Lunes abierto

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Dejar una fisura, un intersticio en lo que llamamos real y cotidiano para que se filtre lo otro, lo imposible, lo sobrenatural o el pasado (el pasado suele, ante todo, otro, imposible y sobrenatural) puede resultar una apuesta teatralmente arriesgada que puede salir mal si se tienen pretensiones ampulosas o demasiadas ideas sin solución de continuidad. No es lo que pasa en Lunes abierto, que con pocos y acertados elementos, logra abrir un mundo, una puerta a la imaginación y a la poesía.

Todo es juego. Se juega con el tiempo y con las palabras. Las palabras despliegan una carga inusual que las aleja de su funcionalidad cotidiana, una fuerza arrolladora que las dota de cierto poder mágico (magia y palabras no pueden combinarse mejor); el tiempo coquetea entre el futuro deseado y un pasado con heridas sin cerrar que vuelve para generar asombro y sembrar alguna esperanza.

Una peluquería de barrio (esa rareza en peligro de extinción) abre sus puertas un día inusitado. Ese hecho poco frecuente abre también una fisura por donde puede colarse lo fantástico. Eso y una misteriosa lamparita que se apagará para dar lugar a un tiempo otro. Entonces, los apagones no marcarán solamente un cambio de escena sino también un pasaje, un viaje al pasado, al sueño, al recuerdo, al retorno del amor (decida usted).

Es notable como una obra en apariencia tan simple se va enrareciendo, se va llenando de recovecos que hacen vacilar al espectador, de capas por descubrir. La escenografía aporta al misterio: mientras que en el presente todo es más visible y evidente (los espejos nos permiten incluso vernos reflejados en la escena), en el pasado todo resulta más insinuado, velado, sugerido.

Personajes entrañables (entre los que se encuentran una peluquera obsesionada con las palabras, una asistente apocada y silenciosa que esconde un secreto y un joven dispuesto a adelantar el futuro) hacen de un lunes cualquiera, una experiencia lúdica, divertida y poética, un lunes abierto a la magia, a lo inexplicable.

 

Ficha técnica

Actúan: Mónica Raiola, Martín Piroyansky, Emma Rivera, Pía Patruno, Juan Manuel Castiglione. Dramaturgia y dirección: Ignacio Sánchez Mestre. Luces: Brenda Bianco. Vestuario: Mariel Fernández. Diseño de espacio: Estudio Normal. Realización de escenografía: Ariel Vaccaro. Canción: Rosario Ortega. Fotos de la obra: Ignacio Coló. Diseño gráfico: Max Rompo. Producción: María La Greca. Asistencia de dirección: Agustín Scalise. Funciones: sábados a las 21 hs, Beckett Teatro, Guardia Vieja 3556, CABA.