Educación en valores cinematográficos

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El valor de la formación de nuevos artistas siempre ha sido un tema candente entre los que creen que la academia es la madre nutricia de las artes y aquellos que confían en el libre albedrio, en la ausencia de métodos para la creación.

El defensor de lo académico confía el surgimiento de nuevos creadores a la disciplina y la pedagogía de maestros que implanten en esos cerebros la historia, la tradición de los artistas de las generaciones anteriores, para que continúen la senda del éxito y el reconocimiento.

En la acera de enfrente se sitúan aquellos pensadores que creen en técnicas de aprendizaje menos rígidas, dejando a la vista de la oruga una diversidad de oportunidades para que esta elija las visiones más cercanas a su sensibilidad.

Las dos vías pueden convivir si apaciguan los aires extremistas de sus posiciones que conducen a la confusión, al anquilosamiento y a una calle sin fin. Goya afirmaba que los sueños de la razón producen monstruos, pero la pesadilla del desvarío crea unos seres inimaginables y grotescos.

La educación artística se inclina en estos momentos hacia la inclusión de los avances de la tecnología digital que ha desdibujado los límites, expandiendo los conocimientos de forma nunca vista y dejando perplejo a más de un docente.

Los cuestionamientos que se hacen al cine actual, rico en los juegos de imágenes, en los efectos y en todo aquello que llame la atención, relegando lo analítico a las oscuridades del Averno, tienen su razón de ser en las deficiencias antes señaladas, que tanto los cineastas como los espectadores reciben en los centros formativos.

El alumno puede decodificar técnicamente una imagen, pero se verá en serios aprietos para definir sus significados, y mucho menos transmitir un mensaje coherente a la masa de espectadores que años más tarde pondremos en sus manos para entretenerlos, y en un alarde de optimismo sin base, proveerles algún contenido, alguna idea.

Si bien es cierto que la enseñanza superior ha actualizado su base tecnológica y pedagógica, olvidamos que a estas alturas los centros educativos de primaria y secundaria arrastran la pesada cadena de la era analógica en pleno despertar digital.

No tan solo formamos técnicos con lagunas analíticas de base, que en ciertos casos la universidad subsana, y en otros, lanza como engendros de Frankenstein a la industria cinematográfica, motivo de escarnio aun para los más desalmados mercachifles.

Se sigue olvidando que unos hacen las películas y otros las ven, que se necesita formación para construirlas, pero también para verlas, por lo tanto, excluimos al destinatario del mensaje, error imperdonable y costoso.

El perjuicio de un espectador hundido en la oscuridad de la ignorancia, que procura peliculejas cómicas y telenovelas en pantalla grande, gustoso del chiste de sal gruesa, de las películas híper-violentas, de actitudes machistas y anti-cívicas, esa es la antesala del comportamiento anti-social que tanto criticamos y tememos.

Porque si no nos habíamos dado cuenta, esos descuidos en los estamentos básicos de la educación perjudican al cine, lo empobrecen y anulan su función ante el publico de difusor de los valores más altos de la humanidad. Atentan contra la paz y la estabilidad social, esa que echamos de menos cuando asoman sus narices el crimen o el desorden, perturbando nuestra tranquilidad.

Las dos líneas de formación se pueden observar muy claramente en filmes como Whiplash (2014), en donde un joven músico se encuentra con el estilo dictatorial de su instructor. Otro ejemplo reciente es el de Conducta (2014), aquí un niño que ha crecido en un ambiente de drogas, violencia y marginalidad, establece una especial relación con su maestra, una educadora que trata de apaciguar la conducta del niño Chala, interpretado acertadamente por Armando Valdez Freyre en esta destacada película cubana .

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En La Sociedad de los Poetas Muertos (1989), Robin Williams les cambia la existencia a sus alumnos con sus clases de literatura, el comportamiento que sigue en sus relaciones con ellos o con las autoridades de la vetusta y clasista institución. Aquí el maestro juega el rol de facilitador, de compañero de camino para que el estudiante se empape de los contenidos, creando un ambiente de libertad creativa.

Las claves de la educación inclusiva en todos los ambientes, incluyendo al cine, es tomar en cuenta los intereses del alumno, saber que desea, que sueña o que piensa. Lo demás es caer en un juego adivinatorio con los resultados que ya conocemos.

El proyecto Cine para Todos, iniciado con el apoyo del Ministerio de Cultura, busca capacitar a los estudiantes de nuestros liceos y escuelas en las técnicas de producción y realización de cine con un formato práctico. Se enfoca en la tarea de instruir, construyendo contenidos, analizando y empoderando a los futuros protagonistas de los conocimientos necesarios para iniciar sus andaduras en el mundo de las imágenes en movimiento.

Estos talleres temáticos abarcarán todos los elementos imprescindibles para realizar en sus inicios trabajos cinematográficos en pequeña escala, es decir cortos. Se instruirá a estos jóvenes en producción, dirección, guión y todos los apartados técnicos necesarios en la hechura de un film corto, aspirando que terminen en el objetivo deseado a la larga: la realización de largometrajes.

Educar desde los niveles iníciales es una sólida inversión en la creación de jóvenes valores para la industria cinematográfica. Es el semillero de donde saldrán los nuevos realizadores y espectadores que realicen y vean otro tipo de cine, que miren la pantalla con escrutadora exigencia.

Al amparo de las nuevas tecnologías, los maestros deben modificar los contenidos para comunicarse de manera efectiva, dejando atrás métodos autoritarios, elitistas y cerrados. Las aulas deben transformarse en productoras de contenidos audiovisuales, dotando a los jóvenes de herramientas analíticas para poder entender y transmitir los contenidos con propiedad.

 

El cine y la educación caminan juntos para construir el ciudadano del futuro, un ente interactivo productor y espectador de contenidos en las nuevas realidades que nos proveerá la ficción.

 

 

 

 

 

 

Nota publicada el 15 de mayo de 2015, en La Vanguardia del Pueblo