Mientras Somos Jóvenes

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Noah Baumbach continúa haciendo ingeniosas observaciones y comentarios sobre la cultura y las relaciones desde su centro del mundo, Nueva York. Esta vez realiza un cruce generacional entre una pareja de cuarenta años, Josh (Ben Stiller) y Cornelia (Naomi Watts) y una de veinteañeros, Jamie (Adam Driver) y Darby (Amanda Seyfried), que para todos los que no son de su círculo de amistades son considerados hipsters, pero ellos no pueden confirmarlo porque no reconocerlo es regla (“Tengo cierta edad y visto jeans apretados”, responde Jamie cuando le preguntan). Como para The Squid and The Whale la literatura era el interés común que servía de contrapunto entre dos generaciones (padres e hijos), ahora es el documental cinematográfico, o ese género que, como dice Josh, es lo que todos están haciendo estos días.

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En las películas de Baumbach no hay adultos que no sean jóvenes haciéndose pasar por adultos, y esa es la forma en la que hacen la angustiosa comedia de lo que se ha convertido un clásico de la literatura y el cine contemporáneo, la exploración de la alta y la baja cultura. El problema sobre la sustancia y la forma del legado se plantea en diferentes formas, ser o no ser padre, como se hace un buen mentor de un mal alumno, quien es responsable de la continuación de una tradición artística.

Jamie, un aspirante cineasta, va con su novia Darby a un curso que dicta Josh. Al final de la clase se acerca para expresarle la admiración que tiene por sus trabajos. Son amables y excéntricos, ponen incomodo a Josh, pero este no puede evitar la tentación de ser adulado un poco más y arrastra a su mujer, Cornelia, a tomar algo con la joven pareja. En el regreso a casa, los adultos, Josh y Cornelia, están completamente fascinados por la forma en que Jamie y Darby viven en el presente, sin preocupaciones, entonces empiezan gradualmente a cambiar sus propias vidas en esa dirección. Los dejan entrar.

Hay un montaje de unos minutos que contrapone las formas de cada pareja. Josh y Cornelia viven a través de los gadgets electrónicos, abrazan la nueva tecnología sin introspección, sin crítica, sin reservas. Mientras que Jamie y Darby son artesanales y vintage. Josh busca en el catálogo de NetFlix una película para irse a dormir, Jamie agarra un VHS de su colección personal y lo reproduce en un televisor de tubo que Baumbach filma el suficiente tiempo para que veamos la advertencia de piratería del FBI que estaba al principio de los videos (copia legitima). Jamie también tiene una inmensa cantidad de vinilos y escucha música que Josh posiblemente quiera olvidar o crea no poder recordar si no es involuntariamente. Esta observación, dentro de su grado de exageración, no se detiene ahí, el director empieza enlazar las relaciones de las dos parejas hasta que las apariencias se descubren como tales, las ambiciones de unos y otros se confunden y nacen las paradojas entre jóvenes y adultos.

Es propio de los jóvenes actualizar el presente con un nuevo pasado, y de los adultos ser el pasado del futuro. Pero al mismo tiempo, Jamie erige un imperio de objetos olvidados que son la mismísima juventud a la que Josh tuvo que renunciar para hacerse adulto, con el resultado de cierta represión (“somos libres de no ser libres”) que lo convierte en una nueva pieza del museo de Jamie. Después de una noche en una ceremonia ayahuasca, Josh y Cornelia salen a la luz del día en la entrada de la casa y reflexionan “todavía es la misma noche para nosotros, pero es mañana para todos los demás”.

No es la primera vez que Baumbach trabaja sobre el tema de la apropiación para dejar reflejar otras cuestiones relacionadas al desarrollo de la personalidad en los años críticos del crecimiento. En The Squid and The Whale, el adolescente Walt hace pasar letra y música de Hey You de Pink Floyd como si fuera una creación propia solo para ganar un concurso escolar, “Sentí que yo podría haberla hecho. Así que el hecho de que ya estuviera escrita es solo un tecnicismo”. De la misma forma alguno diría que Baumbach toma elementos del repertorio de Woody Allen -siempre aparece a la hora de hablar de Baumbach por el escenario y los ingeniosos trucos de dialogo que usa- esta vez particularmente Crímenes y Pecados: el documentalista que no puede vivir a la altura de su potencial y se siente incomprendido -hasta el sujeto del documental de ambos es un viejo académico-, su interés romántico es una productora y hacia el final se hace una entrega de premio a la trayectoria a uno de los personajes. Baumbach es observador para notar que en reciclaje cultural, donde el status solo se mantiene si se sale de una moda antes de que el resto la haga tendencia, hay un rampante esnobismo y fetichismo.

