Entrevista a Miss Bolivia: “Soy un ser que muta”

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Miss Bolivia, nombre artístico de Paz Ferreyra, es una de las cantantes emergentes del circuito off de Buenos Aires que, desde 2014, ha cobrado mayor visibilidad. Su voz será cortina musical de La Leona, novela que se estrenará próximamente en Telefe, y, además, se escucha en la película Focus, protagonizada por Will Smith y Margot Robbie.

El próximo sábado 30 de mayo, la cantante dará un show en Niceto Club, donde presentará “Bien Warrior”.

La música de Miss Bolivia es un llamado a la distención. Fusiona diferentes ritmos (rap, dancechall, reggae, cumbia) y combina distintos géneros discursivos. Sus letras nos interpelan, con lenguaje callejero, acerca de lo alienante de la vida cotidiana. Pues, formada en psicología, trabajó con población en situación de calle, lo que le permite “cinturear” en varios registros.

Su obra es enriquecida por la participación de diversos artistas, nacionales e internacionales. Leo García, Pocho La Pantera, Mimí Maura, Sara Hebe, Ali Gua Gua, Mariana Baraj entre otros, son algunos de los músicos que integran sus discos, Alhaja y Miau, y representantes de los géneros musicales en los que Miss Bolivia incursiona.

Leticia León: ¿Dónde naciste?
Paz Ferreyra: Nací acá (CABA), pero mi familia es toda de Río Cuarto, así que me crié en capital y la mitad en Río Cuarto. Durante toda mi infancia y parte de la adolescencia, iba cuatro meses al año allá, al campo o a la ciudad. En este momento voy bastante más por laburo, a tocar. Ahora, soy una persona mucho más urbana. Si voy al campo, a la naturaleza, me gusta, pero son momentos chiquitos y más de descanso o de esparcimiento.

LL: ¿De qué manera ingresaron el arte y la música a tu vida?
PF: Mirá, la música, en realidad, estuvo siempre en mi vida. Al principio, en la infancia, capaz, como en un lugar más escolar: cantaba en el coro de la escuela e iba a piano, todas actividades extracurriculares porque mi vieja laburaba todo el día. Siempre desde chica compuse poesías o canciones que tocaba con el piano o que cantaba para mí. Hacía shows, recitales de Rafaela Carrá para toda mi familia, debajo de la mesa, y, con el mantel, hacía un telón, entonces salía de ahí… Era así, reshowoman. Y después, la música, hasta la adolescencia, siguió en mi vida más como escucha, no fue activa, de instrumentista. Conocí el rap cuando viví en Estados Unidos, entre el ’92 y el ’93. Al volver, empecé a estudiar batería. Ahí sí me comprometí activamente con la música. Tenía veinte años, ponele. Y estudié el instrumento como diez años. Y quise empezar a cantar. Me bajaron canciones, me bajó lírica, letra. Porque había empezado a escuchar música nueva, entonces me re inspiraba y quise hacer algo así. Hice dos, tres canciones. Y comencé a cantar desde la batería, yo, con Miss Bolivia. Duré un mes. Era rejodido para todo lo que es la disociación de los miembros, agregarle la voz. Me sentía muy atrás, muy atrapada por el instrumento. Un día agarré el micrófono y no quise ir más a la batería. Así empezó Miss Bolivia: con tres temas, como hobby, amateur.

LL: ¿Cómo se relaciona la psicología con la música?
PF: Yo siento que no dejé de practicar la psicología. Es muy estricto pensar la psicología únicamente como clínica, hospital o en un dispositivo clase media en consultorio. Yo creo que los dispositivos o las formas de practicar la psicología son infinitos, gracias a dios, y una de las formas es la que hacemos nosotros; el dispositivo es el escenario y el micrófono, la pista de baile. Es otro tipo de psicología que es más colectiva, comunitaria y de prevención, pero también puede ser paliativo, sana. A mí también me pasa como público, con otros artistas que realmente me hacen sentir que me olvido de todo. Capaz, hasta hago algún click con algo que me estaba dando vueltas… Y más cuando un artista tiene mensaje. Yo siento que ahí hay psicología. No sé quién sana a quién, nos sanamos entre todos… la música…, el ritmo será lo que más sana, hacernos preguntas. Yo con mi música tengo un abanico replural en los contenidos, hablo de un montón de cosas. Una de las cosas que pretendo es que mi música genere una pregunta. Preguntate si se puede hacer algo distinto, ¿no? Y eso ya para mí es un montón.

