“El humor es un poco enamorarse de nuestra imperfección”, entrevista a Alejandro Lifschitz

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Alejandro Lifschitz es actor, director y dramaturgo. Egresado de la Escuela Municipal de Teatro de Avellaneda, cursó diversos talleres y seminarios de perfeccionamiento con maestros como Ricardo Bartis, Claudio Tolcachir, Alejandro Catalán, Luis Roffman y Antonio Célico. Es el responsable, además, de Fandango Teatro (Luis Viale 108), una nueva sala teatral del circuito independiente que recientemente abrió sus puertas en el barrio de Villa Crespo.

Sos actor, docente, director, dramaturgo, participaste en cine, ¿hay una nueva tendencia de escritores jóvenes que buscan asumir deliberadamente todos estos roles o es solo una cuestión de supervivencia?

En mi caso el camino teatral comenzó desde la actuación y, de alguna manera, una cosa fue llevando a la otra. Dar clases me permitió dejar un trabajo no teatral y dedicarme de lleno a esto. Así descubrí un mundo maravilloso que es el de la docencia, y desde ese lugar comencé a escribir y dirigir. Creo que tiene que ver con decisiones que se van tomando y van armando un camino que, por un lado, permite estar permanentemente conectado con lo teatral, y además otorga una gran libertad a la hora de afrontar proyectos

Relacionado con lo anterior, ¿cuál de todas esas actividades se potenció en contacto con el resto?

Creo que todas se van nutriendo unas de otras. El desafío es tomar lo que potencia de un rol a otro y desechar lo que puede condicionar. Claramente cuando escribo una obra, internamente estoy actuando cada uno de los personajes, por ejemplo.

En Fandango, los viernes a las 21 se puede ver Portarse mal y a las 23, Manos libres –que va por su cuarta temporada?, dos historias en las que conviven los ritos y el humor.

Manos Libres 1

Pasando a Manos libres y Portarse mal, ¿te interesa en tus obras tomar mitos, ritos, verdades de siempre y dar una nueva mirada sobre ellos?

A mí me interesa cuando una pieza teatral se nutre, desde un lugar intuitivo, del sentido común que circula en su época y produce un corrimiento que permite, justamente, poner en crisis algunas verdades, ritos, etc. En el caso de Manos Libres y Portarse Mal, desde procedimientos diferentes se busca producir ese corrimiento.

Portarse mal 2

El humor es uno de esos procedimientos, sin dudas.

Creo que el humor es interesante en cuanto aleja a la pieza de un lugar de solemnidad. Es casi como asumir la condición tercer mundista de nuestro arte. Es un poco enamorarse de nuestra imperfección. Entonces el humor no es el resultado de una sumatoria de gags efectistas, sino que está construido por situaciones en las que, por debajo de la risa, existe un componente trágico que lo vuelve más inquietante.

¿Hay alguna constante en tus puestas?

Quizás tenga que ver con un abordaje desde cierto humor sobre los temas de las obras y el tipo de situaciones que este abordaje produce. De todas maneras, me interesa mucho experimentar nuevas posibilidades, así que me cuesta un poco determinar una constante.

¿De dónde surgieron los personajes de estas dos obras?

El surgimiento de estos personajes ha sido un trabajo en conjunto con las actrices y los actores. Se coordinó una búsqueda de personajes a partir de improvisaciones y, en la medida en que fueron tomando forma, yo fui trabajando con el texto. Es una manera muy interesante de trabajar ya que corre al actor del lugar de mero intérprete y le da la posibilidad de una participación mucho más activa en la creación de los personajes.