Microrrelatos finalistas del Concurso de Microficción en la Feria del Libro

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El 2 de mayo, de 14 a 21, se realizó en Twitter el Concurso de Microficción en el que participaron más de 600 seguidoresde @ferialibro enviando sus textos inéditos y originales, con la etiqueta #Microficción41. Ayer jueves 7, los jurados Raúl Brasca, Eduardo Gotthelf y Esther Andradi eligieron el microrrelato ganador.

Compartimos los textos finalistas:

Y el día 41, revisando el Arca, la esposa de Noé cayó en la cuenta que el Patriarca odiaba profundamente a los unicornios

Décadas enclaustrado construyendo la máquina del tiempo. Logra encenderla y sale a la calle. ¡El futuro! -grita- ¡Funcionó!

Él coleccionaba sombras durante el día. Pasada la tarde abría sus manos y soltaba la noche.

Sacó todo su dinero del banco y se dispuso a recorrer el mundo. Al día siguiente regresó a casa

Tomó la selfie. En ella se vio, salía radiante. El vampiro nunca había sentido tanto terror.

La disposición de la cebra se presta para un equilibrio mínimo. Desagravia a la llanura.

Otra bruja que destruye mi vida, piensa el abatido príncipe mientras pasea por el parque y espía a los sapos con nostalgia.

Hay que abrir la puerta y entrar. Después hay que tocar la tecla de la luz. Y sentir que sobre la tecla hay otra mano.

“Es terrible el dolor de perder un hijo” dijo él, desconsolado. “Quizás te alivie saber que no era tu hijo”, le dijo ella.

Hoy cumplí 41 años. En la oficina me dijeron “Estás buena todavía”. Me quedé pensando cuanto tiempo es todavía.

El visir mueve el peón a G8 mientras reflexiona que en el único lugar donde un peón llega a coronarse es en el ajedrez.

Plantó cuarenta y un palabras de un microrrelato en una maceta para bonsáis y brotó un haiku.

Se esforzaba tanto por encontrar metáforas de la vida, que jamás vio sus literalidades.

15 cenas, 24 desayunos y 41 almuerzos le llevó convencerla. Hoy ella dijo que sí. Él se sintió cansado y gordo.

Dejé la nota y el arma sobre su mesa de luz, puse el despertador a las 6:41 y partí. Ella sabrá qué hacer al despertar.

“Historias tristes hay muchas. Como ésta, ninguna.” le dirá un abuelo a su nieto el día que revelen el fin del agua potable.

La vida no tenía sentido sin él. Tenemos toda una historia juntos -repetía Caperucita mientas trataba de resucitar al Lobo.

Gustos. A Polifemo nunca le agradó la Ley del Talión.

Despertó en una cama dura, angosta. La oscuridad no dejaba lugar más que para el hambre. Clavó las uñas en la tapa. Empujó.

Abrió la ventana y el mundo le cayó encima. Todavía busca la persiana.