El enfrentamiento entre Josh y Jamie se debe al padre de Cornelia, Leslie Breitbart (Charles Grodin), un documentalista al estilo de los hermanos Maysles que fue mentor de Josh (así es como Cornelia lo conoció, se enamoró y se casó con él; fue testigo y compañera durante la vida adulta de Josh, cuando el potencial de la joven promesa se deshizo en inconveniencias, mientras la apreciación sobre sus propios talentos seguía siendo eclipsada por los hombres de su vida), con quien ahora tiene una mala relación y solo se mantienen vinculados por Cornelia. Jamie está interesado en ser tomado bajo el ala de Leslie, mientras Josh no sabe bien como colaborar con Jamie para convertirse en su mentor. Jamie es más reverencial con Leslie porque Josh no tiene la madurez para expresar sus ideas y objetivos. Además, su inclinación a adoptar el estilo de vida de Jamie no lo ayuda a ganarse su respeto, y es mucho más vulnerable a la manipulación del ambicioso joven. Ninguno de los dos es suficientemente honesto sobre lo que aspiran de su relación como para hacerla funcionar de uno de los dos lados.

En el tercer acto de la película el tema cambia hacia la ética cinematográfica, la manipulación de la realidad a través del relato y la ficción (que sirve como analogía al sistema de apropiaciones entre una generación y otra del que se encarga la primera parte de la película). Josh lleva ocho años trabajando en un documental sobre la filosofía de un académico de izquierda que no tiene un pelo de carisma. Lleva docenas de horas de material y el primer corte dura más de siete horas, pero todavía tiene pensado filmar más, como si eso pudiera ayudar con la fluidez. Josh ni siquiera sabe cómo explicar de qué se trata el documental: poder, economía, sociedad, historicismo… América. Mientras que Jamie ligeramente comienza a filmar un documental con la idea de hacerse un Facebook (claro que él no tiene uno) e ir a visitar cara a cara, donde sea que este, a la primer persona de su pasado que trate de comunicarse con él. Hacer el Facebook real, o algo así. Sobre esta premisa, que Josh no tarda en decirle, sin sutileza, que le falta profundidad, Jamie se encuentra con que su primer contacto es un ex-veterano que iba al colegio con él y ahora está en guardia psiquiátrica por haber intentado suicidarse. Suficiente para un documental, ¿no?

Después de que Josh descubra que la pelicula como es contada por Jamie no es la verdadera historia, se plantea el problema ético del cine documental. Jamie se defiende diciendo que solo altero la cronología de los hechos, a lo que Leslie, que hace las veces de jurado entre su ex protegido y su nuevo aprendiz, responde positivamente: él lo ha hecho. La filosofía que defiende el purista Josh y la sabiduría de Leslie parecen apuntar al método de Frederick Wiseman. Éste legendario cineasta sostiene que si bien él no escribe o prepara las escenas que vemos en sus documentales, ciertamente, desde el trabajo de cámara, la elección sobre lo que se filma dentro de todo el campo visual, pero más que nada en la edición, que es altamente manipulativa (cientos de horas son recortadas en poco más de ciento veinte minutos), el proceso se convierte en una visión totalmente subjetiva que solo puede ser justa con la realidad en la medida en que es representativa de como él sintió (filmo) y recuerda (edita) la experiencia, que nos es transferida por una estructura dramática.

Mientras tanto, Noah Baumbach produjo junto a su amigo Wes Anderson la película She’s Funny That Way, que es el regreso del director Peter Bogdanovich (quien hace un breve cameo en Mientras Somos Jóvenes. De hecho, en materia de cameos es el Hitchcock de las películas de otros). El dúo también está en campaña para que se complete la edición de The Other Side of the Wind la última producción de Orson Welles, el mentor de Peter Bogdanovich, por supuesto.