Pobre mariposa, Mónica Soave

0
24

Historias de mujeres que escriben, que sufren por amor, que luchan por conseguir eso que alguna vez soñaron: Pobre mariposa de Mónica Soave es una novela que, básicamente, se organiza alrededor de dos ejes: la escritura y el amor/desamor.

“Todas las penas pueden soportarse si están dentro de una historia o se cuenta una historia acerca de ellas”: esta cita de Isak Dinesen –que viene a corroborar lo que ya está en el epígrafe de Javier Marías? justifica, de alguna manera, el libro. Lara, en Buenos Aires, en el 2000, recibe el mandato de Celina para seleccionar material de su propio diario íntimo, del de su madre y el de su abuela: Remedios y Estela. El propósito es ver qué se puede recopilar para unos cuentos en los que también están presentes las otras mujeres de la familia: Teresa, Delfina, Victoria, por mencionar algunas. Todas ellas son “desafinadas, desatinadas, desamparadas, desdichadas, desmembradas y deslucidas” y se reconocen así, en gran parte, por su relación con los hombres que en el fondo no son tan diferentes: “desvalidos, desdibujados, deshechos”. Son hombres y mujeres definidos a partir de la carencia, de la falta de amor, de sueños no cumplidos, de la privación, del estar fuera de algo.

Estos diarios, además, recorren varios años de la historia argentina desde 1883 hasta el 2000. El afuera, entonces, se hace presente desde la mención de hechos o de personajes puntuales, hasta la referencia a costumbres o a diferentes manifestaciones de la cultura: la Semana trágica, la llegada del cometa Halley, el Che Guevara, Perón, las guerras mundiales, la dictadura militar; la música de Gardel y Razzano, de Eydie Gormé y el Trío los Panchos, de Jairo; las Academias Pitman, las revistas que se leían en cada época, solo por mencionar algo del entramado histórico, social y cultural que ofrece la novela, aunque no como un mero marco en el que transitan los personajes, sino como otra manera de caracterizarlos, de exponer sus sentimientos, sus duelos personales, sus ilusiones, sus creencias.

Todo lo anterior es suficiente para disfrutar la lectura de la novela de Soave, aunque hay más; ella también se muestra dueña de un estilo muy particular, en el que se destacan, por ejemplo, sus excelentes descripciones: “Había una casa en un primer piso de una calle con adoquines, casi perdida en San Fernando. (…) Había un balcón en esa casa blanca, postigos de madera y un patio en el fondo con baldosas coloradas (…) Había una parrilla donde aprendieron a hacer asado criollo y pollo a las brasas. Había tres habitaciones con unos hogares de piedra solo de adorno y las paredes pintadas de celeste en los cuartos y una despensa de madera oscura y, de nuevo, como en la infancia, el olor a kerosene de las estufas”.

Por último, una mención al título. Pobre mariposa es un tema de 1916 que cantó por acá Libertad Lamarque. En la novela, la “pobre mariposa” es Teresa a la que “le cortaron las alas”. Esta canción habla de eso y se constituye en una síntesis de lo que les pasa a todas las mujeres que atraviesan el libro: “Quieres llegar, pobre mariposa, / hacia la luz con tus alas rotas / cansada ya de volar / noche tras noche al azar / camino ciego y fatal / triste de ti”.

Al comienzo hablamos de los ejes de la novela, pero podemos agregar algo más: este texto de Soave es, en suma, una metáfora de la lectura: leer es asignar significados y es encontrar en la propia lectura –por qué no? un camino de conocimiento personal.

Ficha técnica

Pobre mariposa, Mónica Soave, Umbrales Ediciones, 2015, 178 págs.