El centésimo mono

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“Las personas le temen a la magia por las mismas razones que le temen a la muerte”. Así, con esa frase, empieza El centésimo mono, un recorrido por los bordes del misterio. Digo “bordes” y no “centro” porque quizás el misterio no se puede atravesar sin morir. En ese camino se pone en juego el autoconocimiento, la precepción del propio ser, de la propia existencia, con sus miserias, su patetismo y sus tortuosas preguntas. Un mago se enfrenta a sí mismo. Tres magos, en realidad, pero que pueden ser uno solo, unidos no sólo por una teoría científica sino también por la ilusión, por una especie de “esencia mágica”.

¿Dónde transcurre esta historia? A simple vista se nos presenta  una puerta, la puerta de la habitación 33. Puede ser hotel u hospital. Las dos cosas o ninguna. El espacio juega así en una dimensión onírica cuya indefinición nos obligará a aceptar el efecto mágico sin demasiados cuestionamientos porque no tenemos tiempo (no se nos da), porque la atmósfera del espectáculo nos arrastrará al encantamiento, al hechizo pero también a la reflexión.

En medio del vértigo, de una sucesión de escenas (algunas cómicas, otras más oscuras, todas cargadas de encanto) estratégicamente concatenadas, aparece la espera como pulso de la trama: un mago-tres magos esperan el comienzo de un show que se dilata al infinito, esperan el fin de una intervención quirúrgica. No sabemos cuánto tiempo pasa porque el tiempo (y ya dijimos que también el espacio) tiene otra densidad pero ese lapso le sirve (les sirve) para revisar su existencia, los miedos y las complicaciones de su oficio. Nos damos cuenta de que un mago nunca deja de ser mago y de que un espectador nunca deja de ser espectador. Por eso, cada uno de nosotros conectará con la obra desde alguna zona lúdica, del pensamiento, de la belleza poética, del pleno disfrute o todas a la vez.

Magia y teatro. Osqui Guzmán logra combinar ambos universos y lo hace con riesgo y originalidad, guiando con destreza a los actores-magos por los caminos sinuosos del misterio y del sortilegio.

Magia y teatro. Esconden el truco, perdón, el efecto y muestran el procedimiento, los hilos de la escena. Entre lo evidente y lo velado, entre el ser (mago) y la nada, El centésimo mono, que transita su quinta temporada, nos dice que allá en el fondo está la muerte pero que, mientras tanto, la vida puede ser ilusión y poesía.

 

Ficha técnica

Elenco: Marcelo Goobar, Pablo Kusnetzoff, Emanuel Zaldua Diseño de escenografía y vestuario: Gabriela A. Fernández Diseño de iluminación: Adrián Cintioli Composición y producción musical: Tomás Rodríguez Asistencia de escenografía y vestuario: Estefanía Bonessa Realización de vestuario: Patricio Delgado Realización de escenografía: Miguel Yanson Músicos colaboradores: Germán Ancillotti, Karina K, Mariano Gora, Pablo Zepol Fotografía: Nahuel Berger Diseño: Trineo Comunicación Prensa: Débora Lachter Asistencia de escena: Yamil Zeid, Mariana Salinas Producción ejecutiva: Suky Martínez Asistencia de dirección: Juan Manuel Wolcoff Dramaturgia y dirección: Osqui Guzmán Funciones: Sábados a las 20 hs, La Carpintería Teatro, Jean Jaures 858, CABA.