Dorothea Lange: La imagen trágica del Imperio.

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La fotografía debe ser un acto de amor.
Dorothea Lange

Nada podía presagiar que de la mélange entre la profunda crisis económica y la sequía con reminiscencias bíblicas que asolaron a los Estados Unidos entre 1929 y 1930, podría emerger uno de los trabajos fotográficos más extraordinarios del siglo XX, el realizado por Dorothea Lange a partir de ser contratada la Administración para la Seguridad Agraria, (Farm Security Administration (FSA)) durante la administración del presidente Franklin Delano Roosevelt, para documentar el drama de miles de campesinos que víctimas de la crisis y la monumental sequía, que derivaron en tormentas de polvo que terminaron por arruinar sus tierras. Los bancos se apoderaron de esas propiedades y los campesinos debieron abandonar sus granjas y salir a los caminos en búsqueda de trabajo.

Para entonces Dorothea Lange trabajaba en su estudio de la ciudad de San Francisco, donde había establecido como retratista. Dorothea Nutzhorn, (cambiaria su apellido paterno por el de su madre Joan Lange, en rechazo por el abandono de su padre Henry cuando ella tenía doce años) había nacido en Hoboken, Nueva Jersey en 1895, a los siete años contrajo poliomielitis, sin tratamientos disponibles por entonces, Dorothea arrastró toda su vida las secuelas de la enfermedad como lo señalaba la característica renguera de su pierna derecha.

Estudió fotografía en la Universidad de Columbia Nueva York, donde fue discípula de Clarence Hudson White, uno de los fundadores junto a Alfred Stieglitz, y otros importantes fotógrafos del movimiento que se conoció como Photo-secession, unos de los primeros que contrasta a la fotografía mecánica puramente técnica con la que reclamaba una visión artística que rompa las normas impuestas por las académicas, exigiendo a los fotógrafos una visión particular y personal del mundo.

Después de pasar como aprendiz en diferentes estudios de Nueva York, en 1918 se instala en la ciudad de San Francisco donde sería asistente del alemán Arnold Genthe, por quién fue influenciada en sus técnicas como retratista. Al año siguiente inauguró su propio estudio de retrato con un notable éxito.
Ya establecida muy próxima a la bahía de Berkeley, lugar en el que viviría el resto de su vida, se casó en 1920 con el pintor Maynard Dixon, con quién además de compartir dos hijos, (Daniel 1925, y John 1928) compartieron un mismo sentimiento político, quizás Dixon, que además de ser el gran pintor del mítico Oeste Americano, también plasmó en su pintura los graves conflictos sociales que se desarrollaban a partir la Depresión de 1929, y sin duda ha sido para Dorothea una gran influencia a la hora de su trabajo para la Farm Security Administration.

Por aquellos tiempos Dorothea viajaba regularmente a Taos, México donde conocería a Paul Strand, otra de sus grandes influencias profesionales, por quien ingresa al Grupo f/64, fundado en California en 1932 bajo la influencia del propio Paul Strand y otros grandes de la fotografía como Ansel Adams, Edward Weston, Imogen Cunningham.
En 1934 realiza su primera exposición en la galería del fotógrafo, y también miembro del Grupo F/64 Willard Van Dike.
Para cuando abandonó su estudio del barrio Berkeley y su carrera como retratista, ya tenía una clara idea de que era lo que quería lograr con su trabajo. Durante varios meses se había dedicado a capturar el drama de los desocupados de San Francisco. Transitó muelles, calles y barrios pobres, ollas populares y manifestaciones obreras con su cámara Graflex para dejar registro de la situación de miles de trabajadores urbanos.
Sin duda fueron estos trabajos los que hicieron decidir a los funcionarios de la FSA, que ella estaba en condiciones de plasmar el drama que más de ciento cincuenta mil campesinos estaba viviendo en los caminos de California. La FSA, al igual que Dorothea contrató a otros importantes equipo de fotógrafos como Walker Evans, entre otros.

La larga marcha de los Okies.

El legendario jueves negro del veinticuatro de octubre de 1929, que arrasaría la Bolsa de Nueva York, no sólo acabaría con infinidad de bancos y empresas, sino que arrastraría a la miseria a millones de norteamericanos. El desempleo trepó en solo un años del 3% en 1929 al 25% en 1933.
Esta situación la sufrieron de manera particular miles deagricultores originarios de Inglaterra, Alemania y países escandinavos que habían llegado pocos años antes en búsqueda del “Sueño Americano”, y establecidos en las grandes praderas, empezaron a trabajar sus tierras en los estados de Oklahoma, Kansas y Tejas. Estos inmigrantes además de sufrir las consecuencias del pavoroso crack bursátil, a partir de 1931 habían comenzado a sufrir una prolongada sequía que iba a derivar en portentosas tormentas de polvo o dust bowl, que terminaría sepultado sus tierras bajo toneladas de finas capas de polvo, convirtiendo en imposible cualquier intento productivo. Las talas indiscriminadas de bosques convirtieron en desierto las verdes regiones del Medio Oeste, el viento comenzó a llevarse las capas fértiles de los campos y ese polvo terminó por ahogar toda vegetación. En 1934 una definitiva y espesa nube de polvo arrasó con los cultivos del oeste de Texas, Oklahoma y Kansas.

