La Habana: primeras impresiones

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Tarde calurosísima en La Habana, entramos al emblemático edificio de la Casa de las Américas para ver la propuesta con la que Luis Camnitzer participa en esta nueva edición de una Bienal, estamos muy cerca del mar en el abierto barrio de Vedado al este de la ciudad.

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La Casa de las Américas representa uno de los corazones de la historia política de Cuba, lugar de vínculos ineludibles, es una institución fundada a poco tiempo del triunfo de la Revolución, realiza desde entonces actividades de interacción cultural y social con América Latina y el mundo. Un bellísimo edificio art decó, dentro del cual no parece hacer tanto calor. Caminamos por el espacio igual que caminamos los espacios gentiles de La Habana. Somos extranjeras sin serlo en esta ciudad que atraviesa con su aire de ciudad que espera todo

Subimos por el ascensor para visitar el auditorio Che Guevara, que nos abren especialmente, un gran espacio de conferencias, para ver “Para que la libertad no se convierta en estatua” el gran lienzo del chileno Roberto Matta, a quien una vez se le otorgó el pasaporte cubano, tras el golpe de estado de 1973. Matta, otro de los revolucionarios de las ideas y de las artes en Latinoamerica.

 

matta

 

En la pequeña librería compramos algunos libros en pesos nacionales, 2 o 3 $ argentinos en libros recién editados. Es el paraíso para gente como nosotros. Lectura a pleno. Entre esos textos uno empieza de esta manera: “El presente Manifiesto ensayo se publica por primera vez en la Casa de las Américas, que es de ustedes, pero también nuestra, es decir, de todos los que pensamos que otro mundo es siempre posible -como lo dice Coriolano de Shakespeare: There is a world elsewehere” – Somos de la opinión de que el mundo que deseamos es mejor que este donde vivimos, de ahí que no estemos conformes con solo soñar y escribir sobre ese mundo nuevo.” (Del libro Manifiesto-Ensayo de la trasnculturación europea” de Armando Gnisci

Del otro lado del Océano se realiza la más glamoraosa de las Bienales.

Pero acá estamos en Cuba. Enfrentándonos a la danza de nuevos signos. Viendo frente a nuestros ojos que hay un cruce de textos que nos instala en un mundo otro: un texto europeo pensando en Latinoamérica no solo como un lugar físico sino un imaginario en el que es posible posar la esperanza para una nueva transculturación.

En el hall de entrada de esta Casa de las Américas el mural “Cuba es la capital”, realizado en 1963 es una de las joyas ocultas de La Habana y su revolución. El material del mural es la propia tierra recogida en los alrededores de la sede de la Casa que visibiliza algo que confirmamos todavía más en un viaje hacia el interior de Cuba: que el color de la tierra es negra, pero tambien la hay roja.

En ese marco, la muestra “Ejercicios” de Luis Camnitzer es el resultado final de un taller con artistas jóvenes de La Habana en el que se lanzaron 22 consignas-base. A cada frase-motor le corresponde un ejercicio poético-conceptual, tal vez el que mejor interpreta el espíritu de la Idea-Experiencia de la Bienal. Aunque algo amplio, este tema general instalado por una Bienal que se asume en pleno cambio, materializó dos ideas centrales: por un lado la descentralización y apertura hacia distintos espacios de la ciudad, la reinterpretación de los cambios físicos de la arquitectura de la Habana mezclando obras y espacios de tal modo que pasaran prácticamente desapercibidos.

La otra idea es la de cumplir con el concepto de laboratorio artístico-social, en el que el proyecto de Camnitzer se ubica, insisto, de modo ideal: trabajo grupal con un artista consagrado y exposición final. La obra que se presenta es  absolutamente conceptual, crítica y política. Tanto como para obedecer a ciertas lógicas particulares: rearmar geografías mentales, nombrar objetos sin nombres previos o definir la frontera que separa el pensamiento de la ilusión. En estas fotos algunos ejemplos.

 

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La Bienal de La Habana dura hasta el 22 de junio.