manos con dedos largos y fuertes golpean el cuero templado, el sudor baja por la frente y el torso desnudo del negro, pero no para de tocar. Son varios los hombres reunidos en círculo. En el centro dos mulatas con cabellos ensortijados, faldas largas y blusas amarillentas que dejan ver sus pezones se mueven al ritmo de los tabores. Sus pies descalzos levantan polvo. La arena caliente de las playa caribeña los envuelve. Bailan, bailan, sudan y cantan. Es la jornada libre de los esclavos de las haciendas cafeteras. Mas retiradas, en fogones improvisados debajo de los cocoteros, las negras mayores preparan los casabes, esas tortas grandes y finas hechas de yuca (mandioca) que cocinan en grandes planchas de barro circulares.

Muy lejos de esta escena, en otro tiempo, leo La boca seca de Marcelo Carnero (Mardulce, 2014), y no evito superponer estas imágenes con la lectura. Si bien la novela de Carnero, se desarrolla en otro lugar, no sabemos bien en qué tiempo, hay reminiscencias de la historia de esclavos latinoamericana que solemos recordar en la literatura o el cine nacional.

Los escenarios y contextos son distintos. La boca seca es desértica, sus personajes sobreviven en lo ambiguo. Vivi, Milagros, Amador y Correa se relacionan en una trama que Carnero desarrolla con una narración impecable.

Como una guía turística, los libros también permiten armar un país. En La hija de la cabra (Bajo la luna, 2012), el desierto mendocino se dibuja en la narrativa de Mercedes Araujo, y se descubre como un personaje más. Fuerte, inabarcable. En La boca seca, el ambiente también tiene ese efecto. Además, supone una regresión en el tiempo que guía al lector por un país ajeno y distante.

Pero también hay presente, hay ciencia y control social. Los diálogos, incisivos, precisos, y poéticos, permiten que la historia fluya y nos arrastre  por esa oscuridad –¿pampeana?- en la que los personajes se debaten entre la vida y la muerte.

Un roncito venezolano para brindar por este encuentro. Enhorabuena por esta novela de Marcelo Carnero.

Salud!