LL: Usás dos registros de lengua que contrastan, uno más académico y otro más callejero, ¿hay decisión en esta forma de comunicar?
PF: Yo siento que tanto mis pasos por Letras como por Psicología (estudié Letras, me faltan diez materias, no las hice y no las pienso hacer) me dieron un background, una base de datos bastante amplia que me permite elegir el registro en el que me muevo. Además, como psicóloga, laburé varios años con personas en situación de calle. Ahí empecé a conocer un montón más lo que es el lenguaje de la calle, ¿no? Si trabajás con población de calle, no le vas a ir a hablar en erudito, porque no da. Esa fue una de las bisagras lingüísticas, o discursivas. Después, bueno, empezar a practicar lo que es el arte de la rima, y empezar a incorporar y a provocar el lenguaje, utilizando lo cotidiano, o el lunfardo. También, cuando daba clases de yoga tenía que utilizar un lenguaje absolutamente minimalista, pero efectivo, que hable del cuerpo y de las sensaciones sin que me miren. Por supuesto que, cuando querés comunicar, elegís el modo en el que los vas a hacer. Es intencional, pero no tiene un objetivo efectista. Me sale así. Ahora estoy por hacer una cumbia que habla de trastornos psicopatológicos. Bueno, entonces, sí, obvio, voy a usar el discurso académico, pero voy a hacerlo mierda. Pienso que la fusión que hago de estilos también me invita a fusionar estilos discursivos. Si no, es un embole. Es un purismo lingüístico que no tiene movimiento.

LL: Y en cuanto al lenguaje corporal arriba del escenario…
PF: Lo que me pasa cuando me subo al escenario, es como del orden de la posesión. Sí, hay algo físico, sí hay una postura. Me siento un guerrero, una guerrera. Tengo una postura que, ahora que me preguntás me las pongo a analizar un poco, tiene que ver con lo que yo le llamo “concha tierra”. Son posturas que conectan la parte sacra con el suelo, y las piernas flexionadas, para aguantar una hora de show, de mensaje y de resistencia. Porque te tenés que bancar la pelota de energía que te viene del público. Es muy pesada la carga, es mucha, muy intensa, no en peso, pero sí en caudal. La postura corporal me ayuda a devolver, porque si no, te lo chupás y no está bueno.

LL: ¿Cuándo comenzaste a vivir de la música?
PF: Después de trabajar como psicóloga, fui a trabajar como productora a la tele, para el Estado, en Ciudad. Vino la nueva gestión y nos despidieron a un par porque no dábamos con el perfil. Yo ya venía con Miss Bolivia, insipientemente. Y convivía con mi pareja y me separé. De un día para el otro me quedé sin casa, recién separada y sin laburo. Dije: “que fuerte esto, ¿qué hago?”. Hablé con una amiga. Ella vivía en una casa, arriba de una fábrica de pan. Le dije si podía ir a vivir ahí. Me dijo que sí. Y fui a vivir en lo que era la fábrica, no en la casa. En la cocina, abajo, la hice habitación. La pinté, la puse relinda y ahí viví un año y medio. Ella jamás me quiso cobrar alquiler. Gracias a esa generosidad, yo estuve sin la necesidad de tener un salario, me dediqué absolutamente a la música. Viajé todos los días desde La Boca hasta Haedo, en el Sarmiento. Así hice mi primer disco, ese año y medio, solamente laburando con la música. Dos pesos me pagaban, pero yo había decidido que me iba a dedicar a eso, entonces ahora iba a ser mi fuente de ingreso. Resigné muchísimo estatus, calidad de vida que te da el salario, practiqué la austeridad. Pero fue una austeridad necesaria para poner el foco, para dejar la boludez y dedicarme a componer, a cantar, a producir. Fue raro porque yo ya era una “más treinta”, se esperan otras cosas de una mujer de treinta y profesional. Tuve que vencer un montón de estereotipos, de preguntas y de expectativas sociales y familiares que se supone que hay que satisfacer. Pero yo muto, puedo mutar, soy un ser mutante. La comodidad de lo mismo me aburre.

LL: ¿En qué sentido Miau es un disco “más animal” que Alhaja? Pues, se trata de un disco reflexivo, introspectivo…
PF: Quizás, porque no pasó tanto por el filtro de la represión, que es un mecanismo exclusivamente del ser humano. Fluyó. No me permití el aburguesamiento de tanta represión. Quise algo más básico, más directo. Usé menos palabras para este disco. Corto, pero más frontal y más directo. “Miau” no tiene significado, es una onomatopeya. No hay que pensar en lo que significa, y pensar es algo propiamente humano. ¿Es el sonido de un ataque?, ¿el de una seducción?, ¿el de un minino? No sabés. Es más reflexivo quizás, pero creo que es más accesible. Hacerla corta a la hora de decir, sin tanta vuelta. Para que lo entiendan todos. La cumbia también me hizo decir menos. Antes hacía un poco más de rap y más dance, por supuesto que son cosas que sigo hilvanando todo el tiempo, pero este disco fue mucho más cumbiero. Y en la cumbia, para mí, no hace falta decir tanto. Porque tenés la insistencia del wiro y del ritmo que solo ya te mantrea.

