El velorio

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El Velorio, la obra del colectivo El Rizoma, con la dirección de Gabriel Rosas, se presenta los sábados a las 23:15 en El Camarín de las Musas. Una obra interesante y divertida que se erige sobre el humor negro y el grotesco.

 

Entre la muerte y el frenesí 

Tres personas asisten con dolor al velatorio de un gran amigo, los une la tragedia, pero también los momentos compartidos, la nostalgia, el pesar, el deber y la obligación de estar allí, de comportarse acorde a la situación que viven.   Sin embargo lo que nos ubicaría en una situación de grises, que se erige única y profundamente en el dolor, comienza a revelar otras facetas, otro ángulo. Se trata de esos momentos extremos que conducen a emociones violentas, a sentimientos que también se llevan al límite y que oscilan turbulentos de la risa al llanto, de la razón a la locura. Es así como nos vemos advertidos desde un principio que la normalidad, que lo esperable es puesto en jaque y que un hecho escénico que se espera trágico es encarado desde el humor y  fundamentalmente desde el grotesco.

En este sentido es claro que el estilo de humor empleado coquetea permanentemente con el humor negro, pero también con la rutina, con la obligación, con una permanente búsqueda de romper con lo esperable y lo prestablecido. De esta manera se construyen escenas que son verdaderamente desopilantes en las que se combinan el humor intrínseco del texto con la plasticidad,  el movimiento y las excelentes actuaciones de los protagonistas.

Kairiana Núñez Santaliz, Lucas Roma y Martín Amuy-Walsh desempeñan una excelente tarea, no sólo en la composición de los personajes, sino en la utilización de una amplia variedad de recursos a nivel gestual e interpretativo, dotando a esta pieza de una gran energía y potencia. En este sentido se observa una gran interacción sobre el escenario entre los actores lo que termina de consolidar esta interesantísima y divertida propuesta escénica.

El texto desemboca de una construcción colectiva del grupo El Rizoma, que lleva adelante la obra, y se basa en un lugar y situación específicas, un lugar donde parece que el tiempo no avanza, donde el mundo se detuvo a descansar un instante y allí la mente se condensa, la paciencia se exaspera, la razón se escurre y la realidad deja de tener sentido. En ese contexto es que los pensamientos y sentimientos de los protagonistas se expresan y apenas reconstruyen la historia que los vincula con el difunto, lo importante es el presente, ese presente que los va llevando de un momento a otro, de un humor a otro y es en esa sucesión que se va componiendo la obra. Es en la riqueza y el humor de cada momento que el público se va enlazando con la obra y espera ansioso un desenlace que en todo momento se muestra inesperado.

Justamente el final presenta un efecto sorpresa que es sin dudas efectivo en ese sentido, no sólo por lo imprevisible del desenlace, sino por el cambio de código, que pasa de una grotesca realidad al simbolismo. Esa ruptura se presenta tal vez de manera demasiado abrupta y lo repentino del final deja un gusto un poco amargo respecto a la excitación y frenesí con que la obra se venía desarrollando. Esta situación igualmente no opaca el éxito que esta propuesta logra para capturar al público y construir momentos de alto impacto artístico y humorístico.

El diseño de vestuario y escenografía posee una concepción realista, utilizando elementos propios de la situación que se representa. Existe una fuerte carga simbólica en la distribución de esos elementos, fundamentalmente el ataúd adelante, como una presencia ineludible y esencial en la obra, donde todo sucede en torno a él.

La dirección de Gabriel Rosas resulta fundamental a la hora de organizar esa concatenación de momentos y lograr la armonía entre todos los elementos que componen la obra. Resulta muy interesante por ejemplo el manejo del espacio escénico abarcándolo casi en su totalidad y generando múltiples focos de atención que colaboran en generar esa tensión y agitación que muestra la obra.

El Velorio es una obra que nos recuerdo la fragilidad humana, que nos lleva a ese estado catártico que nos consume en los momentos límite y que nos revela lo tragicómico detrás de los rasgos humanos.

 

Ficha técnica

Dramaturgia: Colectivo El Rizoma Actúan: Martín Amuy Walsh, Kairiana Núñez Santaliz, Lucas Roma Diseño de vestuario: Colectivo El Rizoma Diseño de escenografía: Colectivo El Rizoma Diseño de luces: Alejandro Galerti Fotografía: Guadalupe Lorenzo Diseño gráfico: Martín Amuy Walsh Asistencia de dirección: María Lola Sanchez Prensa: CorreyDile Prensa Dirección: Gabriel Rosas Funciones: Sábados a las 23.15 hs en El Camarín de las Musas, Mario Bravo 960, CABA.