“El teatro es equipo, es trabajo, es hacer”, Juan Damián Benítez

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Todos los viernes a las 22.30 en La Clac (Avenida de Mayo 1158), Juan Damián Benítez dirige y actúa su propia obra El perfume de mamá, la historia de dos hermanas, Carmen e Irma, que residen en un pequeño departamento, junto a su madre doña Aurelia.

En una entrevista con Leedor, Juan nos cuenta sobre su obra, lo que deriva en una interesante charla sobre sus comienzos, el teatro en general y la movida teatral en Buenos Aires.

¿Cuál es el origen de tu escritura y particularmente de dónde surge El perfume de mamá?

Lo hago desde chico; me gustaba jugar a escribir nuevos finales a los cuentos, a sumar personajes a las historias, a cambiar los roles, las acciones, hasta que tuve el valor de soltar las historias de los demás y empezar a narrar las mías, y así crear mundos. Escribir es una forma de dar vida, de construir realidades, la ficción es un espacio lleno de libertad. Es un juego donde como autor puedo hablar sobre lo que vivo, sueño, temo, amo, admiro, busco…, sobre lo que sea. Todo está permitido. El papel es infinito, la hoja en blanco es un espacio sin límites.
El perfume de mamá nació del deseo de volver a actuar; quería volver a sentir el placer y la obligación que trae enfrentar un personaje. Primero imaginé dos hermanas, luego un vínculo, les puse nombre; las peleas y los recuerdos nacieron solos, cada una tenía una carga que merecía ser expresada en palabras y acciones. Carmen e Irma se volvieron inseparables para mí, y la historia es el marco en el cual están encerradas, obligadas a ser lo que son, solo si la otra está presente: un dúo inseparable. Quería poder escribir algo que permita jugar en escena y a la vez que tenga una carga dramática fuerte por lo que cada encierra en sí mismo. A primera vista parecen dos señoras que solo pelean, luego descubren que se necesitan, y que la única forma de no estar solas es seguir una con la otra, siempre.

Perfume

¿Qué temas te interesa abordar en tus obras?

Tengo una mirada muy amplia, no me encierro en un tema o a un tipo de teatro. Obras ejecutadas tengo unas pocas, y muchas en mi computadora que esperan que llegue el día de salir a escena. Me gustan las obras con humor, con picardía, donde está presente el juego. Me gustan las obras con drama, con emoción; las obras cortas, las rebuscadas; me gustan las que tienen poesía y las que son literales; me gustan los textos con mucha carga que se tocan de modo liviano o no. Mi gran tema es lo lúdico. Trato de construir un espacio donde el actor quiera transitar la propuesta de la obra, es como construir calles que generen el deseo de recorrerlas. No tengo un tema único, en esta etapa lo bueno es poder probar cosas, ver estilos, puntos de vistas, contradecirme a mí mismo es lo más divertido de escribir. En cada una de mis obras, encierro una idea mía, una opinión personal, una crítica, un consejo, una mirada del mundo, un deseo, un dolor. En todas mis obras estoy yo.

¿Esto de escribir, dirigir y actuar surgió de casualidad o considerás que tiene alguna ventaja y, por lo tanto, fue algo pensado desde que concebiste la idea de la obra?

En El perfume de mamá fue una mezcla; la escribí para mí, pero luego solo quería dirigirla, pero como hubo situaciones que dificultaron a los intérpretes poder llevar a cabo el proyecto, termine actuando en la obra. Fue una casualidad, que tiene sus ventajas y sus dificultades. Por un lado, lo bueno es que conozco el material y puedo ir a lo que quiero del personaje de un modo más directo. Y lo malo es que debo tener una mirada más abierta, más objetiva sobre mi trabajo; estar en la escena y ver la escena es sumamente complicado, por no decir imposible. Por eso hago mucho trabajo de mesa, de diálogo entre mi compañero y el equipo, hago una puesta base y sobre eso luego jugamos, y luego fijamos, para volver a romperla, para volver a armarla y ya fijar definitivamente cada parte. Y como necesito una mirara de afuera invito colegas y les digo lo que quiero lograr, lo que busco, lo que pretendo, y actuó para ellos, y cada uno me da su devolución y me dice si algo de lo pretendido está en escena o no. Y trabajo para poder lograr la imagen poética que tengo en mi cabeza. Ser director, actor y autor, es una trinidad que divierte pero debe ser tomada con la mayor objetividad posible para que el ego no interfiera.

¿Te sentís más cómodo dentro de la comedia que en un texto más dramático?

Me siento cómodo en los dos. Ahora estaba deseoso de hacer comedia, y debo decir que me siento muy a gusto en este personaje, pero me interesaría poder trabajar textos más oscuros, más densos, no porque esta obra no los tenga, ya que la carga y el pasado de cada personaje son muy fuertes, pero me gustaría encarar una obra desde otro punto de partida, y me sentiría tan cómodo como en esta. Son momentos. Hoy apunto a la risa desde un humor negro y con elementos del genero under de los años 90. Apunto al delirio en la escena y a personajes bien caracterizados.

Relacionado con lo anterior, ¿qué autores de comedia tenés como modelos?