Se estima en unos ciento cincuenta mil personas, que tras perder sus propiedades a manos de los bancos y prestamistas tuvieron que abordar, con lo que salvaron del naufragio, la ruta 66 rumbo a la siempre rica California, donde, se decía, se necesitaban miles de trabajadores para levantar sus cosechas frutales. Miles de ilusionados campesinos marcharon entonces a buscar trabajo a diferentes lugares de California como el valle exterior, cerca de Salinas, Watsonville y Santa Clara donde esperaban sembradíos de lechugas, coliflores, manzanas, ciruelas y duraznos; al igual que en el norte de San Francisco uvas; o el valle de Sacramento que se necesitan masas de trabajadores para sus espárragos, nueces, duraznos y ciruelas. A pesar de que se precisaba miles de trabajadores igual fueron despreciados y mal tratados, quizás por parecerse demasiado a los dueños de esos campos. Fue en eso momento que estos campesinos recibieron peyorativamente el apodo de Okies, por provenir fundamentalmente de Oklahoma.

Los Okies del Medio Oeste, fueron los protagonistas de una de las historias más trágicas del racismo norteamericano. Estigmatizados hasta el hartazgo, fueron acusados de ladrones, promiscuos, ignorantes o simples bestias de carga, se los despreció y maltrató impunemente. Sus vidas eran un sobrante de la crisis y nadie parecía dispuesto a tenderles ayuda. En California no tardaron en considerarlos una clase similar a los dalit o intocables de la India y son muchos los que fueron asesinados sin motivos.

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Entre 1935 y 1939 Lange transitaría con los migrantes, los caminos del Valle Central de California en busca de trabajo, obteniendo imágenes que perturbarían para siempre en el inconsciente colectivo del pueblo norteamericano, y que siguen siendo las primeras en emerger cuando se habla de miseria.

Lange se sumergió en lo más profundo de las “Okievilles” los barrios improvisados con cartón, chapa y madera, en que los migrantes trataban vanamente de construir un remedo de los hogares perdidos. En cada disparo Dorothea buscó plasmar una historia y una denuncia que se sigue prolongando en el tiempo.
Sin duda Lange ha utilizado toda su técnica como retratista a la hora disparar capturando toda la fuerza en los rostros y gestos de eso desangelados.

En diciembre de 1935, se divorció de Dixon y se casó con Paul Schuster Taylor, un economista de izquierda, profesor en la Universidad de Berkeley, con quién registraron la pobreza y explotación rural desde 1935 a 1939, con el fin de atraer la atención de la situación que se estaba dando en California, enviaron gratuitamente su trabajo a todos los periódicos de todo el país.

Trabajos que se terminaron convirtiendo en iconos insoslayables a la hora de pensar aquellos años. Con Taylor editan el libro A American Exodus, A Record of Human Erosion, textos y fotografía que analizan el fenómeno de la migración motivada por la depresión económica.

De su trabajo Entre los cientos de tomas consigue capturar la fotografía que será sin duda la más reproducida de todas ellas “Madre Migrante”, tomada a Florence Owens Thompson y sus tres hijos en 1936, y donde refleja la intensa mirada que parece absorber toda la atención del observador y lanzarlo al mismo futuro incierto que ella esta viendo llegar.

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Este retrato, que si bien resalta entre los otros por su expresividad y contundencia, no deja por detrás al resto de la serie cada uno con una semántica violenta, que no se disimula, más allá de la plasticidad de las imágenes, porque más allá de que Dorothea era una mujer absolutamente consustanciada con la causa de los Okies, no puede negar su matriz de artista y en la eterna disputa del mensaje y la estética ella no renuncia, no puede hacerlo, a ninguno de los dos.
En cada toma Lange dignifica clara, concisamente a sus retratados su rol de víctimas, no los aleja de la vergüenza, ni de la decencia. Su mirada escapa de cualquier tipo de sensiblería, sin duda cada encuadre surge de un profundo sentimiento humano y de una conciencia social. No en vano en su tarjeta de visita debajo de su nombre constaba “Fotógrafa del Pueblo”.

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A Lange le tocó también trabajar sobre los campos de concentración en que japoneses-americanos fueron internados durante la Segunda Guerra Mundial, en otro intento de llevar esa realidad al conocimiento público. Esta serie de fotográfica fue confiscada por los mandos del Ejército, por más de veinte años ese trabajo fue no solo ocultado al público sino a la propia Lange, quien no había podido guardar ningún negativo, mucho material de ese trabajo se ha perdido definitivamente.
La obra de Dorothea Lange, sin duda ha quedado en la gran historia de la fotografía mundial, ella murió en 1965 en su ciudad de adopción San Francisco.
Coincidencias
Aunque el escritor norteamericano y premio Nobel de literatura 1962, y John Steinbeck y Dorothea Lange recorrieron el camino de los Okies, no lo hicieron al mismo tiempo, Steinbeck, casualmente también recolector agrícola en su niñez, lo había hecho para el diario The San Francisco News en el verano de 1936, donde publicó entre el cinco de octubre y el doce de octubre de ese año, una serie de siete artículos sobre la emigración a California de los granjeros del Medio Oeste arruinados por una sequía. Sin duda esta experiencia fue lo que cimentó sus dos novelas De ratones y hombres (Of Mice and Men) de 1937 y Viñas de Ira (The Grapes of Wrat) de 1939 y la que John Ford llevaría al cine en 1940, sin dudas ni Steinbeck, ni Ford hubiera podido recrear sus obras sin la asistencia de las fotografías de Dorothea, que han conseguido enraizarse en ese drama, como una fuente fundamental para quien quiera estudiar ese fenómeno.
Con el título de “Los vagabundos de la cosecha” (The harvest gypsies), se publicaron los artículos de Steinbeck, junto a muchas de las fotografías de Dorothea Lange.
Steinbeck, premio Pulitzer y Premio Nobel, escribiría más adelante, en 1947, otro libro acompañado por otro gran fotógrafo, nada menos que Robert Capa, en un largo viaje por la Unión Soviética todavía con una Segunda Guerra Mundial muy cercana, se llamó Diario de Rusia, pero esa ya es otra historia.