LL: ¿Cómo fue con Alhaja?
PF: Alhaja es mucho más esperanzador y más naif. Va un poco más hacia el lado de la utopía, pensando que es posible ser feliz siguiendo dos, tres pautas. Miau es más realista, habla sobre la propia miseria. Pongo mi autobiografía al servicio de mostrarme finita, ¿no? “Yo no tengo la verdad”, “yo no sé lo que hay que hacer para hacer feliz, todavía estoy viendo”, “todavía voy a terapia, desde hace mil años buscando la felicidad y pienso que la música puede ayudar a construir un mundo mejor”. Me encantó, me siento mucho más cómoda con mi “yo” como soy, con todas mis miserias, mis síntomas, mis deseos, no sé.

LL: ¿Y el próximo disco?
PF: Voy a tener invitados en el próximo disco… Miau tuvo varios invitados y me encantó el resultado, le aportan aire y movimiento. Así como la fusión de estilos le aporta movimiento a la música y evita que perezca en el purismo, también las colaboraciones de distintos invitados que vienen de distintos palos le da un montón de riqueza.

LL: Compartir y no encasillar…
PF: Es que, para mí, esta debería ser la era de la tolerancia. Yo quiero que esta sea la era de la tolerancia. La responsabilidad es decirlo y hacerlo. Yo me muevo yo en el ámbito musical, entonces vamos a compartir y ver qué hacemos con eso, cosas piolas salen, está buenísimo.

LL: ¿Cómo hacés para manejar el éxito?
PF: El micrófono y el escenario son herramientas de poder. Como comunicador, sabés que tenés una amplificación de tu voz. La boca de expendio es grande. Entonces, hay que ver qué hacés con ese poder, si te lo vas a pegar al ego, o si lo vas a redistribuir, a devolver, o a cederte vos como canal para que la voces de otros que no están escuchando te escuchen a través tuyo, hacer hablar a lo que están en silencio, a ellos que no pueden hablar, no los dejan. Entonces, tu voz es una herramienta, vos sos una herramienta, me cedo como una herramienta al arte pero también a mi militancia. No me puedo agarrar todo eso para mí, para mi ego. Todo en las carreras artísticas son olas. Tenés que estar siempre en un lugar firme y en eje para no caerte y hacerte pelota. No subir tanto porque sabés que abajo, vas a estar también.

LL: ¿Cómo es el proceso de creación?
PF: Soy una persona muy solitaria. Tengo momentos muy masivos, de mucha exposición y después soy una persona muy solitaria. Soy una mañosa, vivo sola hace mil años, mi gata y yo. Me gusta estar un montón conmigo. Ahí aparecen las canciones. Es un trabajo bastante en soledad el del compositor, el del músico, el del creador. Salvo cuando son proyectos con un objetivo, yo creo sola, me es más fácil, operativo, optimizo el tiempo, me gusta estar en pelotas o con una bombacha horrible y buzos, en un sillón tirada así, con unas gafas… no quiero ver a nadie, no me quiero preocupar. Es un momento para disolverse y hacer otra cosa. Soy muy caótica, no soy metódica. Está bueno, pero es un flan. No tiene forma. A veces es muy difícil el proceso creativo en sí.

Bolivia

Las fotos son de Martín Bertolami

LL: Estás estudiando para sommelier de vinos…
PF: Sí, empecé este año. Me visualizo con los vinos. Me encantaría trabajar profesionalmente con el vino. Una fantasía, es tener mi propia cava. Tengo ganas de popularizar el vino. En Argentina, el vino está relacionado socialmente a una clase media alta. Pero es un capital cultural nuestro, entonces me interesaría que sea algo transclase, y que, como comunidad, nos podamos apropiar de este producto nuestro, que no solo sea un producto para los chetos y para la exportación. Todos tenemos que poder consumirlo, y tener la posibilidad de sentir el placer de nuestro producto, y honrarlo, enaltecerlo, comunicarlo. El vino y la música van de la mano: las dos son artes de la fusión, con distintos elementos y procesos se llega a un producto, musical u enológico, relacionado directamente al placer. La música te evoca, puede provocarte angustia, tristeza, también; pero es una emoción, una sensación. El vino a mí me genera eso: una sensación, una emoción, única e irrepetible, cada vez. También es algo folclórico. Y la música que yo hago mezcla mucho nuestro folclore. Entonces un poco para trascender esa barrera de clase tanto con la cumbia como con el vino.
Miss Bolivia en Niceto (Av. Cnel. Niceto Vega 5510)
30 de mayo, 20 hs.
Entrada general: $80