Algunos que me vienen rápido a la cabeza son Roberto Fontanarrosa, Roberto Cossa, el grupo Los Macocos, Enrique Pinti, Antonio Gasalla, las obras del trio que componían Tortonese, Urdapilleta y Batato Barea, Pepe Cibrián Campoy… Cada uno tiene algo que marcó mi estilo, soy un poco de cada uno, pero al ser mi mirada sobre su mirada, deja de ser la suya para ser la mía. Reconozco que fueron mis modelos, mis guías, mis referentes, hasta mi ideal, pero hoy puedo decir que son mis mejores momentos; cada historia de ellos me llena de imágenes, y puedo, gracias a ellos, crear mis relatos. Aprendí de cada uno muchas cosas que me gustan y me sirven, y que decido llevarlas a escena no del mismo modo, las muestro por medio de mis palabras y mi mirada. Fueron y serán mis referentes, pero debo ser fiel a mi deseo como autor, a mis relatos, quizás por eso no tengo un estilo amplio. Fue tan rica mi adolescencia con ellos que hoy estoy nutrido por tan bellas palabras, por sus roles, por sus estéticas e historias.

¿Cómo influye tu praxis en la comedia musical a la hora de pensar una obra?

En el teatro ciertos elementos están en la obra sea o no sea musical; el género de la comedia musical tiene muchos elementos que deben trabajar en equipo para lograr la integración, pero el teatro que no es musical también los tiene de alguna medida. Quizás no se canta, pero las palabras hacen música, quizás no hay temas, pero las cortinas y climas pintan las escenas, quizás no hay bailes coreográficos de destreza, pero hay marcas, señales, movimientos definidos. En mi cabeza todo tiene música, y esta obra pide un tiempo especial, cambios de dinámica, cambios de dirección, manejo del espacio. Todos los elementos que uno podría encontrar en una coreografía están en mi obra, porque me cuesta mucho desprenderme de mi coreógrafo interno, pero a la vez no quiero hacerlo; el teatro también es bailar. Las hermanas Moreiro bailan en dúo la más delirante historia que imaginen, van del amor al odio en un segundo. Se siguen, se miran, se acompañan; el living es la pista de baile, y la música es construida por mi texto y las risas. Por más que no tenga canciones como una típica comedia musical, por más que no existan bailes en la obra, todos los elementos que aprendí del género están aquí. Tranquilamente, las cosas se pueden decir hablando o cantando. Qué tonto desterrar una cosa de la otra, las bases son las mismas; el actor, el intérprete, y la decisión del autor o del director en cómo contar el cuentito es lo que cambia… Que sea una comedia de texto y no musical solo es una decisión personal mía, tranquilamente las emociones podrían ser contadas con música. Alguien es quien pone los límites, las bases, para mí, son las mismas, las herramientas son del teatro en sí. Hay “un” teatro, lo demás son decisiones, puntos de vistas, gustos. Quizás sea mi error pensar así, pero es lo que siento.

¿Qué podrías decir acerca de la movida teatral en Buenos Aires?

Que está viva. Uno mira las agendas culturales y están llenas de obras, en el Facebook me aparecen decenas de invitaciones a eventos de obras del off, del under, o como quieran etiquetarlas, no importa la categoría… Comedia musicales, obras de danza, expresión corporal, intervenciones en espacios no convencionales, obras cortas, grandes desafíos con grandes elencos, versiones libres, creaciones propias, trabajos de grupos colectivos, varietés, stand up, muestra de monólogos, payasos, magos, show de variedades, transformismo, show de baile, tragedias antiguas, Lorca en la versión que más te guste, homenajes a autores, traducciones de obras, de todo y para todos, eso es lo que demuestra que el teatro vive. Hay obras muy buenas que por falta de inversores solo hacen cuatro u ocho funciones; existen muy buenos trabajos, pero lo importante no es hacer una o mil presentaciones, sino hacer; si esperamos que nos llamen para hacer una supertemporada, lamentablemente en estos tiempos no es tan fácil. Antes tampoco lo era, pero esa gente sabía que la autogestión era una de las herramientas más importantes, y siento que quizás hoy, y ojalá me equivoque, una parte de la nueva camada de actores esperan ser convocados o tener un golpe de suerte, que es posible, pero tenemos que volver a lo que es el teatro: el teatro es equipo, es trabajo, es hacer.
La movida teatral es muy rica y nosotros debemos apoyarnos entre todos, ir al teatro debe ser parte de un bello hábito, y cada uno de los que amamos esto tenemos que ser pioneros en difundir y compartir nuestro trabajo, y el de los otros. Todos somos diferentes espectáculos, pero todos somos teatro. Vamos a pasar, vamos a ser un elenco o una obra más, y el teatro argentino va a seguir luchando por estar, los actores seguirán remando por hacer. Depende de nosotros dar lo mejor para que el teatro viva cada día más, y no solo sean vistas las obras que están dentro del circuito comercial. Hay mucho más para ver, es genial ver el brillo, las figuras, los decorados, las obras de afuera, pero hay más, hay que ver, buscar, no conformarnos con lo mismo o solo con lo que la prensa te dice; quizás un crítico puede matar una obra pero tal vez en vos la obra deja un mensaje, una reflexión o simplemente te robe una sonrisa. Sea cual sea el resultado no necesitas de un crítico para ir o no ir a ver una obra. Confiar en la nueva generación de autores, directores y actores es muy importante, es confiar en la nueva movida. Es un modo en el cual todos hacemos teatro.