Cristo

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Las representación de Cristo debe ser la imagen más famosa de la historia de las imágenes. Cristo (ese “concepto” clave para la cultura Occidental) y su “imagen” (concepto e imagen como entidades mentales, según lo explican la lingüística y la semiótica) son dos caras de la misma moneda. Se trata, entonces, de un signo: estructura propia del pensamiento y único modo de acesso al conocimiento. “Si se ‘guglea‘ la palabra ‘Cristo’ el buscador muestra cerca de dos millones de resultados”, dice en escena uno de los integrantes de la compañía Teatro de Chile. Y esta afirmación, tan cierta como constatable, es el disparador para reflexionar en torno a la naturaleza de todas las representaciones, sobre todo la que instala la máquina teatral.

Los ancianos de un geriátrico de Curimón -un pueblo chico de Valparaíso- se disponen a celebrar el Vía Crucis y para ello construyen una escenografía de cartón con las imágenes de la Pasión de Cristo. Cristóbal, el coordinador del asilo, quien los ayuda con las marcaciones escénicas, un buen día no aparece y los abuelos deben cargar solos con el dilema de cómo representar el camino de la cruz. Un milagro ocurre durante la representación: la cara de Jesús se revela en la cruz de cartón. Este fenómeno, sin explicación racional y sin precedentes en la zona, despierta en el grupo teatral chileno (en el rol de personajes, a la manera pirandelleana) el entusiasmo por investigar, documentar, registrar y representar aquel suceso (teatro dentro del teatro). Claro que todo este relato (pura ficción) es una excusa para detonar una especulación metalingüística: A sabiendas de que el teatro es una representación y que vivimos atravesados por representaciones, ¿cuál es el vínculo existente entre ellas y aquello a lo que refieren (el mundo, la realidad)?

Así, Cristo se mete de lleno en la discusión teórica, con la que entabla un diálogo: una estrategia recurrente en las obras de Teatro de Chile, dirigidas y escritas por Manuela Infante (aquí Platón, Saussure o Ricouer funcionan perfectamente como intertextos posibles). Como las capas de una cebolla, la representación se muestra en distintos niveles y se ponen en escena los procesos que hacen posible la ficción. ¿Acaso todo es falso? ¿Hasta qué punto la realidad es fija y estable? “No podemos cuestionarlo todo, todo el tiempo”, dice otro personaje, pero eso es exactamente lo que sucede durante los 110 minutos que dura la obra.
Con el uso del cartón como el material de base para la arquitectura del espacio y una iluminación que remite a los claroscuros de Caravaggio, la puesta de Teatro de Chile, que data de 2008 y se presentó en Argentina durante la última edición del FIBA (en 2013), vuelve a Buenos Aires como parte de la programación internacional de CTBA. Los espectadores porteños quedan invitados a ver la propuesta de este grupo que cuenta con más de 10 años de trayectoria, premios varios y recorridos festivaleros (esta obra viajó a Italia, Holanda, Perú y México), que sólo sube a la cartelera por unos pocos días.

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Del jueves 7 al sábado 9, a las 21. Domingo 10 a las 20.
Teatro Sarmiento
Av. Sarmiento 2715
Ficha técnica:
Elenco: Cristian Carvajal, Héctor Morales, Katy Cabezas, Juan Pablo Peragallo
Tramoyas en escena: Daniel Maraboli, Ariel Hermosilla
Trabajo audiovisual: Nicole Senerman
Diseño Integral: ClaudiaYolin, Fernando Briones
Producción: Teatro de Chile, FITAM (Fundación Teatro a Mil)
Autoría: Manuela Infante y Teatro de Chile
Dirección: Manuela Infante