Wes Anderson y su nuevo diseño, el Bar Luce en Milán

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Sacá tus mejores sombreros, sí, el ushanka y el gorro de lana con la insignia de tu grupo; el abrigo de piel (no preguntes); esa vincha para la transpiración que siempre está de más y tus mejores anteojos de sol; tus zapatos hechos a medida; las mejores prendas y artefactos que lleven tus iniciales. Combiná todo en una paleta de colores específica y con algo de sensibilidad por las figuras geométricas mientras estás en eso, por favor. Juntá a esos enemigos ocasionales que llamas amigos y familia y hace que se vistan todos iguales. También trae un elemento punzante, en caso de que tengas que traicionar a alguien. Vestíte como si tu vanidad hubiera llegado a términos con el gusto de todos los demás, vestíte como si el mundo fuera casi mágico, casi surrealista, y viajá a Italia, Milán, porque Wes Anderson diseñó el nuevo Bar Luce y acaba de abrir sus puertas hace una semana.

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Los escenarios del fantástico mundo de Wes Anderson tienden a ser una reconstrucción de un estado de ánimo autoconsciente en la forma de una moda, que cada vez se hace más andersoniana. El diseño del Bar Luce fue realizado para la Fundación Prada, es una combinación de la cultura pop de las décadas del 50 y los 60 en Italia, que el director ya había trabajado en su cortometraje Castello Cavalcanti. Anderson reconoce que serviría como un buen set de filmación, pero prefiere imaginarlo como el lugar donde alguien se sienta a escribir.

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Cuando a Wes Anderson le toca hablar de su estilo, después de la pregunta obligada de algún crítico de cine que hacía tiempo no estaba en contacto con su gusto por lo refinado y lo simétrico y ahora empieza a tener una especie de affaire con el asunto, el director mantiene los pies en la tierra e intenta no ser misterioso. Disuelve el ataque de cada pregunta que exige una definición o justificación sobre su trabajo mencionando los directores que lo inspiran y a los que abiertamente reconoce haberles “robado” -Polanski, Kubrick, Ashby, Scorsese- como si nosotros pudiéramos ver exactamente la relación tal como él la percibe. Como si sus películas fueran el resultado de un bricolaje y no la obra del meticuloso constructor, culto y creativo, que es, dotado de una imaginación que pone de revés ese título en Filosofía que tiene por la Universidad de Texas en Austin.

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Los clientes del Bar Luce ni siquiera van a tener que simular resistirse a la tentación de hacer una entrada en slow motion con una banda sonora en sus cabezas. Están invitados a hacerlo.

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El Bar Luce podra ser el sitio de citas llenas de un dialogo lacónico que se detiene justo antes de revelar sus intenciones o su trasfondo filosófico. Reacciones imprevistas, elecciones de actitud basadas completamente en un estado de ánimo, quiebres de una mente adulta llena de prejuicios que señala justo aquello que quien se sienta enfrente quiere ocultar. Una Franny Glass (la creadora del atuendo de Margot Tenenbaum) no pudiendo seguir con una conversación superficial que pretende no serlo y que empieza a cuestionar el estado de las cosas a un novio que no sabe bien porque es su pareja, en la historia de J. D. Salinger; en otra clave, Max Fischer (Rushmore) recordando olvidar el nombre del amigo de la mujer que a él le gusta para diferenciarse del candidato aunque solo sea por ser mas inmaduro.

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El robo de algún elemento del bar.

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Usá los colores para canalizar las emociones, y si en algún momento la explosión es inevitable, que sea con apreciación por la elegancia y devoción por correr siempre hacia la salida más lejana.

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