Laurie Anderson: paso fulgurante por Buenos Aires

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Visita ilustre de esta artista singular, original, única, que por tercera vez en diez años viene a la Argentina.
Para la Bienal de Performance tuvo dos actividades publicas: un recital en el Teatro Opera presentando “The Languaje of the Future”, un espectáculo despojado con atriles, teclados, velas en el piso y apenas un sillón de alto respaldo como utilería. Y una entrevista pública, dos días después, en el Parque de la Memoria.

Una pena que en el Opera los tachos de luz tapaban los textos berretas de la traducción y los del superpullman que no sabían ingles se quedaron pagando.

Laurie vestía chaqueta, pantalón y remera negro NY. Su atributo: el tape bow violin, que aquí usó en pocas ocasiones, lo había inventado en 1977. Está hecho con una cinta magnética de audio en el arco en lugar crin de caballo, además de un cabezal magnético en el puente. Las velas me hicieron acordar cuando yo era una niña y me encantaba ir al cine Opera para ver las estrella en su cielo abovedado. Ya no hay mas Laurie las hizo caer al piso, titilantes.

El show se abrió con un relato The Lark, muy Edenico, pájaros volando antes que existiera la tierra. Basado en Aristófanes. Un texto muy gracioso según ella, desopilante que nos recomendó leer. En el teatro no fue gracioso, fue mágico. Una forma de arranque poético que llegó a la culminación estética a través de su voz envolvente, su perfecta dicción, su sentido del ritmo y el relato. Estábamos ante una encantadora de serpientes que nos dejó estupefactos. Language is a virus. Pero no solo “el como” sino lo que decía arrebató al éxtasis, la belleza y el sentido de la historia.

 

graciela

La resumo: el hijo pájaro se pone al padre muerto en la nuca porque no tiene donde enterrarlo. Este es el instante de la creación donde nace la memoria, el comienzo de la humanidad preadánica. Este cuento fue premonitorio de lo que iba a suceder el domingo cuando Laurie dialogó (es una manera de decir) con Pablo Shanton en el Parque de la Memoria, un lugar donde también hay muchos seres que no encontraron su lugar para ser enterrados.

Al cuestionar el término diálogo quiero decir que si bien el critico y periodista hizo muy buenas preguntas, ella jamás respondió literalmente, tampoco cuando el publico le formuló preguntas. Fue a su aire.

Volviendo al Opera, se fueron enhebrando distintas historias, la huida de la Gran Ciudad para refugiarse en un lugar sin tecnología que sin embargo se convierte en un infierno, sus proyectos artísticos contados con mucho sentido del humor. El final, fue un tanto Apocalíptico, pero menos político que el recital de dos años atrás. También hubo una mención a la idea del volver a nacer que tiene como karma los Estados Unidos.

escenario

 

Si la performance tiene al cuerpo como instrumento principal, las cuerdas vocales que, hasta las cambia de sexo, nos atraparon como telas arañas.

En el Parque de la Memoria Laurie fue un antidiva, eternamente juvenil, auténtica y engañosamente sencilla. Dominó absolutamente la escena, la situación, mujer libre hizo lo que quiso y dijo lo que se le dio la gana.

Me hubiera gustado charlar con ella cuando estuvo en el Life show, un programa de televisión del Cable TV de Manhatan conducido performaticamente por El Dr. Videovich, el artista argentino Jaime Davidovich por donde pasaron la creme de la creme de la vanguardia neoyorkina.

En 1998 cuando yo era la curadora del ciclo de Artes Electrónicas del Auditorio del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires programé el CDRom interactivo The Puppet Motel de Laurie, un especie de video. Un compañero del Museo encagado de la guardia del fin de semana había aprendido a navegarlo e ir avanzando en los distintos mundos del relato. Cuando un rato antes del comienzo bajó al Auditorio, el primero que estaba en la fila esperando verlo era León Ferrari.

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